La investigación de Kael y Talaida sobre el ritual de la Comunión de las Siete Llamas los condujo, apenas dos días antes de la votación senatorial programada, hacia un descubrimiento que ninguno de los dos había anticipado completamente: una referencia, oculta entre los registros más antiguos y menos consultados del archivo real, a una cámara subterránea considerablemente más profunda que el propio Archivo Bajo donde Kael había descubierto originalmente la gema durante sus primeros meses trabajando en el castillo.
El hallazgo se produjo de forma casi accidental, como ocurría con tantos de los descubrimientos más significativos que ambos habían realizado durante sus respectivas investigaciones: Talaida, revisando un fragmento de pergamino que había sido catalogado erróneamente como un simple registro de inventario de los primeros años de la fundación, notó una serie de marcas marginales que, examinadas con mayor atención, resultaron ser no simples anotaciones administrativas sino referencias codificadas a un lugar que ningún otro documento mencionaba explícitamente.
—«La Cámara de los Fundadores» —leyó Talaida, traduciendo cuidadosamente el fragmento de texto que habían logrado localizar tras horas de búsqueda meticulosa entre los registros más profundos del archivo real—. Según este registro, se trata de un espacio ceremonial construido directamente por los propios Once Originales durante los primeros años de la fundación de Draxcan, sellado deliberadamente tras la Gran Disputa y considerado, desde entonces, perdido u olvidado por generaciones sucesivas de la propia línea real.
—¿Perdido? —repitió Kael, con un interés considerable que lo hizo incorporarse de su asiento, dejando a un lado el pergamino que había estado examinando hasta ese momento—. Eso sugiere que ni siquiera el rey actual conoce necesariamente su ubicación exacta.
—Exactamente mi propia conclusión. Aunque el texto ofrece ciertas pistas geográficas considerablemente específicas sobre su posible localización, sugiriendo que se encuentra considerablemente más profundo que cualquier sección actualmente accesible del castillo, posiblemente conectada mediante túneles que fueron deliberadamente sellados hace siglos. —Talaida señaló una serie de marcas en el margen del pergamino que Kael no había notado inicialmente, marcas que, una vez señaladas, resultaban inconfundiblemente deliberadas—. Estas anotaciones describen una escalera descendente oculta tras una sección específica de los cimientos, en la base de lo que hoy conocemos como la torre norte.
Ambos jóvenes compartieron aquel descubrimiento con Airoon esa misma tarde, encontrando al rey considerablemente intrigado ante la posibilidad de que aquella cámara perdida pudiera contener información adicional sobre el ritual que buscaban, o incluso, según sugirió con una esperanza cautelosa que Kael reconoció como característica de los momentos en que el monarca vislumbraba una posible respuesta a los misterios que lo habían atormentado durante décadas, pistas adicionales sobre la propia identidad completa de Kael.
—Nunca había escuchado mención alguna de esa cámara durante mi propio reinado, ni durante mi educación previa sobre la historia y los secretos que mi propio padre me transmitió antes de su muerte —admitió Airoon, considerando la información con una fascinación evidente que iluminaba sus ojos cansados con un brillo que Kael no le había visto en semanas—. Si realmente existe, y si permanece sellada desde la propia Gran Disputa, entonces podría representar, efectivamente, una de las fuentes más antiguas y menos alteradas de información sobre los verdaderos acontecimientos de la fundación de este reino.
El rey se levantó de su asiento y caminó hacia la ventana, contemplando el atardecer que se extendía sobre Draxcan con una expresión pensativa que Kael había aprendido a interpretar como señal de que procesaba información considerablemente significativa. Permaneció allí durante un largo momento antes de girarse nuevamente hacia los jóvenes.
—El texto sugiere que el acceso original se encontraba en una sección del castillo correspondiente, según la disposición arquitectónica actual, a los cimientos más profundos de la torre norte —explicó Talaida, señalando un diagrama fragmentario que habían logrado reconstruir parcialmente a partir de referencias dispersas en múltiples documentos—. Considerablemente más allá de cualquier sección del Archivo Bajo que hayamos explorado hasta ahora.
—La torre norte ha permanecido en gran parte sin uso durante generaciones, utilizada principalmente como almacén de archivos administrativos de poca importancia —reflexionó Airoon en voz alta—. Que algo tan significativo haya permanecido oculto precisamente debajo de una de las secciones más ignoradas del castillo resulta, en retrospectiva, considerablemente lógico: los propios fundadores habrían elegido ocultar sus secretos más profundos en el lugar donde menos probable fuera que alguien los buscara.
—Necesitamos investigar esa posibilidad, aunque con la máxima cautela posible —decidió Airoon, tras considerar la propuesta con una seriedad evidente—. Dada la proximidad de la votación senatorial y la tensión política considerable que enfrentamos actualmente, prefiero que esta expedición se realice con el menor número de personas posible, manteniendo la máxima discreción.
La expedición se organizó para aquella misma noche, con Kael, Talaida, Lyssara y Draecus formando el grupo reducido que Airoon consideró apropiado para aquella investigación, mientras Doren permanecía en el castillo coordinando la seguridad general y manteniendo comunicación constante con el resto del círculo de confianza en caso de cualquier emergencia inesperada. La elección de Draecus como parte del equipo respondía tanto a su experiencia en la exploración de espacios potencialmente peligrosos como a su conocimiento profundo de las capacidades defensivas de Kael, que podría resultar crucial si la cámara contenía alguna forma de protección mágica residual.