The Lightning #1: Un Nuevo Mundo

Capitulo 13: El angel caido

La primera sensación fue el frío. Un frío húmedo y áspero que se le colaba por los poros, muy distinto al clima controlado del Domo Central o incluso a la electricidad estática de la guarida de la Liga. Serafín abrió los ojos. No fue un despertar gradual, sino un regreso abrupto a una realidad ingrata. El techo sobre su cabeza era de cemento desnudo, salpicado de manchas de humedad y telarañas espesas. El aire olía a polvo viejo, óxido y el tenue rezago de productos químicos industriales. Estaba tumbado sobre una litera metálica, con una delgada y áspera manta como único consuelo. Weston. La misión.

Los ecos del pasado-el rechazo de The Force, la ejecución del Gobernador-se disiparon como humo, pero dejaban una cicatriz ardiente en su psique. Eran el recordatorio de por qué estaba aquí, en esta ciudad podrida, lejos del pedestal que por derecho le correspondía en Velthara.

Fue entonces cuando la voz llegó. No un sonido, sino una presencia mental, fría, lógica e implacable, que se formó en el centro de su conciencia como un cristal afilado.

«Punch sigue el rastro de la 'Reina'. Ice está infiltrándose. Tu divagación, Serafín, es un lujo que no nos podemos permitir. Estás tardando.»

Era Magic. Su tono era plano, carente de la deferencia que Serafín consideraba su derecho. No era una actualización, era un reproche. Una impertinencia.

Serafín no se movió de la litera. No abrió los ojos. Su respuesta mental fue un muro de hielo y orgullo.

«Recuerda a quién le hablas, Magic.» Las palabras, proyectadas con una claridad cortante, llevaban el peso de su autoridad autoimpuesta. «No soy uno de tus subordinados para que me apresures. Soy el arquitecto de este plan. La visión que guía tu fuerza bruta y tu infiltración.»

El silencio del otro lado fue breve, cargado de una paciencia que se sentía como un insulto.

«La eficiencia no es subordinación. Es lógica. Necesitamos resultados.»

«Y los resultados seguirán mi método», replicó Serafín, permitiendo que un dejo de su desprecio más profundo se filtrara en el enlace telepático. «Mientras Punch sigue el rastro del olor y Ice se mancha con la chusma, yo sigo las corrientes de poder. Los patrones sutiles que se te escapan, Magic. Tu mente, por vasta que sea, opera en la superficie. La verdadera fuente deja una huella en el tejido mismo de lo real, una resonancia que solo un oído afinado puede captar. Yo escucho la sinfonía. Ustedes solo oyen el ruido.»

Se permitió una pausa, saboreando su propia superioridad retórica. Aquí, en esta miseria, su intelecto y su percepción refinada eran su verdadero trono.

«Mantén a Punch enfocado. A Ice, oculto. Yo determinaré cuándo y cómo se mueve la pieza maestra. No olvides que fue mi visión la que le dió poder a la Liga. Mi orden es lo que les da un propósito más allá de su caótica existencia.»

Cortó la comunicación mental con la brusquedad de un portazo. No había nada más que discutir. Dejó que el silencio-el silencio físico de la habitación abandonada y el silencio mental ahora vacío de la voz de Magic-lo envolviera de nuevo. Se incorporó, sus alas, plegadas, rozaron la pared fría detrás de él. Sus ojos, de un azul glacial, escudriñaron la penumbra. La austeridad del lugar no era una humillación, sino una prueba más. El mundo, en su tosquedad, siempre ponía a prueba a sus elegidos antes de entregarles las llaves. Y él, Serafín, estaba más seguro que nunca de ser el único que podía tomarlas. Su método no era solo superior; era divino. Y cualquier otra voz, incluso la de la lógica fría, era solo un eco de la misma debilidad que había jurado erradicar.

Los dias anteriores de búsqueda había sido un ejercicio de paciencia divina, una prueba más impuesta por un universo que insistía en medir su valía. Durante días, Serafín se había movido por los bajos fondos de Weston como un cirujano buscando un tumor escondido. Sus alas, un estandarte de pureza en la podredumbre, permanecían ocultas bajo una capa de lino grueso que no lograba sofocar el aura de autoridad incuestionable que emanaba de él.

Las pistas no eran más que susurros, ecos de una fe que se negaba a mostrarse. Símbolos borrosos grabados en la madera podrida de los muelles, conversaciones ahogadas en tabernas donde el aire era espeso por el humo y la desesperanza. Hablaban de "Los que Escuchan el Vacío". Para una mente común, era el rumor de lunáticos. Para Magic, una pérdida de tiempo. Pero Serafín, cuya percepción estaba sintonizada con las corrientes más profundas de la realidad, veía un patrón. Un patrón deliberadamente oculto, lo que solo podía significar que protegía algo de un valor incalculable.

Cada callejón sin salida, cada informante que desaparecía en la nada, no hacía más que alimentar la llama de su certeza. La dificultad era el altar en el que se sacrificaba la duda. Solo un poder primordial merecería tal velo de oscuridad.

Y entonces, el hilo de Ariadna se tensó. En una cisterna subterránea que olía a orín y derrota, un hombre demacrado, con los ojos vidriosos por alguna sustancia barata, farfulló sobre "cantos en la llanura" Sus palabras eran incoherentes, pero sus pupilas dilatadas se contrajeron de forma involuntaria al mirar hacia el noroeste, hacia donde la bestia urbana de Weston agonizaba y daba paso a la vastedad indómita de las llanuras, en el límite mismo con Ryletown.

Era suficiente. Serafín abandonó la ciudad sin un solo vistazo atrás. Sus alas se desplegaron con un sonido que desgarró la bruma gris de la periferia, y ascendió. La transición fue violenta. El rugido del tráfico y el zumbido de millones de vidas se apagaron, reemplazados por un silencio tan absoluto que casi tenía peso. Bajo él, el paisaje se transformó en un mosaico de tierras de cultivo agotadas, colinas bajas y caminos de tierra que serpenteaban hacia la nada. El aire, limpio de la contaminación de la ciudad, olía a polvo y a hierba seca.

Voló hasta que la última sombra de la civilización se convirtió en un mal recuerdo en el horizonte. Y entonces, su mirada, aguda como la de un halcón, lo encontró.



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En el texto hay: asesinato, abuso, violecia

Editado: 26.01.2026

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