El atacante capturado durante la emboscada contra Kael, un hombre de mediana edad cuyo nombre los interrogadores del castillo apenas habían logrado extraer tras horas de cuestionamiento cuidadoso, resultó ser considerablemente menos útil de lo que Airoon había esperado inicialmente: un mercenario contratado a través de intermediarios, sin conocimiento directo de la identidad completa de quienes lo habían empleado, aunque sí con información suficiente para confirmar una conexión, todavía indirecta pero innegable, con la red financiera de los Guardianes de la Sangre Pura.
El interrogatorio, conducido en las profundidades de las mazmorras del castillo por oficiales de confianza del rey, se había prolongado durante dos días completos, alternando períodos de presión intensa con pausas calculadas diseñadas para desgastar la resistencia del prisionero. El hombre, que finalmente se identificó como Gerran, un antiguo soldado caído en desgracia que había encontrado en el trabajo de mercenario la única salida viable a sus deudas acumuladas, habló con la resignación de quien comprende que su situación ya no admite mejoras significativas, ofreciendo información fragmentaria que los investigadores del castillo se apresuraron a contrastar con sus propias fuentes.
—Pagos realizados a través de una casa de cambio en el Distrito Mago, con fondos rastreables, aunque con considerable dificultad, hasta cuentas vinculadas indirectamente con la familia Lasmec —informó Doren, durante una reunión convocada apenas dos días después del ataque, presentando ante el rey, Kael y Lyssara un resumen de la investigación financiera que había logrado coordinar con la ayuda de contactos leales dentro de la administración del Senado.
—Suficiente para sospechar, insuficiente para acusar públicamente sin exponer a Kael a un escrutinio que, hasta ahora, hemos logrado evitar —consideró Airoon, con la frustración evidente de quien comprende las limitaciones políticas que incluso la evidencia más sugerente no siempre lograba superar dentro de los procesos formales del Senado. Sus dedos tamborileaban sobre la mesa de madera oscura con un ritmo nervioso que delataba su inquietud, y Kael notó, no por primera vez, cuánto peso cargaba aquel hombre que había gobernado Draxcan durante medio siglo con una estabilidad que ahora, de pronto, parecía considerablemente más frágil de lo que cualquiera de los presentes había asumido.
Fue durante aquella misma reunión, con la tensión todavía palpable en el aire del despacho real, cuando un mensajero interrumpió, con una urgencia evidente, para entregar una noticia que transformaría considerablemente el carácter de la conversación. El joven paje, sin aliento por la carrera desde la Cámara del Senado, apenas logró articular las palabras antes de que Airoon le indicara que hablara con claridad.
—Majestad, el senador Kestrel ha convocado una sesión de emergencia del Senado, solicitando presentar evidencia relacionada con lo que describe como «una amenaza encubierta que la Corona ha mantenido deliberadamente oculta del conocimiento público».
Airoon se tensó visiblemente ante aquella noticia, intercambiando una mirada cargada de preocupación con Doren y Kael. El silencio que siguió se prolongó durante un instante que a Kael se le antojó eterno, mientras el peso de aquellas palabras se asentaba en la sala como una losa.
—¿Mencionó específicamente de qué amenaza se trata?
—No con detalle completo, Majestad, aunque las palabras exactas que utilizó sugieren una conexión directa con recientes acontecimientos relacionados con el archivo real.
Kael sintió que un escalofrío recorría su cuerpo, comprendiendo, con una claridad aterradora, que Kestrel se preparaba para exponer públicamente, ante todo el Senado, algún fragmento de la verdad sobre su propia existencia, transformando lo que hasta entonces había sido un secreto cuidadosamente protegido en un escándalo político de proporciones que ninguno de los presentes podía todavía anticipar completamente. La gema, oculta bajo su ropa, pareció latir con una intensidad renovada, como si respondiera al peligro inminente que se cernía sobre su portador.
—Necesitamos anticipar esta jugada —dijo Airoon, levantándose con una determinación evidente—. Si Kestrel posee evidencia suficiente para plantear públicamente la existencia de Kael como amenaza, entonces necesitamos comprender exactamente qué sabe, y cómo logró obtener esa información, antes de que la sesión comience.
—Vycto —dijo Lyssara, con una certeza repentina que atrajo todas las miradas hacia ella—. Si Kestrel obtuvo información directamente de Vycto durante alguna comunicación que hayamos pasado por alto, o si algún otro Guardián capturado durante la Noche del Acero ha compartido detalles bajo presión, entonces la fuente más probable de esta filtración sería precisamente las mazmorras donde mantenemos a los prisioneros relacionados con los Guardianes.
Doren asintió, con una expresión grave que reflejaba la seriedad de aquella posibilidad.
—Voy a investigar de inmediato si ha existido algún contacto no autorizado entre Kestrel y los prisioneros. Pero Majestad, considerando la urgencia de la situación, sospecho que no tendremos tiempo suficiente para prevenir completamente lo que Kestrel planea revelar durante la sesión de esta tarde.
—Entonces tendremos que enfrentar la revelación directamente —dijo Airoon, con una determinación que Kael reconoció como la del monarca que había navegado innumerables crisis políticas durante su largo reinado—. Kael, Lyssara, os necesito a mi lado durante esa sesión. Y necesito que ambos estéis preparados para lo que sea que Kestrel decida presentar.
La Cámara del Senado, cuando Kael, Lyssara y el propio rey llegaron aquella tarde acompañados de una guardia personal considerablemente reforzada tras el ataque reciente, mostraba una tensión palpable que superaba incluso la atmósfera cargada de la sesión anterior sobre las consecuencias de la Noche del Acero. Los senadores ocupaban sus asientos en un silencio inusualmente absoluto, sin las conversaciones dispersas que normalmente precedían al inicio formal de cualquier sesión, y Kael percibió, al entrar, decenas de miradas que se posaban sobre él con una mezcla de curiosidad, suspicacia y, en algunos casos, una hostilidad apenas disimulada.