El combate en el pasillo del depósito de registros genealógicos se resolvió con una rapidez considerable una vez que Airoon, Kael, Lyssara y el resto del grupo se unieron a la defensa, aunque el precio de aquella victoria resultó considerablemente más amargo de lo que cualquiera de ellos había anticipado: de los cuatro intrusos, dos lograron huir por una ruta de escape que evidentemente habían planificado con anticipación considerable, mientras los otros dos, capturados con vida gracias a la intervención directa de Lyssara y de los guardias reales, se negaron, incluso bajo el peso evidente de su captura, a revelar información alguna sobre quiénes los habían enviado.
La lucha en sí había sido breve pero brutal: Lyssara había derribado a uno de los intrusos con una llave que lo dejó inconsciente contra el suelo de piedra, mientras que los guardias reales, reforzados por la llegada del rey y su séquito, habían logrado acorralar al segundo contra una estantería derrumbada. Kael, manteniéndose deliberadamente en la retaguardia del grupo, había contenido la energía elemental que pugnaba por manifestarse en sus manos, consciente de que liberarla en un espacio tan reducido podría haber causado daños considerables tanto a los guardias aliados como a los propios documentos que intentaban proteger.
—Se han quitado la vida —informó, apenas una hora después, uno de los oficiales encargados de custodiar a los prisioneros, con una expresión que combinaba frustración profesional y una alarma genuina—. Ambos, casi simultáneamente, mediante algún tipo de veneno oculto que ninguno de nuestros guardias logró detectar durante la requisa inicial.
Airoon recibió aquella noticia con una expresión que combinaba furia contenida y una preocupación considerablemente más profunda, comprendiendo que aquel nivel de disciplina y sacrificio personal sugería una organización considerablemente más peligrosa y comprometida ideológicamente de lo que el propio Senado, incluso tras la revelación pública de Kestrel semanas atrás, parecía dispuesto a reconocer completamente. Los Guardianes de la Sangre Pura no eran simplemente fanáticos dispuestos a matar por su causa; eran fanáticos dispuestos a morir por ella, y esa distinción, comprendió Kael observando la expresión sombría del rey, representaba una amenaza de una magnitud completamente distinta.
—Necesitamos evaluar exactamente qué lograron obtener antes de la intervención de nuestros guardias —dijo el rey, dirigiéndose hacia el interior del depósito, ahora custodiado por una guardia considerablemente reforzada.
El interior del depósito de registros genealógicos, cuando el grupo finalmente accedió para evaluar los daños completos de aquel intento de robo, revelaba una escena de destrucción parcial considerable: varias estanterías volcadas, pergaminos dispersos por el suelo, y, en el centro exacto de aquel caos, una vitrina forzada que, según pudo confirmar Orwenna con una mirada apenas necesaria, había contenido, hasta aquella misma mañana, una copia adicional, considerablemente menos protegida que el original que Airoon custodiaba personalmente, del mismo documento genealógico con el nombre borrado.
—Se han llevado la copia —confirmó Orwenna, examinando cuidadosamente la vitrina vacía con una expresión de alarma considerable—. Majestad, no tenía conocimiento de que existiera una segunda versión de ese documento guardada aquí. Asumía que el original que usted custodia personalmente representaba la única copia existente.
—Yo también lo asumía —admitió Airoon, con una gravedad evidente que reflejaba la magnitud de aquel descubrimiento inesperado—. Esto significa que alguien, en algún momento del pasado, decidió crear una copia adicional sin informar a la línea real completa sobre su existencia, un detalle que sugiere que la protección de este secreto ha sido considerablemente menos centralizada de lo que yo mismo había creído durante todo mi reinado.
El rey se movió entre los restos del depósito con una lentitud que contrastaba marcadamente con la urgencia de la situación, como si cada pergamino disperso que pisaba con cuidado representara un fragmento de una historia que se desmoronaba ante sus ojos. Kael lo observó con una mezcla de compasión y alarma, comprendiendo que aquel descubrimiento no solo representaba una pérdida de información estratégica, sino también un golpe profundo a la confianza que Airoon había depositado durante décadas en la estructura de protección que sus antepasados habían construido alrededor de aquellos secretos.
Kael examinó la vitrina vacía con una inquietud creciente, comprendiendo que, sin importar cuánta protección adicional lograran implementar a partir de aquel momento, el conocimiento contenido en aquella copia robada ya se encontraba, casi con certeza, en manos de los Guardianes de la Sangre Pura, una realidad que transformaba considerablemente el equilibrio de información que hasta entonces habían mantenido, aunque fuera parcialmente, a su favor.
—¿Contenía esa copia información idéntica al original que me mostró anoche, Majestad? —preguntó, con una voz que apenas lograba disimular su propia inquietud creciente.
—Según mi conocimiento, sí, aunque existe una posibilidad considerablemente inquietante que necesito considerar —respondió Airoon, examinando cuidadosamente los pergaminos dispersos por el suelo, buscando cualquier fragmento adicional que pudiera ofrecer contexto sobre la naturaleza exacta de aquella copia perdida—. Es posible que esa segunda versión contuviera información que el original, el que yo mismo he custodiado durante décadas, ya no posee, debido a algún tipo de deterioro o alteración que haya ocurrido con el paso del tiempo.
Doren, que había permanecido examinando cuidadosamente el resto del depósito con la minuciosidad de un archivero que reconoce la importancia de cada fragmento de evidencia, se acercó con una expresión que sugería un descubrimiento adicional considerablemente significativo. Sus manos, enfundadas en los guantes de cuero que siempre llevaba para manipular documentos delicados, sostenían con extremo cuidado un pequeño trozo de pergamino.