Kael no volvió a dormir aquella noche. Se quedó sentado en el borde de la cama, contemplando el rostro dormido de Lyssara mientras las palabras de la visión resonaban en su mente como un eco obstinado. "Le arrebataremos lo que más ama." La frase era tan clara, tan precisa, que no dejaba lugar a interpretaciones. El Consejo de las Sombras no quería matarlo a él. Quería destruirlo. Y para destruir a un hombre como Kael Kraxter, no bastaba con arrebatarle el trono o la vida. Había que arrebatarle aquello sin lo cual no podía seguir adelante. Aquello que daba sentido a su lucha, a su reinado, a su existencia misma.
Lyssara.
La observó mientras dormía. A la luz tenue de las brasas de la chimenea, su rostro parecía más joven, más vulnerable. La capitana Rosmar, la guerrera indomable que había sobrevivido a emboscadas, nigromantes y traiciones, era también una mujer que se había entregado a él sin reservas. Y ahora, por culpa de esa entrega, estaba en peligro. Un peligro que Kael no sabía cómo conjurar.
Se levantó con cuidado para no despertarla y se acercó a la ventana. El sol empezaba a despuntar sobre los tejados de Draxcan, tiñendo el cielo de tonos rosados y dorados. La ciudad seguía en pie, maltrecha pero viva. Los obreros ya estaban en sus puestos, reanudando la reconstrucción. La vida continuaba, ajena a las conspiraciones que se tejían en las sombras. Y en algún lugar, al otro lado del mar, el Consejo de las Sombras estaba planeando el golpe definitivo.
—¿No puedes dormir? —La voz de Lyssara lo sobresaltó. Se había despertado y lo observaba desde la cama, apoyada en un codo.
—He tenido otra visión. La corona me ha mostrado algo.
—¿Algo bueno o algo malo?
—Malo. Muy malo. —Kael se apartó de la ventana y se sentó junto a ella—. He visto la Torre del Alba. He visto al Consejo de las Sombras. Y he oído a Francesca decir algo sobre un plan para destruirme.
—Eso ya lo sabíamos. Francesca lleva meses intentando destruirte.
—No. Esta vez es diferente. Esta vez no quieren matarme a mí. Quieren arrebatarme lo que más amo. —Kael la miró fijamente—. Quieren hacerte daño, Lyssara. Tú eres el objetivo.
Lyssara parpadeó. Por un instante, su rostro reflejó una sombra de inquietud. Pero se recuperó rápidamente, como hacía siempre.
—Pues que lo intenten. No será la primera vez que alguien quiere matarme.
—Esto es distinto. Es el Consejo de las Sombras. Tienen agentes en todas partes. Magos, asesinos, espías. Si te apuntan a ti...
—Kael. —Lyssara se incorporó y le tomó las manos—. Mira a tu alrededor. Hemos sobrevivido a Feron, a Zareth, a Loric, a Kaedor, a Aren. Hemos sobrevivido a emboscadas, atentados y traiciones. Si el Consejo de las Sombras quiere venir a por mí, que venga. Les estamos esperando.
—Pero...
—No hay peros. Soy una soldado. Sé cuáles son los riesgos. Y los acepté hace mucho tiempo, cuando decidí seguirte hasta el fin del mundo. —Le apretó las manos—. No voy a esconderme. Y no voy a dejar que el miedo me paralice. Si el enemigo quiere atacarme, que lo haga. Pero que sepa que no será fácil. Porque yo también sé luchar.
Kael la contempló en silencio. Aquella mujer era la persona más valiente que había conocido jamás. Y por eso mismo, no podía soportar la idea de perderla.
—No te dejaré sola —dijo—. A partir de ahora, quiero que estés protegida en todo momento. Guardias, escoltas, lo que haga falta.
—Eso es ridículo. Soy tu capitana. Se supone que soy yo quien te protege a ti.
—Pues ahora será al revés. Tú me proteges a mí, y yo te protejo a ti. Trato hecho.
Lyssara negó con la cabeza, pero en sus labios se dibujó una sonrisa.
—Eres imposible, Kael Kraxter.
—Lo sé. Por eso me quieres.
—No. Te quiero a pesar de eso.
Se rieron juntos, y por un momento la tensión de la noche se disipó. Pero Kael sabía que la amenaza seguía allí, al acecho. Y que tendrían que prepararse para lo peor.
Aquella mañana, Kael convocó una reunión urgente en la Sala del Consejo. Asistieron todos sus aliados: Maelt, Illyana, Vexim Thal, Theron, Gerik, y por supuesto Lyssara. También estaban presentes los capitanes de la guardia real y los representantes de los gremios de comerciantes, cuyos barcos serían necesarios para la expedición. La sala estaba abarrotada, y el ambiente era tenso. Todos sabían que el rey no convocaba reuniones urgentes a menos que algo grave hubiera ocurrido.
—Anoche tuve una visión —comenzó Kael, sin preámbulos—. La corona me mostró el interior de la Torre del Alba. Vi al Consejo de las Sombras reunido. Y oí a la princesa Francesca hablar de un plan para destruirnos.
—¿Qué clase de plan? —preguntó Maelt.
—No lo sé con exactitud. Pero mencionó algo sobre arrebatarme lo que más amo. Y por el contexto, creo que se refería a Lyssara.
Un murmullo recorrió la sala. Maelt palideció visiblemente. Gerik apretó los puños. Illyana frunció el ceño.
—¿Estás diciendo que van a atentar contra mi hija? —preguntó Maelt, con la voz temblorosa.
—Eso parece. O al menos, es lo que la visión me mostró.
—Entonces tenemos que reforzar su protección. Destacaré un escuadrón completo para que la custodie.
—Ya se lo he ofrecido —intervino Lyssara—. Y ya le he dicho que no necesito niñeras. Soy perfectamente capaz de defenderme sola.
—Esto no es cuestión de capacidad, Lyssara —replicó Maelt—. Es cuestión de prudencia. Si el Consejo de las Sombras te ha señalado como objetivo, no puedes ir por ahí sin protección. Sería un suicidio.
—He sobrevivido hasta ahora sin escolta. Y no voy a empezar a esconderme justo cuando más falta hago.
—Padre e hija, por favor —intervino Kael, alzando la mano—. No es momento de discutir. Tenemos que centrarnos en el plan.
Maelt y Lyssara intercambiaron una mirada tensa, pero ambos asintieron.
—De acuerdo —dijo Maelt—. ¿Cuál es el plan?
—La expedición a las Islas del Alba sigue en marcha. Pero con algunos cambios. En lugar de un solo grupo de infiltración, enviaremos dos. Uno irá por mar, como estaba previsto. El otro irá por tierra, cruzando las montañas hasta la costa sur, donde abordaremos un barco distinto. Así, si uno de los grupos es descubierto, el otro podrá continuar la misión.