The King of Kingdoms: Los Cimientos de la Ceniza

Capítulo V: La Hija de Desobedeció

Maelt Rosmar convocó a Lyssara a una reunión privada apenas tres días después de la sesión caótica del Senado, con una nota considerablemente más formal que sus citaciones habituales, un detalle que Lyssara interpretó, con una certeza creciente basada en meses de tensión acumulada entre ambos, como señal de que la confrontación que había estado postergándose desde su última disputa sobre su reasignación militar finalmente alcanzaría, aquella noche, un punto de resolución definitiva.

La nota, entregada por un sirviente de la casa familiar con una expresión que sugería que incluso el personal percibía la gravedad de aquella convocatoria, era escueta y directa: Necesito verte esta noche. Es importante. No había saludos, ni despedidas, ni ninguna de las cortesías formales que Maelt solía incluir incluso en sus comunicaciones más breves. Lyssara la leyó dos veces antes de guardarla en el bolsillo de su uniforme, sintiendo que la inquietud que había aprendido a mantener bajo control durante meses de crisis constantes se intensificaba de pronto, como una herida antigua que se negaba a terminar de sanar.

—El consejo militar se reunió esta mañana —anunció Maelt, sin preámbulos innecesarios, cuando Lyssara se presentó en su despacho privado. El senador estaba de pie junto a la ventana, con la espalda recta y las manos entrelazadas a la espalda, en una postura que Lyssara reconoció como la que adoptaba cuando se preparaba para conversaciones difíciles—. Han decidido, considerando mi propia recomendación formal presentada hace semanas, transferirte a un puesto administrativo permanente dentro de la estructura de entrenamiento militar, efectivo a partir de la próxima semana.

Lyssara sintió que la indignación que había estado conteniendo durante semanas de tensión creciente finalmente encontraba una salida directa, sin la contención cuidadosa que había mantenido durante conversaciones anteriores con su padre. Las palabras le golpearon con una fuerza que no había anticipado, y por un instante, la habitación pareció girar ligeramente a su alrededor mientras procesaba la magnitud de lo que acababa de escuchar.

—No puedes hacer esto, padre. No después de todo lo que hemos atravesado juntos durante los últimos meses, después de que mi propia intervención directa salvara la vida de Kael durante la emboscada, después de mi participación decisiva durante el ataque en el ala privada real.

—Precisamente por esas razones, Lyssara, considero esta reasignación considerablemente más urgente que nunca. —Maelt se giró hacia ella, con una expresión que combinaba determinación y una preocupación genuina que Lyssara reconocía, pese a su propia furia creciente, como sincera. Sus ojos, del mismo tono castaño que los de Lyssara, la estudiaron con una intensidad que no dejaba lugar a dudas sobre la seriedad de su decisión—. Tu conexión cada vez más evidente con Kael Kraxter, tu participación directa en cada crisis reciente relacionada con su seguridad, te ha convertido, efectivamente, en un objetivo considerablemente más valioso para los Guardianes de la Sangre Pura de lo que jamás habías sido anteriormente.

—¡Entonces quítame la protección adicional, no mi propósito completo dentro del ejército! —Lyssara sintió que su propia voz se elevaba, cargada de una frustración que llevaba meses acumulándose. Las manos se le cerraron en puños a los costados, y tuvo que hacer un esfuerzo consciente para no gritar—. ¿Cuántas veces necesito demostrarte, padre, que soy capaz de proteger tanto a mí misma como a quienes me rodean, antes de que finalmente confíes en mi propio juicio sobre los riesgos que estoy dispuesta a aceptar?

—No se trata de confianza en tu capacidad, Lyssara. Se trata de proteger a nuestra familia completa de una amenaza que ha demostrado, repetidamente durante los últimos meses, una disposición considerable a atacar con una violencia extrema a cualquiera conectado directamente con Kael. —Maelt consideró sus siguientes palabras con un cuidado evidente, aunque su tono conservaba una firmeza que sugería que su decisión, aquella vez, no admitía la misma negociación que había caracterizado conversaciones anteriores—. Talaida también enfrenta riesgos considerables dada su propia investigación sobre nuestra conexión familiar con los fundadores de Eltrix. No puedo permitirme perder a ambas hijas ante una amenaza que continúa intensificándose sin ningún signo claro de resolución cercana.

—Entonces esto no se trata realmente de mi capacidad militar, ¿verdad? Se trata, una vez más, de que has decidido, unilateralmente, qué riesgos consideras aceptables para mi propia vida, sin siquiera considerar mi propia voz en esa decisión.

El silencio que siguió a aquella acusación se prolongó considerablemente, con ambos, padre e hija, procesando la magnitud de una confrontación que evidentemente había estado gestándose durante semanas de tensión acumulada. La luz de las velas que iluminaban el despacho proyectaba sombras alargadas sobre las paredes, y Lyssara notó, quizás por primera vez, cuánto había envejecido su padre en los últimos meses, cuánto peso había cargado en silencio mientras ella construía su propia vida lejos de la influencia familiar.

—Tienes razón, Lyssara. Y comprendo que esta decisión, tomada nuevamente sin tu consentimiento pleno, representa exactamente el tipo de control que me has acusado de ejercer sobre tu vida durante meses. —Maelt habló con una honestidad que Lyssara no había anticipado completamente, y su voz, habitualmente tan firme y controlada, sonó extrañamente vulnerable—. Pero soy tu padre, Lyssara, y sin importar cuánto hayas demostrado tu propia capacidad y determinación, no puedo simplemente ignorar el miedo genuino que siento cada vez que escucho sobre otro ataque, otra emboscada, otra situación donde tu propia vida estuvo en peligro directo.

—Ese miedo, padre, no te da el derecho de decidir por mí cómo debo vivir mi propia vida. —Lyssara sintió que su propia voz se suavizaba ligeramente, reconociendo, pese a su frustración persistente, la vulnerabilidad genuina que su padre acababa de revelar—. Amo mi trabajo como soldado. He dedicado años de esfuerzo considerable para construir la carrera que actualmente poseo, sin depender de nuestro apellido ni de favores especiales. Quitarme eso ahora, precisamente cuando finalmente he alcanzado el reconocimiento que tanto esfuerzo me costó ganar, representa una pérdida que ninguna protección adicional podría compensar completamente.




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