The King of Kingdoms: La Sombra sobre la Corona

Capítulo XI: Los Dos Fundadores

El informe de Paul llegó a manos del rey esa misma noche, y la reunión que Airoon había programado con Ilan Elmer se adelantó, en consecuencia, a la mañana siguiente, con un carácter considerablemente más urgente del que originalmente se había planeado. Kael asistió, como el rey había indicado semanas atrás, sentado en un rincón discreto del despacho privado mientras Ilan exponía, con la precisión metódica de años de experiencia diplomática, todo lo que su red de contactos había logrado reunir sobre las conexiones internacionales de los Guardianes de la Sangre Pura.

El despacho real, iluminado por la luz grisácea de una mañana encapotada, se había transformado en un improvisado centro de operaciones: mapas extendidos sobre la mesa de madera oscura, documentos marcados con anotaciones apresuradas, y una tensión palpable que se respiraba en el aire como el presagio de una tormenta lejana. Kael observaba desde su rincón, consciente de que aquella reunión representaba un punto de inflexión en la comprensión de la amenaza que enfrentaban, y se esforzaba por capturar mentalmente cada detalle de lo que allí se discutía.

—La evidencia sugiere una red considerablemente más extensa de lo que habíamos anticipado, Majestad —explicaba Ilan, extendiendo sobre la mesa una serie de mapas y documentos codificados—. No solo Salamer. Hemos identificado correspondencia, aunque fragmentaria, que sugiere contactos con facciones tradicionalistas dentro de Dacmek, e incluso, de forma considerablemente más inquietante, referencias ocasionales a comunicaciones con ciertos círculos dentro de la propia Eltrix.

Aquella última mención hizo que Kael se irguiera con una atención renovada, recordando de inmediato sus propias investigaciones sobre la Gran Disputa y la facción disidente que había terminado por fundar aquel reino vecino. El nombre de Eltrix resonaba en su mente con un peso particular, cargado de las horas que había pasado descifrando textos antiguos que mencionaban a los dos fundadores que habían abandonado Draxcan llevándose consigo una visión distinta del poder y de la legitimidad.

—¿Eltrix? —preguntó Airoon, con una expresión que combinaba sorpresa genuina y una preocupación considerablemente más profunda—. Eso resultaría extraño, Ilan, considerando que Eltrix ha mantenido tradicionalmente una política de aislamiento considerable respecto a los asuntos internos de Draxcan, incluyendo, hasta donde sabemos, cualquier tipo de participación en movimientos ideológicos como el que representan los Guardianes.

—Precisamente por eso resulta considerablemente más inquietante, Majestad. Si los Guardianes han logrado establecer contactos dentro de un reino que tradicionalmente evita involucrarse en la política interna de Draxcan, sugiere que su ideología sobre pureza de sangre y líneas ancestrales podría resonar con facciones específicas dentro de Eltrix cuyos intereses, hasta ahora, desconocíamos completamente.

—Necesito comprender mejor la naturaleza exacta de esos contactos —dijo Airoon, considerando la información con una gravedad evidente—. ¿Existe algún nombre específico, alguna facción particular dentro de Eltrix que podamos identificar como el origen de esas comunicaciones?

Ilan consultó sus propios documentos con una atención meticulosa antes de responder. Sus dedos recorrieron las anotaciones al margen de una hoja codificada, y cuando habló, su voz conservaba la calma profesional de quien está acostumbrado a transmitir información delicada sin dejar que la gravedad de la misma afecte su precisión.

—Los fragmentos de correspondencia que hemos logrado interceptar mencionan, en más de una ocasión, algo que se refiere como «el Consejo de la Sangre Antigua». No hemos logrado determinar con certeza si se trata de una organización formal reconocida dentro de la estructura política de Eltrix, o de una facción considerablemente más discreta que opera fuera de los canales oficiales de ese reino.

Kael sintió que un escalofrío le recorría la espalda ante aquella mención, comprendiendo, con una claridad creciente, que aquel nombre —«el Consejo de la Sangre Antigua»— sugería una conexión directa con la misma facción disidente de los Once Originales que había fundado Eltrix originalmente tras la Gran Disputa, aunque la naturaleza exacta de esa conexión permanecía, todavía, considerablemente más oscura de lo que cualquiera de los presentes lograba comprender completamente. Era como si las piezas de un rompecabezas que Kael llevaba meses intentando armar comenzaran, finalmente, a revelar un patrón que se extendía mucho más allá de las fronteras de Draxcan.

—Majestad, si me permite —interrumpió Kael, con una cautela evidente ante la posibilidad de compartir información que todavía no había verificado completamente—, mis propias investigaciones sobre la Gran Disputa sugieren que la facción que terminó fundando Eltrix se organizó, originalmente, alrededor de la creencia de que el verdadero derecho a gobernar dependía de un vínculo directo con los dragones fundadores, más que de la simple línea de sucesión oficial. Si ese «Consejo de la Sangre Antigua» representa una evolución moderna de esa misma filosofía original...

—Entonces podríamos estar enfrentando no solo una amenaza política interna representada por los Guardianes de la Sangre Pura, sino una convergencia considerablemente más peligrosa entre esa amenaza interna y una facción externa con intereses ideológicos similares, aunque potencialmente con objetivos finales considerablemente distintos —completó Airoon, con una expresión que reflejaba la magnitud creciente de sus propias preocupaciones.

La reunión continuó durante buena parte de la mañana, con Ilan compartiendo detalles adicionales sobre las conexiones diplomáticas y comerciales que su red de contactos había logrado rastrear, mientras Airoon y Kael contribuían, cada uno desde su propia perspectiva, con el contexto histórico que ayudaba a situar aquella información dentro del marco considerablemente más amplio de la Gran Disputa y sus consecuencias duraderas. Hablaron de los flujos de recursos, de las rutas comerciales que se desviaban de los canales oficiales, de los mensajeros que cruzaban fronteras con una frecuencia que desafiaba toda explicación convencional, y con cada nuevo dato, la imagen que se formaba ante ellos resultaba más oscura, más compleja, más cargada de implicaciones para el futuro del reino.




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