El retador eco de las palabras de Serafín —"Ven y averígualo"— aún colgaba en el aire cargado de estática cuando un nuevo sonido irrumpió en el silencio del cráter. No era el rugido de un motor, sino el zumbido eléctrico de mala calidad y una voz, tensa pero decidida, que se abría paso entre el crepitar de los incendios.
—prueba de audio… ¿sí? Okay. Okay. Aquí vamos.
Una luz blanca y temblorosa, proveniente del borde más alejado del cráter, barrió la escena. No era la luz dura de los reflectores de la Guardia, ni el resplandor sobrenatural de los poderes en juego. Era la luz fría y expuesta de la pantalla de un teléfono, sostenida por una mano que apenas lograba mantenerla estable.
La cámara se elevó, revelando detrás de la luz el rostro pálido y sucio de Roseanne “Roose” Valerio. Su característico pelo rosa estaba cubierto de una capa de polvo gris, y una pequeña cortada sangraba en su sien. Sus ojos, normalmente llenos de sarcasmo cínico, estaban desorbitados, pero firmes. Había un miedo palpable en ellos, pero por encima de eso, una determinación obcecada.
-Hola, Weston. Soy Roose, de ‘La Verdad de Weston’-. Su voz, transmitida en vivo a miles de pantallas que se encendían en la madrugada aterrorizada, sonaba extrañamente clara, un hilo de cordura en la locura. -Y ya que es la hora que es… pero todos nos despertamos con las explosiones, luego con esa transmisión del WNN… y la aparente muerte de Marco Seeger y su equipo-. Hizo una pausa, tragando saliva. El nombre de su colega pesaba en el aire. -Sentí que… que era mi deber venir yo misma. Mostrarles. Así que agarré mi moto y me vine. A toda velocidad. Sí, me pasé varias luces rojas. Multenme después, si es que hay un "después". Pero como sea… esto… esto está ocurriendo. Ahora mismo. En la zona de fábricas.
Con movimientos nerviosos, giró la cámara de su teléfono, y el lente, de una calidad sorprendentemente buena para estar en medio de una guerra, empezó a capturar el infierno.
La imagen se balanceó, se inclinó, y luego se estabilizó en el centro del cráter. Allí, bañado por la luz grisácea del amanecer y el resplandor residual de su propia energía, Johny. The Lightning.
-Dios mío…- susurró Roose, su voz un hilo de asombro transmitido a toda la ciudad. -Ahí está. The Lightning. Nuestro ‘Rayo Dorado'-. La cámara hizo un zoom tembloroso. -Pero mírenlo. Mírenlo bien. No es como en los actos de Chandler. No está posando- La imagen capturó la tensión perfecta en su postura, los puños como piedras a los costados. La energía dorada no era un efecto de luz; era una piel de poder, crepitando con una ira contenida y electrizante. -Parece… parece un dios de la guerra. Uno de los de verdad. Y está mirando…
La cámara siguió la línea de visión de Johny, y Roose contuvo la respiración.
-Allí… en el otro lado…- El lente capturó primero a Serafín. El hombre alto, de rasgos marcados, con un ala blanca rota y colgando de forma grotesca. Sangre, mucho más de la que un humano podría perder y seguir en pie. -Uno de ellos. Tiene… ¿alas?- Su voz se elevó en incredulidad. Pero entonces, el zoom se ajustó, y Roose vio algo que la hizo quedarse sin aliento. -Esperen… esperen. En su pecho. ¿Ven eso? Esa luz azul. No es un reflector. Es… es una gema. Incrustada. Como la que tiene The Lightning en su traje, pero azul.
El lente se movió, barriendo. Encontró a Magic, flotando en silencio, su túnica ondeando en una brisa que no existía. -Otro… Este flota. No le importa nada- La cámara se fijó en su frente. -¡Otra! Otra gema. Violeta. ¡Todos tienen una!
Rápidamente, enfocó a Punch, la montaña de músculo y cicatrices que sonreía con una sed sanguinaria. -El gigante…- Y allí, en el centro de su torso magullado, latía una gema de un rojo oscuro, como un carbón ardiente.
Finalmente, el lente, ya moviéndose con la desesperación de quien está conectando puntos catastróficos, encontró a Gus (Ice), aún protegiendo a Ashley. -Y ese… el de la escarcha- La gema en su pecho era de un azul pálido, casi blanco, como el corazón de un iceberg.
Roose dejó escapar un jadeo que fue transmitido en directo a miles de hogares.
-¿Lo ven? ¿LO VEN?- Su voz perdió la compostura profesional, llena de una revelación aterradora. -Todas las gemas. En el pecho. Como The Lightning. No son tecnología. No son armadura. Está en ellos. ¡Son de la misma… especie! The Lightning no es un accidente. No es un único salvador que cayó del cielo- Hizo una pausa dramática, su mente de periodista hilando la historia más grande y más peligrosa de su vida. -Trajo… no, quizás lo siguieron. Esto no es un ataque de un solo hombre. Esto es una invasión. Una guerra entre su raza, y nosotros somos el campo de batalla.
Mientras Roose hablaba, la barra de comentarios en su transmisión en vivo, visible en una pequeña esquina de su pantalla, estallaba en una crisis nerviosa colectiva.
Usuario_WestonLeal: ¡LO SABÍA! ¡Ese Rayo venía a conquistarnos! ¡Es el caballo de Troya!
DefensorDelRayo:¡Cállate! ¡Él nos salvó del Rey del Mar! ¡Está enfrentándose a ellos, ¿no lo ves?!
LoquenecesitaWeston:¿Qué son? ¿De dónde vienen? ¿Por qué nuestra ciudad?
TeóricoCaótico:Son dioses. Dioses menores peleando por nuestro mundo. La Tormenta Caótica fue su llegada.
Usuario_WestonLeal: @DefensorDelRayo ¿Y por qué todos tienen el mismo poder? ¡SON UN CLAN! ¡CHANDLER NOS VENDIÓ!
TheChandlerGate:En mi opinión todo esto es teatro, ya que se vienen las elecciones dentro de poco y Chandler querrá conseguir la mayoría de votos, obvio que va a poner a su mascota como el salvador.
WESTONgrande_de_nuevo:Lávate la boca antes de hablar mal de nuestro alcalde.
Roose, mirando de reojo los comentarios, tragó en seco. La teoría estaba ahí, envenenando la narrativa. Pero su deber era mostrar todo.
-No… no son los únicos- dijo, girando la cámara. Enfocó a los guardias caídos con cascos de ajedrez. -Aquí también- El lente barrió los cuerpos de los mafiosos de traje elegante. -Y esos… las familias. Gionovan, Palazzo. Kagekawa, Por los colores. Todos… todos metidos en esto.