The King of Kingdoms: Los Cimientos de la Ceniza

Capítulo III: El Precio de la Sangre

La reunión con Maelt Rosmar, programada para la mañana siguiente, comenzó con una tensión considerable que trascendía ampliamente la gravedad política del propio tema a discutir, un detalle que Kael notó de inmediato al observar la rigidez evidente tanto en la postura de Lyssara como en la expresión cuidadosamente controlada de su padre cuando ambos se encontraron, por primera vez desde su confrontación semanas atrás, en el despacho privado del rey. El aire en la sala parecía cargado de una electricidad sutil, como si la presencia simultánea de ambos Rosmar en aquel espacio cerrado hubiera activado una corriente subterránea de tensiones no resueltas que ningún protocolo formal podía disimular por completo.

—Senador Rosmar —saludó Airoon, con la formalidad apropiada para la ocasión, aunque su tono conservaba una calidez genuina que sugería el respeto considerable que había desarrollado hacia Maelt a lo largo de años de colaboración política—. Agradezco que hayas respondido con tanta rapidez a mi convocatoria, considerando la naturaleza urgente de lo que necesitamos discutir.

—Por supuesto, Majestad. —Maelt se inclinó con la formalidad esperada, aunque su mirada se desvió, apenas un instante, hacia Lyssara, con una expresión que combinaba una tensión persistente y algo parecido a una preocupación genuina que la propia disciplina política del senador evidentemente luchaba por mantener bajo control—. Y he traído también a mi hija menor, Talaida, considerando que su investigación reciente sobre los Elemens y los Once Originales podría resultar relevante para la discusión que anticipo.

Kael observó aquel intercambio con una atención que había aprendido a afinar durante meses de navegar las complejidades políticas del castillo, percibiendo en los gestos contenidos de Maelt, en la forma en que sus dedos se aferraban ligeramente al borde de su túnica senatorial, la evidencia de un hombre que cargaba con un peso considerable que no se permitía mostrar abiertamente. La relación entre padre e hija, fracturada por la confrontación sobre la reasignación militar, permanecía visible en la distancia física que ambos mantenían, en la rigidez de sus posturas, en la ausencia de cualquier intercambio más cálido que el estrictamente protocolar.

Talaida entró junto a su padre, con una expresión de curiosidad evidente que se transformó, casi de inmediato, en un interés considerablemente más intenso al notar la presencia de Kael entre los reunidos, comprendiendo, con una rapidez que sugería la perspicacia académica que la caracterizaba, que aquel joven de apariencia relativamente ordinaria representaba, probablemente, la misma conexión que ella misma llevaba semanas investigando desde una perspectiva completamente distinta. Sus ojos, del mismo tono castaño que los de su hermana, se posaron sobre Kael con una intensidad evaluadora que no resultaba hostil, sino profundamente curiosa, como si estuviera catalogando mentalmente cada detalle de su apariencia para contrastarlo con las descripciones que había recibido de Lyssara.

—Tú debes ser Kael —dijo, con una franqueza directa que Kael reconoció, casi de inmediato, como característica compartida entre ambas hermanas Rosmar—. Lyssara me ha hablado considerablemente sobre ti durante las últimas semanas.

—Y yo he escuchado bastante sobre tu propia investigación —respondió Kael, sintiendo una calidez genuina ante aquel primer encuentro directo—. Sospecho que ambos hemos estado investigando, por separado, fragmentos de una misma verdad considerablemente más grande.

Talaida asintió, con una sonrisa breve que suavizó, por un instante, la tensión que impregnaba la sala, y Kael sintió que aquella primera interacción, breve pero genuina, representaba el inicio de una colaboración que sospechaba resultaría considerablemente más fructífera de lo que cualquiera de los presentes podía anticipar en aquel momento.

Airoon, tras las presentaciones apropiadas, procedió a compartir con el grupo ampliado, con una franqueza considerablemente mayor de la que había mantenido hasta entonces incluso con su círculo más cercano, la totalidad de lo que sabían: el documento genealógico con el nombre borrado, el fragmento adicional descubierto tras el intento de robo del día anterior, y las sospechas cada vez más firmes sobre la conexión directa entre Kael y la línea disidente de los fundadores de Eltrix. El rey habló con la precisión metódica de quien ha pasado décadas aprendiendo a transmitir información delicada sin omitir detalles cruciales, y Kael notó cómo Maelt absorbía cada palabra con una concentración que delataba la importancia que otorgaba a aquella revelación.

Maelt escuchó aquel relato con una atención absoluta, su expresión transformándose progresivamente de una curiosidad política cautelosa hacia algo considerablemente más profundo, una comprensión evidente que sugería que las piezas que el rey compartía conectaban directamente con su propia investigación familiar reciente sobre el linaje Rosmar y su conexión con los mismos fundadores. Sus manos, que habían permanecido entrelazadas sobre la mesa durante la mayor parte del relato, se separaron lentamente, como si necesitara liberar la tensión acumulada para procesar la magnitud de lo que estaba escuchando.

—Majestad, esto confirma exactamente lo que mi propia familia ha sospechado durante las últimas semanas —dijo finalmente Maelt, cuando Airoon concluyó su relato—. Nuestro propio linaje desciende, según hemos logrado confirmar mediante investigación genealógica considerablemente cuidadosa, directamente de uno de los dos hermanos que fundaron Eltrix tras la Gran Disputa. Si Kael representa, efectivamente, la descendencia del hermano que decidió permanecer secretamente en Draxcan, entonces nuestras dos líneas familiares comparten un origen considerablemente más cercano de lo que cualquiera de nosotros había anticipado.

—¿Existe alguna forma de confirmar esa conexión con mayor certeza? —preguntó Talaida, con la curiosidad académica que definía cada aspecto de su personalidad—. Si ambas líneas de sangre descienden de hermanos directos, deberían existir similitudes genealógicas o incluso fisiológicas que pudiéramos investigar con mayor profundidad.




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