The Lightning #1: Un Nuevo Mundo

Capitulo 21: Huellas de fantasmas parte 2

La puerta cedió con un gemido de bisagras oxidadas, liberando una bocanada de aire viciado que era un cóctel palpable de sudor envejecido, cerveza derramada, tabaco barato y el dulce tufo a desinfectante que no lograba enmascarar nada. "El Último Tren" era exactamente lo que su nombre sugería: un lugar de última parada.

La luz era escasa, procedente de unas pocas bombillas desnudas colgadas del techo con cables pelados, y del letrero de neón rojo en la ventana que proyectaba un resplandor enfermizo sobre los rostros de los parroquianos. El suelo de madera estaba gastado hasta la fibra, manchado con décadas de derrames y ceniza. A la derecha, una barra larga y desconchada, detrás de la cual un espejo agrietado multiplicaba las imágenes de botellas polvorientas y las caras de los clientes en fragmentos distorsionados. A la izquierda, una serie de mesas bajas y bancos, la mayoría ocupados por figuras que parecían más sombras que personas, inclinadas sobre vasos, susurrando o simplemente mirando al vacío con ojos vidriosos. En un rincón, un piano vertical, desafinado y olvidado, completaba la escena melancólica. El murmullo era bajo, un zumbido de conversaciones clandestinas que se detenían un instante cuando Reynolds cruzó el umbral, sintiendo el peso de varias miradas que lo escrutaban antes de desviarse, decididas a no verlo.

Se dirigió a la barra, buscando un taburete alejado de los grupos. El crujido de la madera bajo sus botas parecía excesivamente alto en ese silencio cargado. Se sentó, apoyando los codos en la superficie pegajosa.

Un reguero de sangre, mezclado con llovizna y sudor, le resbalaba desde el corte en la ceja izquierda. Cayó sobre la barra con un pequeño plop húmedo. El cantinero, un hombre corpulento con la cabeza afeitada y brazos tatuados con motivos marineros borrosos, se acercó sin prisa. No dijo nada al principio. Observó la mancha roja y oscura extendiéndose sobre la formica sucia, luego alzó la vista hacia la herida de Reynolds. Con un movimiento que parecía parte de un ritual, agarró un trapo gris y húmedo de debajo de la barra y lo deslizó hacia él, junto a un vaso de agua turbia que nadie había pedido.

Reynolds miró el trapo, luego al hombre. Asintió, un gesto casi imperceptible de agradecimiento por el gesto mínimo pero significativo. Tomó el trapo y se lo presionó contra la ceja. El contacto áspero y frío le recordó el dolor que había estado ignorando.

Solo entonces, el cantinero habló, su voz un gruñido desde el fondo de un pozo: -¿Qué va a ser?

-Whisky. Lo más fuerte que tenga- dijo Reynolds, sin mirarlo a los ojos, fijando la vista en las etiquetas descoloridas de las botellas tras el espejo roto.

El cantinero asintió, sirviendo un líquido ámbar oscuro en un vaso bajo y grueso. Lo deslizó frente a él. Reynolds sacó un billete arrugado y lo dejó sobre la barra. El hombre lo cogió, hizo caja y, en lugar de alejarse, se quedó allí, apoyando sus grandes manos a cada lado del vaso.

-Tienes pinta de no ser de por aquí- dijo, no como una pregunta, sino como una constatación. Sus ojos, pequeños y hundidos, escudriñaron el corte en la ceja de Reynolds, la suciedad en su ropa, la tensión en sus hombros. -Y de haber tenido un día peor que el nuestro, que ya es decir.

Reynolds tomó el vaso y bebió un trago largo. El licor quemó suavemente al bajar, un fuego interno que contrastaba con el frío que llevaba dentro. No respondió de inmediato. Su "habilidad social de fachada", aquella capa de normalidad que la gente usa para navegar el mundo, estaba hecha añicos. Lo que quedaba era la brusquedad del soldado, la desconfianza del fugitivo y la urgencia obsesiva del vengador.

-Estoy buscando a alguien- dijo finalmente, su voz tan áspera como el whisky. -O a algunos.

El cantinero arqueó una ceja casi inexistente. -Aquí todo el mundo busca a alguien. O huye de alguien. ¿Policía? ¿Cobrador?

-Viejos soldados- aclaró Reynolds, girando el vaso entre sus dedos. -De los de antes. De un Escuadrón.

El nombre cayó en el aire como una piedra en un estanque quieto. El murmullo en las mesas cercanas pareció apagarse un grado más. El cantinero no se inmutó, pero algo se endureció en su mirada.

-Palabras viejas. De otro tiempo. Esa gente... se fue. O se los llevaron.

-No todos- insistió Reynolds, bajando la voz pero sin suavizar su tono. Era directo, casi agresivo en su falta de diplomacia. -Un pueblo como este, lejos de todo... es un buen lugar para esconderse. Para alguien que sabe cómo moverse, cómo sobrevivir. Un estratega, por ejemplo.

-¿Y qué le importa a usted un antiguo grupo de héroes?- preguntó el cantinero, cruzando los brazos. Su postura era ahora claramente defensiva.

Reynolds lo miró por fin a los ojos. Allí, en la penumbra, no había lugar para mentiras elaboradas. Solo para una verdad a medias, lo suficientemente poderosa como para resonar.

-Porque el hombre que los traicionó, que los mandó a matar o a esconderse, todavía está en el poder. Y está matando a más gente. Gente que no hizo nada más que sobrevivir a una tormenta. Como hizo con mi hermano- Las últimas palabras salieron cargadas de un veneno personal que no pudo disimular. Era demasiado directo, demasiado emocional para ser un mero buscador de información.

El cantinero sostuvo su mirada por un largo momento. Luego, lentamente, bajó los brazos. Su expresión no se suavizó, pero la hostilidad abierta dio paso a una cautela calculadora.

-Hablas muy claro para un hombre con una herida fresca y ropa de ciudad- dijo, su voz ahora un susurro que solo Reynolds podía oír sobre el zumbido del bar. -Demasiado claro. En RyleTown, la claridad atrae moscas. Y aquí las moscas tienen cuchillos y favores que pagar.

Se inclinó un poco más. -Si de verdad buscas fantasmas, no los preguntes a gritos. Obsérvalos. El Payaso del que todos murmuran... él no apareció de la nada.

Fue una pista. Deliberadamente vaga, pero una pista al fin. Reynolds asintió, comprendiendo. Su enfoque directo había sido un error, pero había tocado una fibra. Había sacudido el polvo de un recuerdo compartido.



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En el texto hay: asesinato, abuso, violecia

Editado: 26.01.2026

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