The Oiran : Chāng fù - 花魁

Capitulo 3

La puerta corrediza se cerró suavemente detrás de Takeda Ren.

El pasillo estaba iluminado por la tenue luz de los faroles rojos que decoraban la entrada de la Casa Kokuchi. Una de las asistentes lo acompañó hasta la salida con una reverencia respetuosa.

– Esperamos volver a verlo pronto – dijo con una sonrisa educada. Ren asintió levemente antes de salir nuevamente a las calles nocturnas de Yoshiwara, en la ciudad de Edo.

Sin embargo, antes de alejarse, levantó la mirada una vez más hacia la casa como si algo lo invitara a regresar.

Durante unos instantes permaneció inmóvil observando la entrada de la Casa Kokuchi. La luz de los faroles rojos iluminaba las puertas de madera y las telas que decoraban el exterior a su alrededor, el distrito nocturno seguía lleno de vida.

Hombres riendo, música de shamisen sonando a lo lejos y el murmullo constante de conversaciones llenaban las calles de Yoshiwara, en la ciudad de Edo.

Pero Ren apenas prestaba atención a todo aquello su mente seguía en la habitación que acababa de abandonar.

En la mujer que había estado sentada frente a él.

Mari.

Una ligera sonrisa apareció en su rostro.

– Interesante... – murmuró en voz baja luego finalmente comenzó a caminar entre la multitud.

Dentro de la habitación, Mari permanecía sentada frente a la mesa baja. La taza de té aún estaba entre sus manos sus ojos permanecían fijos en la puerta por donde Takeda Ren había salido hacía unos momentos.

Las asistentes no tardaron en comenzar a murmurar entre ellas una vez que Mari se quedó en silencio.

– Mari-sama aceptó verlo demasiado rápido... – susurró una de ellas.

– Es verdad – respondió otra – Muchos hombres han intentado conocerla y ni siquiera han tenido la oportunidad de entrar a esa habitación. –

La primera asistente miró hacia la puerta por donde Ren se había marchado.

– Pero ese hombre... era diferente. –

– ¿Diferente cómo? – preguntó la otra con curiosidad. La joven dudó un momento antes de responder.

– No lo sé... pero no parecía intimidado en absoluto. –

Cuando terminan de secretear una de las asistentes se dirige a Mari. – Mari-sama... – murmuró una de las asistentes con curiosidad. – ¿Qué le pareció ese hombre? –

Mari guardó silencio unos segundos antes de responder. – Es... extraño. –

– ¿Extraño? – preguntó otra joven.

– Sí – respondió Mari con calma. – No actúa como un cliente común. –

Las asistentes intercambiaron miradas curiosas.

– Mari-sama – dijo una de las asistentes con cierta preocupación. – Mañana vendrá nuevamente el señor Kuroda. –

Al escuchar ese nombre, la expresión de Mari cambió ligeramente.

La habitación quedó en silencio las jóvenes sabían perfectamente lo que significaba ese nombre dentro del distrito.

Kuroda no solo era un cliente rico.

Era uno de los hombres más influyentes que visitaban Yoshiwara por ahora. Durante meses había intentado comprar la exclusividad de Mari, ofreciendo sumas de dinero que habrían hecho famosa a cualquier otra oiran.

Pero Mari siempre lo había rechazado.

Las asistentes intercambiaron miradas incómodas.

– El señor Kuroda no se rinde fácilmente – susurró una de ellas.

– Ni tampoco acepta un rechazo – añadió otra con preocupación.

Una de las aprendices bajó la voz aún más. – Dicen que la última vez que una oiran rechazó su oferta... dejó de trabajar en Yoshiwara poco después. –

La habitación quedó en silencio.

Nadie sabía si aquello era verdad o solo un rumor... pero todas sabían que Kuroda era un hombre al que convenía no provocar.

Mari se levantó lentamente y caminó hacia la ventana.

Afuera, los faroles iluminaban las calles llenas de vida del distrito, sin embargo, sus pensamientos no estaban allí. Estaban en un solo hombre.

Takeda Ren.

Mari entrecerró ligeramente los ojos.

– Ese hombre... – murmuró para sí misma – ¿quién eres realmente? –

Las jóvenes asistentes se quedaron en silencio durante unos segundos después de mencionar ese nombre.

Una de las aprendices que había estado escuchando desde el pasillo se acercó con curiosidad.

– ¿Era muy apuesto ese hombre que vino hoy? – preguntó en voz baja. Una de las asistentes sonrió ligeramente.

– Bastante. Pero no era eso lo extraño. –

– Entonces ¿qué? – la joven pensó un momento antes de responder.

– La forma en la que miraba a Mari-sama. –

– ¿Cómo? –

– Como si no estuviera mirando a una oiran... sino a una mujer. – Las otras jóvenes se miraron entre ellas con sorpresa.

En Yoshiwara, muchos hombres venían buscando belleza, prestigio o entretenimiento. Pero pocos miraban a una oiran de aquella manera.

Mari permanecía en silencio cerca de la ventana mientras escuchaba las conversaciones detrás de ella, esta apoyó suavemente la mano sobre el marco de madera de la ventana. Afuera, la noche continuaba viva en las calles iluminadas por faroles de Yoshiwara, en la ciudad de Edo. Pero sus pensamientos estaban en otra parte. Recordaba claramente el momento del desfile de aquella tarde.

Las calles llenas de gente.

Los faroles iluminando el camino. El sonido de los pasos ceremoniales mientras avanzaba durante el Oiran Dōchū. Había visto miles de rostros entre la multitud a lo largo de los años.

Rostros admirados.

Rostros fascinados.

Rostros codiciosos.

Pero el de Takeda Ren había sido distinto.

– Ese hombre... – murmuró nuevamente, no había deseo exagerado en su mirada, tampoco arrogancia solo una calma extraña... y una curiosidad que parecía tan profunda como la de ella misma.

Algo en su interior le decía que aquel encuentro no había sido casual.

Y que, de alguna manera, sus caminos volverían a cruzarse.



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En el texto hay: historia, amor imposible, romance

Editado: 14.03.2026

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