The Oiran : Chāng fù - 花魁

Capitulo 5

El murmullo dentro de la Casa Kokuchi disminuyó ligeramente cuando el nuevo visitante cruzó la entrada. Los faroles iluminaban suavemente el interior mientras varias asistentes se inclinaban para darle la bienvenida.

Takeda Ren caminó con calma hacia el interior.

Su kimono oscuro era sencillo, pero su presencia llamaba la atención de una forma difícil de explicar. Sus pasos eran tranquilos, seguros.

Como si nada dentro de aquella casa pudiera inquietarlo. Desde el otro lado de la sala, Mari lo observó en silencio pues no esperaba verlo nuevamente tan pronto, sin embargo, una parte de ella no parecía sorprendida. Algo le decía que aquel hombre volvería.

Sus ojos se encontraron por un instante solo un segundo, pero fue suficiente para que ambos se reconocieran.

Kuroda no tardó en notar aquel breve intercambio de miradas sus ojos se posaron lentamente sobre el recién llegado. Lo observó de pies a cabeza.

El kimono oscuro, la forma tranquila en que caminaba, la ausencia total de nerviosismo. Algo en aquel hombre no encajaba con la apariencia de un simple visitante.

– Así que usted es el hombre del que escuché hablar – dijo Kuroda finalmente su voz fue lo suficientemente alta para que Ren la escuchara.

Varias de las asistentes se tensaron ligeramente.

Ren detuvo sus pasos y dirigió su mirada hacia él.

– ¿Perdón? – respondió con tranquilidad.

Kuroda sonrió levemente.

– Parece que ha causado cierta curiosidad dentro de esta casa. – Sus dedos golpearon suavemente la mesa. – Después de todo, no es común que Mari acepte a un hombre tan rápido. –

Ren lo observó durante unos segundos antes de responder.

– No sabía que necesitaba permiso de otros hombres para visitar esta casa –

Mari observaba la escena en silencio.

Finalmente habló.

– Señor Kuroda. – Su voz fue suave, pero suficiente para llamar la atención de ambos. – Este es un lugar de entretenimiento no veo motivo para convertirlo en un interrogatorio.

Kuroda soltó una pequeña risa.

– Solo tengo curiosidad. – Luego miró nuevamente a Ren. – Después de todo… no todos los días aparece un hombre capaz de llamar la atención de Mari.

Ren sostuvo su mirada sin inmutarse.

– Entonces tal vez esta noche sea interesante. –

Durante unos segundos, ninguno de los dos apartó la mirada.

La tensión en la sala se volvió tan evidente que incluso las conversaciones de los otros clientes comenzaron a apagarse poco a poco.

Varias asistentes observaban la escena desde la distancia sin atreverse a intervenir.

Ren dio un paso más hacia el interior de la sala.

Sus movimientos seguían siendo tranquilos, como si no hubiera notado la incomodidad que comenzaba a llenar el ambiente. Una joven asistente se acercó rápidamente con una bandeja de sake, intentando suavizar la situación.

– ¿Desea tomar asiento, señor? – preguntó con respeto.

Ren inclinó ligeramente la cabeza en señal de agradecimiento y tomó asiento a una corta distancia de la mesa donde estaba Kuroda.

Kuroda lo observó con detenimiento mientras giraba lentamente su taza de sake entre los dedos.

– Es curioso – dijo finalmente – Muchos hombres llegan a Yoshiwara tratando de impresionar a todos con sus riquezas. – Su mirada descendió brevemente al sencillo kimono oscuro de Ren.

– Pero usted parece haber elegido lo contrario. –

Ren tomó la taza que la asistente había colocado frente a él.

– La ropa rara vez dice algo importante sobre una persona – respondió con calma.

Mari permanecía en silencio observando a ambos hombres, algo en aquella conversación le resultaba extraño. Ninguno parecía dispuesto a ceder y, sin embargo, ninguno elevaba la voz.

– Dígame algo – continuó Kuroda. Sus ojos se fijaron en Ren con mayor intensidad.

– ¿Es usted nuevo en Edo?, porque no recuerdo haberlo visto antes –

Ren bebió un pequeño sorbo de sake antes de responder.

– He estado en muchos lugares. – Su respuesta fue tranquila… pero también evasiva.

Kuroda apoyó lentamente la taza sobre la mesa.

– Entonces supongo que pronto sabremos más sobre usted. –

Ren levantó ligeramente la mirada.

– Tal vez. – Por un breve instante, sus ojos se encontraron nuevamente con los de Mari, algo en aquella mirada hizo que ella sintiera una curiosidad aún mayor porque, a pesar de todo lo que estaba ocurriendo en la sala…

Takeda Ren seguía comportándose como si nada de aquello pudiera afectarlo.

Durante unos instantes más, la conversación dentro de la sala volvió lentamente a la normalidad. Algunos clientes retomaron sus conversaciones, aunque varias miradas seguían dirigidas discretamente hacia la mesa donde se encontraban los dos hombres.

Kuroda parecía pensativo.

Sus dedos golpeaban suavemente la mesa de madera mientras observaba a Ren con atención.

– Takeda… – murmuró finalmente.

Ren levantó ligeramente la mirada.

– Es un apellido interesante. – Mari también notó ese pequeño detalle. El apellido había sido pronunciado con un tono diferente, como si Kuroda estuviera intentando recordar algo.

– No es un nombre que escuche con frecuencia por aquí – continuó Kuroda. Sus ojos se fijaron nuevamente en Ren. – Especialmente en un lugar como este. –

Ren sostuvo su mirada sin mostrar molestia.

– Hay muchos nombres que no suelen escucharse en ciertos lugares – respondió con calma.

Mari observaba a ambos en silencio. Algo en aquella conversación comenzaba a parecerle más importante de lo que había pensado al principio. Kuroda no era un hombre que hablara sin motivo y, sin embargo… Ren no parecía afectado en lo más mínimo.

Kuroda tomó nuevamente su taza de sake.

– Tal vez – dijo con una leve sonrisa – tengamos la oportunidad de conocernos mejor en otra ocasión. –

Ren inclinó ligeramente la cabeza. – Tal vez. – Por un momento, la mirada de Kuroda se desvió hacia Mari.



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En el texto hay: historia, amor imposible, romance

Editado: 22.03.2026

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