The King of Kingdoms: La Corona de Sangre

Capítulo XII: La Torre del Alba

La bruma de las Islas del Alba era diferente a cualquier otra que Kael hubiera experimentado. No era la niebla húmeda y fría de las mañanas de Draxcan, ni la neblina matinal que se disipaba con los primeros rayos del sol. Era una bruma densa, casi sólida, que se aferraba a la piel como un sudario y distorsionaba los sonidos hasta convertirlos en ecos fantasmales. Los colores desaparecían en ella, devorados por una paleta de grises y negros que convertía el paisaje en una pintura espectral. Los árboles que bordeaban el camino —retorcidos y cubiertos de musgo— parecían figuras humanas petrificadas en actitudes de súplica, y el viento que soplaba entre sus ramas producía un silbido lastimero que recordaba vagamente a un lamento.

—Este lugar está maldito —murmuró Ysilla, ajustándose la capucha de su capa de sirvienta. La maga de batalla iba vestida con ropas humildes, como todos ellos, y había teñido su cabello de un castaño apagado para no llamar la atención. Pero sus ojos seguían siendo los de una hechicera: inquietos, calculadores, constantemente escaneando el entorno en busca de amenazas mágicas.

—No está maldito —respondió Thalion, que caminaba unos pasos por delante con su arco oculto bajo una manta de viaje—. Está protegido. Los sortilegios que envuelven esta isla son antiguos, muy anteriores a Feron. Alguien los puso aquí hace siglos para mantener alejados a los curiosos.

—¿Puedes desactivarlos? —preguntó Kael.

—No sin llamar la atención. Si los toco, los magos de la Torre lo sabrán. Pero puedo sentir su presencia. Son como... como cuerdas tensadas a punto de romperse. Si alguien las pisa sin cuidado, saltarán.

—Entonces no las pisemos. —Lyssara, que marchaba en vanguardia con la mano apoyada en la empuñadura de su espada, se detuvo y señaló hacia el frente—. Mirad.

La Torre del Alba se alzaba ante ellos, recortada contra un cielo de nubes plomizas. Era una construcción imposible, una aguja de piedra negra que parecía surgir de la roca viva y elevarse hacia las alturas como un dedo acusador. No tenía ventanas en los niveles inferiores, y las que se vislumbraban en los superiores estaban cubiertas por cristales oscuros que reflejaban la bruma como espejos deformantes. Una única puerta, un arco de hierro forjado flanqueado por dos estatuas de figuras encapuchadas, daba acceso al interior. Las estatuas sostenían antorchas de fuego azul que ardían sin consumirse, y sus ojos de obsidiana parecían seguir los movimientos de los recién llegados.

—Por los dioses —susurró Kael—. ¿Cómo vamos a entrar ahí?

—Como siempre —respondió Lyssara—. Por la puerta principal. Somos sirvientes en busca de empleo, ¿recuerdas? Los sirvientes no usan entradas secretas. Los sirvientes llaman a la puerta y esperan a que les abran.

—¿Y si no nos abren?

—Entonces insistimos. Los sirvientes también insisten. Es parte del oficio.

Kael asintió, aunque su corazón latía con fuerza. Llevaban toda la vida preparándose para aquel momento —o al menos, eso sentía—, y sin embargo, al llegar a las puertas de la Torre, se sentía como un niño pequeño que se enfrenta a su primer día de trabajo en las cocinas del castillo. El miedo era el mismo. La sensación de no pertenecer a aquel lugar. La certeza de que, en cualquier momento, alguien descubriría su disfraz y todo se iría al traste.

Pero recordó las palabras de Lyssara. "Confío en ti. Confío en que encontraremos la manera de salir adelante." Y decidió confiar él también.

—Vamos —dijo, y se acercó a la puerta.

Llamó tres veces con el aldabón, un anillo de bronce con forma de serpiente que colgaba de las fauces de una gárgola. El sonido resonó en el interior de la Torre como un tañido fúnebre. Pasaron varios segundos sin respuesta. Luego, un panel deslizante se abrió a la altura de los ojos, y una voz áspera preguntó:

—¿Quién llama?

—Viajeros en busca de trabajo —respondió Kael, con el tono más humilde que pudo—. Hemos oído que en la Torre del Alba necesitan sirvientes para la próxima reunión. Traemos cartas de recomendación.

—¿Cartas? ¿De quién?

—De la casa Dorn. Mercaderes de Lythara. —Kael entregó los documentos falsificados que Illyana les había proporcionado. Eran perfectos: el sello, la caligrafía, el tipo de pergamino. Incluso el olor a tinta era el correcto.

El guardia examinó los documentos en silencio. Luego, el panel se cerró, y un momento después la puerta se abrió con un chirrido metálico.

—Pasad. Pero no os separéis del grupo. El mayordomo os recibirá en el vestíbulo.

El interior de la Torre era tan opresivo como el exterior. Las paredes de piedra negra estaban desnudas, sin tapices ni adornos, y las antorchas de fuego azul proporcionaban una luz fría que hacía brillar las runas grabadas en el suelo. El aire olía a incienso y a algo más, algo que Kael identificó vagamente como el olor de los cadáveres recientes. No había polvo ni telarañas; todo estaba limpio, ordenado, como si un ejército de sirvientes invisibles se hubiera encargado de mantenerlo impoluto.

Un hombre de mediana edad, vestido con librea negra, los esperaba en el centro del vestíbulo. Era delgado, de facciones angulosas, y sus ojos grises los escrutaron con frialdad.

—Soy Marten, mayordomo de la Torre del Alba —dijo sin preámbulos—. Me han informado de vuestra llegada. Necesitamos sirvientes para la cocina, la lavandería y el mantenimiento de las antorchas. ¿Alguno de vosotros tiene experiencia?

—Yo he trabajado en cocinas —respondió Kael, recordando sus años en el castillo de Draxcan—. Y mi compañera —señaló a Lyssara— tiene experiencia en lavandería.

—Yo puedo encargarme de las antorchas —añadió Thalion—. Soy bueno con las manos.

—Y yo puedo ayudar en lo que haga falta —dijo Ysilla—. He trabajado como criada en varias casas nobles.

Marten los observó con desconfianza. Luego, lentamente, asintió.

—Está bien. Se os asignarán tareas y se os proporcionará alojamiento en el ala de servicio. Pero recordad: la Torre del Alba no es un lugar para curiosos. No salgáis de las zonas asignadas. No hagáis preguntas. Y si veis algo que no debéis ver, olvidadlo inmediatamente. ¿Está claro?



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En el texto hay: fantasiaepica, fantasiaoscura, intriga política

Editado: 17.07.2026

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