The King of Kingdoms: La Sombra sobre la Corona

Capítulo XIV: La Noche de la Corona

Francesca convocó su propia reunión de emergencia apenas un día después de la sesión explosiva del Senado, reuniendo en el Salón de las Rosas Negras a los siete senadores con quienes había cultivado, durante semanas de negociación cuidadosa, alianzas tácitas que ahora consideraba maduras para una acción considerablemente más decisiva. El salón, normalmente reservado para las conversaciones privadas de la princesa con Ariel o para visitas cuidadosamente seleccionadas, se transformó aquella tarde en un improvisado centro de estrategia política, con los senadores distribuidos en los asientos que Francesca había dispuesto personalmente, cada posición calculada para fomentar un equilibrio visual que sugiriera igualdad entre todos los presentes, aunque cada uno de ellos sabía, con distintos grados de aceptación, que la verdadera autoridad en aquella sala emanaba exclusivamente de la mujer que los había convocado.

—La revelación de Kestrel ha creado un vacío de liderazgo considerable dentro del Senado —explicó Francesca, dirigiéndose a los senadores reunidos con la autoridad calculada que había perfeccionado durante meses de cultivo cuidadoso de aquella misma red. Se mantenía de pie junto a la ventana, con la luz del atardecer recortando su silueta, y su voz, aunque suave, llegaba con claridad a cada rincón del salón—. El bloque tradicionalista se encuentra fracturado entre quienes apoyan las acusaciones de Kestrel y quienes sospechan, correctamente, que su revelación estuvo coordinada directamente con los Guardianes de la Sangre Pura. Es momento de que quienes buscamos genuinamente la estabilidad de este reino tomemos la iniciativa.

—¿Qué propone exactamente, princesa? —preguntó Threnwick, el senador Elemen cuya alianza Francesca había cultivado con particular cuidado dadas las implicaciones directas para su propia comunidad. Su gema de conexión, visible sobre el pecho de su túnica senatorial, brillaba tenuemente con un resplandor azulado que traicionaba una tensión interna que su expresión serena intentaba ocultar.

—Propongo una moción formal de reforma constitucional, presentada conjuntamente por senadores de múltiples facciones, que establezca un consejo permanente de seguridad real, con autoridad para actuar con rapidez ante amenazas como la que representan los Guardianes, sin las limitaciones burocráticas que actualmente ralentizan cualquier respuesta efectiva del Senado tradicional.

Francesca dejó que la propuesta se asentara en la sala antes de continuar, observando con atención las reacciones de cada senador presente. Algunos asintieron de inmediato, su lealtad ya suficientemente asegurada como para aceptar cualquier propuesta que ella presentara sin cuestionamiento excesivo. Otros, como Threnwick, mantuvieron una expresión más reservada, evaluando las implicaciones con la cautela de quienes reconocen que toda reforma constitucional conlleva consecuencias que se extienden mucho más allá de su propósito declarado.

Lo que Francesca no compartió abiertamente con aquellos senadores, aunque cada uno de ellos sospechaba, con distintos grados de comprensión, la ambición real detrás de aquella propuesta aparentemente razonable, era que aquel consejo de seguridad, una vez establecido, respondería directamente a ella misma como coordinadora principal, otorgándole una autoridad formal considerablemente mayor que cualquier posición que hubiera ocupado hasta entonces dentro de la estructura oficial de Draxcan. Era un movimiento que había planeado durante años, esperando el momento preciso en que las circunstancias políticas lo hicieran no solo posible sino prácticamente inevitable, y la crisis generada por Kestrel había proporcionado, finalmente, la oportunidad que Francesca había estado aguardando.

—Necesitaremos el apoyo del rey para una reforma de esta magnitud —observó otro de los senadores presentes, un hombre humano del Distrito Imperial llamado Vexley, cuya lealtad Francesca había asegurado meses atrás mediante favores considerablemente más directos que los ofrecidos a Threnwick: acceso a ciertas rutas comerciales que su familia llevaba años intentando obtener, garantías discretas sobre disputas de propiedades que pendían ante el Senado, y la promesa implícita de que su posición dentro del nuevo consejo de seguridad sería considerablemente más influyente que la que ocupaba actualmente.

—Mi hermano comprenderá, sospecho, la necesidad urgente de esta reforma, especialmente considerando que su propia protección de Kael Kraxter ha quedado ahora expuesta ante todo el Senado, generando exactamente el tipo de vulnerabilidad política que un consejo de seguridad permanente podría ayudar a mitigar considerablemente. —Francesca sonrió, con esa calidez calculada que empleaba en cada movimiento cuidadosamente diseñado de su juego político prolongado—. Voy a presentarle personalmente esta propuesta esta misma noche, durante la cena privada que ya teníamos programada.

La cena, que Airoon había organizado originalmente con el propósito de finalmente presentar a Kael ante su hermana, tal como Francesca había solicitado semanas atrás, adquirió, dadas las circunstancias recientes, un carácter considerablemente más tenso de lo que cualquiera de los participantes había anticipado inicialmente. El comedor privado real, una sala de dimensiones modestas decorada con tapices que representaban escenas de la fundación de Draxcan, había sido preparado con la elegancia habitual de las cenas familiares, pero el aire estaba cargado de una tensión que ningún arreglo floral ni disposición de velas podía disimular.

Kael se presentó aquella noche en el comedor privado real, acompañado, según había insistido Airoon dada la amenaza persistente tras el ataque reciente, de Lyssara como parte de su equipo de seguridad personal, encontrando ya presente a Francesca, cuya expresión al verlo por primera vez combinaba una curiosidad genuina con una evaluación calculadora que Kael reconoció, casi de inmediato, como considerablemente más peligrosa que cualquier hostilidad abierta que hubiera podido anticipar. La princesa vestía un vestido de tonos oscuros que contrastaba con la claridad de las velas que iluminaban la mesa, y sus ojos, del mismo tono castaño que los del rey pero considerablemente más fríos en su intensidad, se posaron sobre Kael con una atención que le recordó, incómodamente, a la forma en que Vaelith lo había observado meses atrás en la Torre de Estudios Arcanos.




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