Silencio total.
Pero no era ausencia de sonido: era un silencio vivo, como si miles de susurros se reprimieran al borde del oído. Un mundo que no debería existir.
Luces distorsionadas giran en el horizonte como si el tiempo estuviera dándose vuelta.
El portal no era una simple fisura.
Era un abismo que respiraba.
Los cuatro miembros restantes de la Liga del Caos atravesaron la grieta dimensional uno tras otro, envueltos por un torbellino de luces que no obedecían forma ni color.
Por un instante, sus cuerpos parecían disolverse, reducidos a impulsos eléctricos, a vibraciones fuera del tiempo.
Y luego, de pronto... todo cesó.
Caían.
O al menos eso parecía.
No había arriba ni abajo. Solo una oscuridad inmensa, líquida y rugosa, donde cada partícula del vacío parecía tener conciencia propia. Como si ese lugar los estuviera observando... desde dentro de ellos mismos.
Un estruendo silencioso los sacudió. Y entonces, colapsaron contra una superficie invisible.
El suelo no era roca ni metal. Era más parecido a un recuerdo sólido. Pulsaba levemente, como si la realidad latiera bajo sus pies.
Magic fue el primero en hablar, en su voz se notaba una confusión de no saber en dónde se encuentran.
-Esto no es ninguna dimensión conocida... esto es un no-lugar. Un intersticio entre realidades.
A su alrededor, todo era neblina suspendida en un infinito opaco. No había estrellas. No había luz. Y sin embargo, podían ver. Como si el lugar los dejara ver lo que necesitaban... o lo que quería que vieran.
Ice, aún de rodillas, tocó la superficie con sus dedos congelados.
-No hay humedad... pero siento frío. Frío como el que precede a una muerte lenta.
-Me siento raro -gruñó Punch, golpeando el suelo con el puño-. No puedo romper esto. No es sólido. No... responde.
-Esto no es un lugar -dijo Serafín, de pie con la mirada clavada en la inmensidad-. Es una idea.
Silencio.
Magic cerró los ojos por un momento. Su gema violeta parpadeaba en su frente como un corazón herido.
-¿Nikron nos mandó aquí? ¿Por qué?
-Porque esto... es donde está atrapado Johny -dijo Serafín, con el rostro endurecido-. Un limbo entre planos. Nikron lo llamó "la grieta sin tiempo".
-¿Pero como saldremos de acá? O mejor dicho ¿Cómo sabemos a dónde ir?- dijo Magic.
Una corriente de viento imposible acarició sus rostros. No movía sus cabellos, pero sus pensamientos temblaron. Algo -o alguien- los estaba rozando, en un plano más profundo.
-No estamos solos -dijo Ice, alzando la mano.
A la distancia, figuras distorsionadas danzaban entre fragmentos de geometría flotante.
Torres invertidas colgaban del vacío como dientes, y esferas translúcidas se deslizaban en el aire, como si observaran en silencio.
-Miren eso... -dijo Magic, señalando.
A lo lejos, un reflejo borroso de Velthara flotaba roto, como un recuerdo olvidado en pedazos. Cada fragmento suspendido giraba lentamente, repitiendo escenas inconexas: una batalla congelada en bucle, un beso que no ocurrió, un grito sin sonido. Eran versiones de la historia que no sucedió. Caminos truncos.
-No me gusta esto -masculló Punch-.Esto no es guerra. Esto es locura.
-No, Punch... -dijo Ice-. Esto fue una guerra. Lo que vemos son los restos.
Magic apretó los dientes.
Una de las torres cercanas cambió de forma repentinamente. De su interior surgió una proyección de sí mismos... distorsionada.
Las versiones desaparecieron al parpadear.
-Este lugar nos está mostrando... posibilidades -dijo Serafín, cruzando los brazos con tensión-. Fracasos que podríamos haber sido.
Una voz surgió entonces, sin boca, sin fuente.
-No deberían haber venido...
Se detuvieron. El suelo tembló.
-Este es el plano de lo destruidon. El eco de lo que no funcionó. Y ustedes... traen demasiado ruido.
Magic levantó sus manos. Su poder brillaba, pero se sentía más denso, más lento. Como si el vacío lo absorbiera todo un segundo después.
-¿Quién está ahí? -gritó.
Y entonces... lo vieron.
Una sombra se alzó desde una de las columnas flotantes. No caminaba. Flotaba.su silueta era reconocible: era Johny. Pero uno distinto. Con un traje viejo, gastado. Un Johny roto.
-No es él -susurró Serafín-. Es otra versión.
Y desapareció.
El grupo no habló por un largo rato. Solo caminaron. Las leyes físicas no se cumplían. A veces avanzaban en línea recta pero terminaban detrás de donde empezaron. A veces caminaban sobre nada. A veces lo hacían dentro de un recuerdo.
Punch alzó la voz en un momento:
-Este lugar es peor que una prisión. No hay enemigos claros. No hay dirección. Solo... espejismos.
-Eso es porque este sitio es un espejo de errores -dijo Ice, con los ojos perdidos-. Está diseñado para quebrarte desde adentro.
Los ecos ya no eran susurros, ahora eran pulsos. Como si la grieta misma hubiese comenzado a latir. Cada paso de la Liga del Caos resonaba como un trueno apagado que se expandía en todas direcciones. Ya no caminaban: se deslizaban sobre superficies que se doblaban en sí mismas, como si el espacio no recordara cómo funcionar correctamente.
-Este lugar nos está llevando hacia algo -dijo Ice, mirando una fisura flotante que giraba como un reloj sin manecillas.
-¿O hacia alguien? -agregó Magic, su voz temblando con tensión.
Fue entonces que lo sintieron.
Una onda de energía cruzó el limbo. No era oscura, ni caótica. Era... familiar.
Luz.
Una brecha se abrió frente a ellos. No era como las otras, no era una grieta rota. Era limpia. Precisa.
Vibraba con una frecuencia armónica. De su interior, emergieron cuatro figuras.
Y al verlas, los cuatro miembros de la Liga del Caos se detuvieron, helados.
-¿Qué... demonios...? -dijo Punch, apretando los puños.
Frente a ellos estaban... ellos.