Los días posteriores al segundo ataque transcurrieron para Kael entre sesiones interminables de investigación sobre la brecha de seguridad, interrogatorios adicionales a los pocos atacantes capturados con vida, y un entrenamiento con Draecus que había adquirido, tras la manifestación descontrolada de aquella noche, un carácter considerablemente más urgente y riguroso. Las sesiones se prolongaban ahora hasta bien entrada la tarde, con Draecus empujando a Kael a explorar los límites de su resistencia y de su control con una exigencia que no admitía excusas, y Kael respondía con una dedicación que nacía no solo del miedo a otra manifestación descontrolada, sino de una determinación creciente por comprender, finalmente, la naturaleza completa del poder que llevaba dentro.
—Necesitas comprender la diferencia entre canalizar por instinto y canalizar por control —le repetía Draecus, casi a diario, durante sesiones que se extendían ya considerablemente más allá del tiempo que originalmente habían acordado—. Lo que hiciste esa noche te salvó la vida, pero un poder que se manifiesta sin tu consentimiento consciente es, en igual medida, un peligro para ti mismo y para quienes te rodean. La próxima vez, la descarga podría golpear a un aliado en lugar de a un enemigo, y las consecuencias de ese error podrían perseguirte durante el resto de tu vida.
Kael absorbía cada lección con una disciplina renovada, consciente de que su propia supervivencia, y posiblemente la de quienes había comenzado a considerar, con una calidez creciente que todavía le costaba nombrar completamente, sus aliados más cercanos —Lyssara, Talaida, Paul, incluso Doren y el propio rey—, dependía de su capacidad para comprender y dominar aquella naturaleza extraordinaria que continuaba revelándose, capa tras capa, con cada nueva crisis que atravesaba. Las palabras de Draecus resonaban en su mente durante las horas de práctica solitaria, y poco a poco, con una lentitud que a veces le resultaba frustrante, comenzaba a percibir los primeros indicios de un control genuino sobre la energía que fluía a través de su segundo corazón.
La investigación sobre la brecha de seguridad, mientras tanto, produjo resultados considerablemente más inquietantes de lo que cualquiera había anticipado inicialmente. Doren, trabajando en estrecha colaboración con los guardias de mayor confianza del rey, logró establecer, con una certeza creciente, que el ataque no habría sido posible sin la colaboración de alguien con conocimiento detallado de los horarios y rutas de guardia del ala privada real. Los interrogatorios a los atacantes capturados, aunque limitados por la resistencia evidente de hombres entrenados para soportar presión, revelaron fragmentos de información que apuntaban todos en la misma dirección: alguien dentro del castillo había proporcionado información precisa sobre los momentos de menor vigilancia, las rutas de patrulla más vulnerables, y los puntos de acceso menos protegidos.
—Un traidor dentro del propio personal del castillo —confirmó Airoon, durante una reunión privada con Kael, Doren y Lyssara, apenas una semana después del ataque—. Hemos logrado reducir la lista de sospechosos a un grupo relativamente pequeño de sirvientes y guardias con acceso a esa información específica, aunque todavía no contamos con evidencia concluyente para identificar al responsable exacto.
—¿Sospecha usted de alguien en particular, Majestad? —preguntó Lyssara, con la seriedad profesional que caracterizaba cada una de sus contribuciones a aquellas reuniones estratégicas. Su uniforme de capitana, impecablemente ajustado, contrastaba con la fatiga visible en su rostro tras días de vigilancia intensificada.
—Sospecho de varios, aunque prefiero no compartir nombres específicos hasta contar con evidencia considerablemente más sólida. Una acusación prematura, especialmente contra alguien inocente, podría generar exactamente el tipo de desconfianza interna que debilitaría todavía más nuestra capacidad de identificar la verdadera amenaza. —Airoon consideró sus propias palabras con la cautela de un monarca que había aprendido, durante décadas de gobierno, que la confianza interna era un recurso tan valioso como frágil—. Por ahora, nos limitaremos a observar, a recopilar información, y a reforzar la seguridad de forma que ningún traidor potencial, sea quien sea, pueda anticipar completamente nuestros movimientos.
Fue durante aquella misma reunión, mientras discutían las medidas adicionales de seguridad que se implementarían en las semanas siguientes, cuando Airoon, con una expresión que Kael reconoció, tras meses de observación cercana, como la señal de una decisión considerablemente trascendental, finalmente abordó el tema que había mencionado brevemente semanas atrás, durante su primera conversación privada tras la audiencia inicial. El rey se levantó de su asiento, caminó hacia la ventana y permaneció allí un momento, contemplando las luces de la ciudad que comenzaban a encenderse con el atardecer, antes de girarse hacia los presentes.
—Kael, creo que ha llegado el momento de mostrarte el documento que mencioné hace algún tiempo. Considerando todo lo que hemos atravesado juntos, considerando la magnitud creciente de las amenazas que enfrentamos, y considerando también la lealtad y el crecimiento genuino que he presenciado en ti durante estos meses, creo que mereces finalmente comprender, al menos parcialmente, la verdad completa que ese documento representa.
Kael sintió que el corazón le latía con una intensidad renovada, comprendiendo que aquel momento, esperado durante semanas con una mezcla de anticipación y temor, finalmente había llegado. La gema bajo su ropa, como si respondiera a la intensidad de sus emociones, emitió un pulso suave de calor que Kael percibió con una claridad que le resultó casi reconfortante.
—¿Ahora, Majestad?
—Ahora, Kael. Aunque solicito que esta revelación permanezca, por el momento, exclusivamente entre nosotros dos. —Airoon consideró aquella condición con una seriedad evidente, mirando brevemente hacia Doren y Lyssara—. No por desconfianza hacia ustedes, sino porque la naturaleza exacta de este documento requiere una consideración cuidadosa antes de que su contenido pueda compartirse con mayor amplitud, incluso entre nuestros aliados más cercanos.