The Oiran : Chāng fù - 花魁

Capitulo 6

La noche continuaba en el distrito de Yoshiwara, en la ciudad de Edo. Sin embargo, dentro de la Casa Kokuchi, el ambiente había cambiado ligeramente, aunque la música y las conversaciones seguían, una tensión sutil permanecía en el aire. La presencia de dos hombres tan distintos en el mismo lugar no había pasado desapercibida cerca de la entrada, una joven asistente observaba discretamente a Ren.

Sus ojos mostraban una leve duda... como si intentara recordar algo.

– ¿Sucede algo? – susurró otra joven a su lado, la primera dudó antes de responder. – Ese hombre... –

– ¿Sí? –

– Escuché su nombre hace un momento. – La segunda inclinó ligeramente la cabeza.

– Takeda Ren. – La joven se quedó en silencio unos segundos, luego sus ojos se abrieron ligeramente. – Takeda... – Su voz bajó aún más. – Ese apellido... –

– ¿Qué pasa con él? – La asistente miró nuevamente hacia Ren. – Creo que pertenece a una familia muy importante. –

– ¿Importante? –

– No... – corrigió en voz baja – Mucho más que eso. –

La segunda asistente frunció ligeramente el ceño.

– ¿Estás segura de lo que dices? – Ambas guardaron silencio. La joven negó levemente, aunque su expresión seguía tensa.

– No completamente… pero ese apellido no es común. – Bajó aún más la voz.

– Lo escuché una vez… hace tiempo. –

– ¿Dónde? – La joven dudó unos segundos antes de responder.

– No lo recuerdo bien… pero no fue en un lugar como este. – Ambas guardaron silencio sus miradas volvieron a dirigirse hacia Ren casi al mismo tiempo.

– Entonces… – susurró la segunda – ¿qué hace alguien así en un lugar como Yoshiwara? –

Desde la sala, Mari observó a las jóvenes murmurar entre ellas. No podía escuchar claramente lo que decían... pero notó sus miradas dirigidas hacia Ren.

Algo estaba cambiando y ella lo percibió de inmediato.

Mari entrecerró ligeramente los ojos a lo largo de los años había aprendido a leer a las personas con facilidad sabía reconocer la arrogancia, el deseo, la ambición… incluso la mentira.

Pero Takeda Ren era distinto.

No había urgencia en su mirada. No había intención de impresionar. Ni siquiera parecía interesado en destacar y, sin embargo… toda la atención terminaba regresando a él.

– Qué extraño… – pensó. Porque por primera vez en mucho tiempo… no podía comprender completamente a alguien.

Kuroda no tardó en notar el cambio en el ambiente.

Sus ojos se entrecerraron ligeramente mientras observaba a Ren. – Interesante... – murmuró para sí mismo. No le agradaba no tener información y aquel hombre frente a él...parecía esconder mucho más de lo que mostraba.

Una de las asistentes se acercó a la mesa donde estaba Ren con una bandeja, pero, al inclinarse, su reverencia fue ligeramente más profunda de lo habitual. Tan sutil que pocos lo habrían notado.

Pero Mari sí lo hizo.

Y Kuroda también.

Ren tomó la taza sin darle importancia al gesto o, al menos, eso parecía, sostuvo la taza entre sus manos sin apartar la vista del líquido por un instante.

El reflejo de los faroles se movía suavemente en la superficie del sake. Sabía perfectamente que lo estaban observando.

No solo Kuroda.

No solo Mari.

Sino toda la sala. Aun así, no mostró reacción alguna como si aquella atención no significara nada.

Como si estuviera acostumbrado a algo mucho mayor lentamente, llevó la taza a sus labios y bebió un pequeño sorbo.

Tranquilo sin prisa.

Como si el tiempo a su alrededor no tuviera importancia.

Mari lo observó fijamente ahora estaba segura de algo. Ese hombre no era un visitante común. – Takeda Ren... – murmuró en su mente.

Mientras tanto, Kuroda apoyó lentamente su taza sobre la mesa. Sus ojos no se apartaron de Ren porque por primera vez en mucho tiempo...había encontrado a alguien en aquel lugar que no podía leer con facilidad.

Durante unos instantes, el sonido del shamisen volvió a llenar el ambiente, como si intentara ocultar la tensión que se había formado en la sala.

Sin embargo, las miradas seguían desviándose discretamente hacia el mismo lugar.

Hacia Takeda Ren.

La joven asistente que había reconocido el apellido dudó unos segundos antes de acercarse a una de mayor rango.

– Oye... – susurró con nerviosismo – creo que ese hombre... –

La otra la miró con seriedad.

– No hables de más – respondió en voz baja pero la joven insistió.

– Estoy casi segura... ese apellido pertenece a –

– Suficiente. – La interrumpió con firmeza antes de que terminara la frase.

– No digas nada si no estás completamente segura. – La joven bajó la mirada de inmediato.

– Sí... –

Desde su lugar, Mari no pudo escuchar las palabras exactas...pero sí percibió la tensión en aquel breve intercambio y eso solo confirmó lo que ya sospechaba.

Takeda Ren no era un hombre cualquiera

Mientras tanto, Ren permanecía en silencio, sosteniendo la taza de sake entre sus manos su expresión no había cambiado, pero por un breve instante... sus ojos se desviaron ligeramente hacia el grupo de asistentes. Como si hubiera notado algo.

Kuroda apoyó su brazo sobre la mesa, observándolo con mayor interés. – Curioso… – murmuró. – No muchos hombres pueden ignorar la atención de toda una sala. –

Ren no respondió de inmediato. – Tal vez – dijo finalmente – no todos le dan la misma importancia. –

Kuroda sonrió apenas.

– O tal vez… – añadió – algunos están acostumbrados a que los observen. –

Por un instante, el silencio volvió a instalarse entre ambos.

Kuroda observó aquel pequeño gesto y una leve sonrisa apareció en su rostro – Ya veo... —murmuró para sí mismo. No sabía exactamente quién era ese hombre, pero estaba seguro de algo. Aquella noche... había encontrado a alguien que no debía subestimar.

Y Mari, desde el otro lado de la sala, no apartó la mirada porque por primera vez en mucho tiempo... alguien había logrado despertar no solo su curiosidad... sino también algo mucho más peligroso.



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En el texto hay: historia, amor imposible, romance

Editado: 22.03.2026

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