The King of Kingdoms: La Corona de Sangre

Capítulo III: EL Santuario de los Once

La revelación del diario de Thamior cayó sobre los aliados de Kael como una piedra arrojada a un estanque en calma. Las ondas se expandieron en todas direcciones, alterando planes, sembrando dudas y despertando viejos temores que muchos creían enterrados. El Santuario de los Once. La Corona de Sangre. El poder antiguo que los Kraxter habían recibido de los dioses y que, según el diario, seguía latente en algún lugar bajo el Templo de los Originales. La idea de que un objeto semejante existiera de verdad —y de que Feron hubiera estado buscándolo— cambiaba todas las reglas del juego.

Kael convocó una reunión de urgencia en la biblioteca de los Rosmar aquella misma noche. No quería hacerlo en el castillo, donde las paredes tenían oídos, ni en el templo, donde la presencia de los originales imponía un protocolo que ralentizaría las decisiones. La residencia de Maelt era el único lugar donde podían hablar con libertad. O al menos, eso esperaban.

—Esto es lo que sabemos —dijo Kael, extendiendo el diario de Thamior sobre la mesa—. La Corona de Sangre está en un lugar llamado el Santuario de los Once, bajo el Templo de los Originales. La entrada está sellada con un sortilegio de sangre que sólo puede romper un descendiente directo de Eryndor, el primer Kraxter. Thamior creía que yo soy ese descendiente. Y Feron también lo creía.

—Por eso te buscaba —dijo Maelt, que examinaba el diario con el ceño fruncido—. No sólo quería matarte por venganza. Quería usar tu sangre para abrir el santuario y reclamar la corona para sí mismo.

—Pero ahora Feron está muerto —objetó Kaedor—. La amenaza inmediata ha desaparecido. ¿Por qué no podemos dejar la corona donde está y olvidarnos del asunto?

—Porque si la corona existe, otros la buscarán —respondió Aren—. Francesca, sin ir más lejos. Los magos renegados de Vortham. Los independentistas elfos. Cualquiera que quiera desafiar el poder de Draxcan. Y si alguno de ellos encuentra la forma de entrar en el santuario sin necesidad de sangre Kraxter...

—Entonces tendremos un problema —completó Lyssara—. Un problema con una corona de poder antiguo capaz de convertir a quien la posea en el legítimo gobernante del reino.

—Exacto —dijo Kael—. Por eso tenemos que llegar nosotros primero. Encontrar la corona y asegurarla. O destruirla, si es posible.

—¿Destruir un objeto creado por los dioses? —Illyana arqueó una ceja—. Eso no será fácil.

—Nada de lo que hemos hecho ha sido fácil. Pero no vamos a rendirnos ahora.

Maelt asintió gravemente.

—De acuerdo. Pero antes de actuar, necesitamos más información. ¿Qué es exactamente el Santuario de los Once? ¿Qué tipo de trampas o protecciones podemos esperar? ¿Y cómo se rompe el sortilegio de sangre?

—Yo puedo investigar eso —dijo Aren—. El diario de Thamior menciona otros documentos: las Actas de la Fundación, los Pergaminos de Eryndor. Están en los archivos del templo, en una sección restringida a la que sólo los originales tienen acceso.

—Entonces necesitamos que Theron nos ayude —dijo Kael—. ¿Confiamos en él?

—Es un original —respondió Maelt—. Su gente ha guardado los secretos de Draxcan durante siglos. Si quería traicionarnos, podría haberlo hecho hace tiempo. Pero no está de más ser cautelosos. Le pediremos los documentos, pero no le diremos para qué los queremos.

—Yo me encargo —dijo Aren—. Iré al templo mañana al amanecer.

—Y mientras tanto —añadió Lyssara—, refuerzo la seguridad del castillo. Si Francesca sabe lo de la corona, intentará detenernos. O peor aún, intentará seguirnos hasta el santuario.

—¿Crees que lo sabe? —preguntó Kael.

—No lo sé. Pero si hay un traidor entre nosotros, como sospechamos, entonces es probable que ya esté al tanto de todo.

Un silencio incómodo se instaló en la sala. Todos se miraron de reojo, midiéndose unos a otros con la suspicacia de quien sabe que el enemigo puede estar más cerca de lo que parece.

—Dejemos eso por ahora —dijo Kael—. No voy a repetir el error de Feron. No voy a sembrar la desconfianza entre nosotros. Si hay un traidor, se delatará solo. Y cuando lo haga, actuaremos.

Los aliados asintieron, pero la duda seguía allí, latente, como una brasa que esperaba la menor ráfaga de viento para avivarse.

Al día siguiente, Kael y Lyssara se reunieron en privado en los aposentos reales. Era la primera vez que hablaban a solas desde la coronación, y el ambiente era extraño. Kael estaba sentado junto a la ventana, contemplando la ciudad que se extendía bajo el sol de la mañana. Lyssara, de pie junto a la puerta, observaba el mapa de los túneles que había extendido sobre la mesa.

—He estado pensando en lo que dijo Theron —dijo Kael—. Sobre el precio de la corona. Sobre sacrificar todo lo que amas.

—Son leyendas. Mitos para asustar a los niños.

—¿Y si no lo son? ¿Y si la corona exige realmente un sacrificio?

—Entonces no la uses. Destrúyela, como dijiste.

—¿Y si no puedo? ¿Y si la corona me elige a mí, como parece que me han elegido los sueños?

Lyssara se giró hacia él.

—Kael, eres el rey. Tú decides tu destino. No un objeto antiguo, ni un sueño, ni una maldición. Tú. Siempre has sido tú.

—Eso espero. Porque a veces siento que ya no soy yo. Que soy una pieza en un tablero que otros diseñaron hace siglos. Eryndor, los Once Originales, los dioses... Todos parecen tener planes para mí. Y yo sólo quiero ser un buen rey.

—Y lo eres. O lo estás siendo. —Lyssara se acercó y se sentó frente a él—. ¿Recuerdas lo que le dijiste al Senado? "No quiero ser rey por ambición. Quiero serlo por justicia." Eso no te lo dictó ningún dios. Eso salió de ti.

—A veces me olvido de mis propias palabras.

—Para eso estoy yo. Para recordártelas.

Kael sonrió. Era una sonrisa cansada, pero genuina.

—Gracias.

—No me las des. Sólo dime cuál es el plan.

—El plan es encontrar la corona antes que nuestros enemigos. Y para eso, necesitamos entrar en el santuario. Aren está investigando los documentos. Tú estás reforzando la seguridad. Y yo... yo voy a seguir teniendo sueños, por lo visto.



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En el texto hay: fantasiaepica, fantasiaoscura, intriga política

Editado: 14.07.2026

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