La noticia sobre el segundo intento de robo en el depósito de registros genealógicos, pese a los esfuerzos considerables de Airoon por mantener discreción sobre los detalles más sensibles del incidente, llegó a oídos del Senado apenas dos días después, filtrada, según sospechaba el propio rey con una frustración evidente, por la misma red de informantes que los Guardianes de la Sangre Pura habían logrado infiltrar dentro de la propia estructura del castillo. La velocidad con que los rumores se propagaron por los pasillos del poder resultaba, en sí misma, profundamente reveladora: no se trataba de un simple chisme de sirvientes, sino de una filtración deliberada, calculada para generar exactamente el tipo de presión política que ahora se cernía sobre la Corona.
—El Senado exige una explicación completa, Majestad —informó el Gran Canciller, presentándose ante Airoon con una expresión que combinaba una formalidad protocolaria y una preocupación política evidente—. Los rumores que circulan sugieren que la Corona ha estado ocultando información considerablemente relevante sobre registros genealógicos antiguos, información que varios senadores consideran directamente relacionada con la controversia previa sobre el joven Kael Kraxter.
Airoon recibió aquella noticia con una calma calculada que, según pudo notar Kael durante la reunión posterior donde el rey compartió aquel desarrollo con su círculo de confianza, ocultaba una preocupación considerablemente más profunda ante la magnitud política de aquella nueva crisis. El rey permaneció en silencio durante un largo momento, con la mirada fija en algún punto indefinido de la pared del despacho, antes de finalmente responder con una determinación que no lograba disimular por completo el cansancio que arrastraba desde hacía semanas.
—Necesitamos comparecer ante el Senado con una estrategia cuidadosamente desarrollada —dijo Airoon, considerando el problema con la gravedad evidente que la situación exigía—. Si intentamos ocultar completamente la existencia del documento, corremos el riesgo de que Kestrel o cualquier otro senador aliado con los Guardianes presente su propia versión distorsionada de la información, potencialmente respaldada por la copia robada que ahora, casi con certeza, obra en su poder.
La sesión de emergencia del Senado, convocada para la tarde siguiente, resultó ser, según la evaluación posterior de Doren, considerablemente más caótica que cualquiera de las sesiones anteriores a las que Kael había asistido durante los meses recientes de crisis creciente. Desde el momento en que Kael ocupó su posición habitual en las gradas superiores, percibió una diferencia palpable en la atmósfera de la Cámara: el aire estaba cargado de una electricidad nerviosa que hacía que incluso los senadores más experimentados se movieran con una inquietud inusual, como si presintieran que aquella sesión particular marcaría un antes y un después en la historia política de Draxcan.
Los senadores, evidentemente alarmados por rumores fragmentarios que sugerían la existencia de secretos considerablemente más profundos de lo que cualquier explicación oficial había admitido hasta entonces, exigían respuestas con una urgencia que trascendía considerablemente el protocolo habitual de la Cámara. Las facciones, normalmente separadas por diferencias ideológicas que se expresaban con una cortesía formal cuidadosamente mantenida, se habían transformado en bloques hostiles que se enfrentaban con una crudeza que Kael no había presenciado jamás en sus meses de asistir a las sesiones senatoriales.
—Honorables senadores —comenzó Airoon, dirigiéndose al pleno con la autoridad calculada que décadas de gobierno le habían proporcionado, aunque Kael, observando desde su posición habitual en las gradas superiores, notó una tensión evidente en la postura del rey que sugería la magnitud del desafío político que enfrentaba—, comprendo la preocupación considerable que estos rumores han generado, y he decidido, en el interés de la transparencia que este Senado merece, compartir información adicional sobre la naturaleza de estos incidentes recientes.
Un silencio expectante se extendió por toda la Cámara, con cada senador presente esperando, con una atención absoluta, la revelación que se aproximaba. Kael contuvo la respiración, consciente de que el rey caminaba sobre una cuerda floja política de una delicadeza extrema, donde cada palabra pronunciada podría inclinar la balanza en direcciones que ninguno de ellos podía predecir completamente.
—Existe, dentro de los archivos privados de la Corona, un documento genealógico considerablemente antiguo, cuya protección ha sido responsabilidad exclusiva de la línea real durante generaciones, precisamente por la sensibilidad histórica de la información que contiene —continuó Airoon, eligiendo cada palabra con un cuidado evidente—. Este documento fue objeto de un intento de robo hace apenas dos días, un incidente que confirma, con una claridad considerable, que los Guardianes de la Sangre Pura han intensificado significativamente sus esfuerzos por obtener información histórica que podrían intentar manipular con propósitos políticos considerablemente destructivos.
—¿Y qué contiene exactamente ese documento, Majestad? —interrumpió Kestrel, levantándose con una expresión que combinaba una satisfacción calculada y una hostilidad apenas disimulada—. Si la Corona insiste en mantener el contenido completo de este documento en secreto, ¿no representa eso, precisamente, el tipo de ocultamiento que este Senado debería considerar inaceptable, especialmente considerando las acusaciones previas relacionadas con el joven Kraxter?
La intervención de Kestrel, formulada con una precisión que sugería horas de preparación cuidadosa, generó un murmullo de apoyo entre los senadores tradicionalistas, que vieron en aquella pregunta una oportunidad para presionar al rey hacia una revelación más completa. Kael percibió, con una alarma creciente, cómo el senador lo señalaba indirectamente, recordando a todos los presentes la controversia previa sobre su propia existencia extraordinaria.