The King of Kingdoms: La Sombra sobre la Corona

Capítulo XII: La Caza

El entrenamiento con Draecus había comenzado apenas tres días atrás, y Kael ya sentía que su comprensión de su propio cuerpo se expandía a un ritmo considerablemente más rápido de lo que había anticipado, aunque el proceso resultaba, en igual medida, agotador tanto física como emocionalmente. Las sesiones se celebraban en un patio privado que el rey había ordenado acondicionar específicamente para aquel propósito, un espacio apartado de las zonas habituales donde los soldados del Distrito Original realizaban sus ejercicios cotidianos, protegido por muros altos y por la discreción absoluta del personal que lo custodiaba. Allí, lejos de miradas curiosas, Kael estaba aprendiendo a reconocer, por primera vez en su vida, las capacidades que su segundo corazón había mantenido latentes durante dieciocho años.

—Otra vez —ordenó Draecus, observando desde el borde del patio, con los brazos cruzados y una expresión que combinaba paciencia infinita con una exigencia que no admitía excusas—. Concéntrate en la sensación, no en el resultado. Tu segundo corazón no responde a la fuerza de voluntad como respondería un músculo convencional. Responde a la comprensión genuina de su propia naturaleza.

Kael cerró los ojos, intentando replicar la sensación que Draecus le había estado enseñando a reconocer: aquel cosquilleo sutil que nacía en algún punto central de su pecho, considerablemente más difícil de localizar con precisión que cualquier sensación física convencional que hubiera experimentado antes. Era como intentar agarrar agua con las manos: cada vez que creía haberlo identificado, la sensación se desvanecía, dejándolo con una frustración que Draecus le aseguraba, con la calma de quien ha visto a cientos de estudiantes pasar por la misma etapa, era completamente normal.

—Ahí —dijo Draecus, con una satisfacción evidente, cuando una tenue vibración dorada comenzó a manifestarse alrededor de las manos de Kael, considerablemente más controlada que cualquier manifestación anterior desde el episodio con la escama dracónica—. Mantenla estable. No la fuerces.

La vibración dorada, apenas visible bajo la luz grisácea de la mañana, se sostuvo durante varios segundos antes de desvanecerse, y Kael sintió, con una mezcla de agotamiento y una satisfacción extraña, que su propio cuerpo comenzaba, lentamente, a reconocerse a sí mismo.

—No esperaba que este entrenamiento resultara tan... meditativo —comentó Kael, tras finalizar aquel ejercicio particular, sintiendo un cansancio considerable pese a la naturaleza aparentemente pasiva de la práctica. Se sentó en un banco de piedra junto al muro del patio, secándose el sudor de la frente con el dorso de la mano, y aceptó la cantimplora que Draecus le ofrecía con una gratitud genuina.

—La mayoría de la gente asume que el poder elemental se trata exclusivamente de fuerza bruta, de canalización agresiva dirigida hacia objetivos externos. —Draecus se sentó junto a él, con la facilidad de quien ha pasado toda su vida en patios de entrenamiento, sintiéndose tan cómodo en ellos como en su propia casa—. Pero el control genuino, el tipo de control que necesitas desarrollar considerando la naturaleza excepcional de tu propia condición, requiere primero una comprensión profunda de tu propio ser interior. Solo después de dominar esa comprensión puedes comenzar a dirigir esa energía hacia el exterior con la precisión necesaria.

—¿Cuánto tiempo llevas entrenando soldados jóvenes, Draecus?

—Considerablemente más años de los que probablemente aparento, muchacho. —El instructor sonrió, con una expresión que sugería décadas de experiencia acumulada, y Kael notó, por primera vez, las cicatrices finas que cruzaban sus antebrazos, marcas de un pasado que Draecus rara vez mencionaba—. Y entre todos los estudiantes que he entrenado durante ese tiempo, muy pocos han mostrado el potencial que observo en ti, aunque también pocos han comenzado su entrenamiento con las circunstancias tan complicadas como las que enfrentas actualmente.

—¿A qué te refieres exactamente?

—Me refiero a que la mayoría de los jóvenes Elemen crecen sabiendo lo que son desde el nacimiento, aprendiendo a reconocer su afinidad elemental desde la infancia, desarrollando su conexión con su dragón de forma gradual y natural. Tú, en cambio, has tenido que descubrir todo esto de golpe, en circunstancias de peligro considerable, sin el lujo del tiempo y la calma que normalmente acompañan este proceso. —Draecus lo observó con una mezcla de respeto genuino y una cautela profesional—. Eso te convierte en un caso único, Kael. Y también, sospecho, en un objetivo particularmente vulnerable mientras tu control continúe siendo tan incipiente.

—¿Conoces a Lyssara Rosmar? —preguntó Kael, aprovechando aquella pausa en el entrenamiento para explorar, con cierta cautela, la conexión que el rey había mencionado semanas atrás.

Draecus lo observó con una expresión que combinaba sorpresa genuina y una curiosidad renovada. Sus cejas, pobladas y entrecanas, se alzaron ligeramente ante la mención de aquel nombre, y por un instante, Kael percibió en sus ojos una chispa de algo que no supo interpretar del todo.

—La entrené durante años, sí. Una de las soldados más disciplinadas que he tenido el privilegio de formar. ¿Por qué preguntas?

—Simple curiosidad. Su nombre ha aparecido, en diversas ocasiones, relacionado con investigaciones que he estado realizando.

Draecus consideró aquella respuesta con una expresión pensativa, evidentemente sospechando que existía considerablemente más detrás de aquella pregunta aparentemente casual de lo que Kael estaba dispuesto a revelar directamente, pero decidió, con la discreción profesional que su posición como instructor de confianza del rey exigía, no presionar más allá de lo apropiado en aquel momento.

—Es una joven considerablemente talentosa, y también considerablemente terca, aunque esa terquedad, en su caso particular, ha resultado ser más una fortaleza que una debilidad a lo largo de su carrera. —Draecus se levantó, indicando que la sesión de entrenamiento de aquel día había llegado a su fin—. Sospecho, Kael, que tarde o temprano tus propios caminos se cruzarán directamente con los de ella, considerando todo lo que observo desarrollándose actualmente en Draxcan.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.