Dejé de correr después de un rato. Ya no escuchaba nada persiguiéndome, así que me tranquilicé. Hacía tiempo que no veía una antorcha azul encendida, lo cual se me hacía raro, pero opté por no prestarle atención.
La pereza me ganó y me senté en el suelo a descansar. Sentía que podía quedarme dormido gracias a la tranquilidad de la oscuridad, aunque algo dentro de mí no me lo permitía.
Empecé a correr nuevamente. Mis pisadas no se escuchaban, lo cual decidí ignorar. No podía dejar de moverme por un dolor punzante en la planta de mis pies. El final del camino no se visualizaba.
Cada que avanzaba, todo se volvía más oscuro, lo cual era imposible, pero decidí ignorarlo por alguna sensación en mi pecho que me obligaba a seguir. Me detuve, agitado, intentando controlar mis quejidos al no poder respirar bien. Me faltaba el aire; mi pecho estaba a punto de estallar.
Necesitaba descansar. Aunque no oía pasos detrás de mí, no podía detenerme… o eso habría pensado hace un tiempo. Deseaba dormir, pero algo me impulsaba a seguir avanzando.
Mis piernas temblaban con cada paso que daba. Sentía que mis pies eran desgarrados al caminar y perdía más esperanza de que aquel camino tuviera fin. ¿Quizá había escogido el camino equivocado?
Empecé a creer que estaba caminando en círculos, pero sentía la pared distinta cada cierto tramo, lo cual me tranquilizaba. Aunque lo más fácil habría sido dejar una marca en algún lugar, pero no tenía nada para hacerlo.
Pensé en dañar mi ropa para dejar un rastro, lo cual me parecío la mejor opción por un breve instante, pero me detuvo la idea de morir de frío. Aun así, me quité la ropa y la rasgué con las manos, dejando trozos de tela mientras avanzaba. Un frío húmedo recorrió mi cuerpo desde la punta del dedo gordo del pie hasta mi ombligo. Todo mi cuerpo se erizó, sintiendo un asco tan grande que pensé que iba a vomitar.
Seguí caminando. No sabía cuánto tiempo había pasado desde la última vez que me detuve a descansar. Estaba bañado en sudor; a pesar del frío, sentía un horrible calor dentro de mi piel. Quería arrancármela.
Un hermoso cuchillo, el cual emitía un leve destello, me devolvió la esperanza de salir de ese lugar. Lo tomé y de inmediato me di cuenta del gran filo que tenía. Era perfecto para desollarme.
Empecé haciendo un corte superficial en el dedo pulgar de mi mano izquierda. No puedo describir la felicidad que sentí al ver mi sangre salir, todo se tranquilizó en mi mente. El calor desapareció y el frío empezó a sentirse cálido. Podía respirar bien, lo cual me hizo sonreír.
Seguí haciendo cortes leves en mis otros dedos, los cuales uní en medio de mi palma. La sangre empezó a fluir como un pequeño río rojo que desaparecía antes de tocar el suelo. Metí mis dedos en el interior de la herida y, de un jalón, arranqué toda la piel que la rodeaba.
Mi corazón palpitaba en cada uno de mis dedos. Podía ver cada músculo, sentir cada nervio y tocar cada tendón… pero no sentía dolor. Posicioné el cuchillo sobre mi garganta. Necesitaba saber si la sangre se veia igual sin importar de dónde saliera.
Un olor familiar me hizo detener. Pensé en aquel hombre desnudo que había dejado morir. Todo estaba oscuro. No lograba ver más allá de mis pies, los cuales empecé a sentir ajenos a mi, me los queria arrancar.
Algo comenzó a absorberme, mis venas comenzaron a hincharse. Cada dedo de mi mano izquierda se movian erraticamente, provocandome un hormiguo en todo mi cuerpo
De repente una intensa sensación me impulsó a correr, pero mis piernas me estorbaban. Tomé el cuchillo con mi mano derecha y me lo clavé en el muslo. la punta tocó el hueso, partiendose el cuchillo. Sin querer detenerme, abrí la carne con un corte recto.
Metí la mano dentro de la herida y toqué mi interior sintiendo una extraña paz que me hizo tirarme al suelo a descansar. Todo estaba en silencio. Podía dormir feliz…
Pero aquel olor me molestaba.
—Puta vida —grité, golpeando mi cabeza contra el suelo varias veces, hasta que pude ver unos enormes ojos azules brillando en la oscuridad.
Me observaban con una sonrisa cubierta de rojo. Emitían un chillido agudo y desagradable de felicidad.
Un horrible dolor atravesó mi mano izquierda. No podía mover los dedos. Mi mano ya no estaba. Escuché huesos triturarse con facilidad, y aquel chillido acompañaba cada mordida.
Algo frío se enterró dentro de mi pierna, sujetando el hueso mientras desgarraba mi carne desde dentro abirendo mas mi herida. Ya sea por la falta de sangre o aquellos ruidos emitidos por las criaturas deseaba dormir. Había cuatro ojos observándome, con un deseo palpable. Algo perforó mi vientre lo cual empezo a quemar mi interior.
No sabía qué eran esas criaturas. Nadie me había hablado de ellas. Sentí miedo, no queria morir solo en ese lugar de mierda. Quizá era el karma actuando por haber dejado morir a aquel hombre… la casera todavía me esperaba. Ella tenía algo que darme.
Grité.
Grité con toda la desesperación que tenía, aferrándome a la vida con cada sonido. Empecé a moverme frenéticamente, en forma de suplica por mi vida. Aquellos ojos azules se abrieron más de lo que parecían capaces y emitieron un chillido mucho más agudo que los anteriores antes de huir.
Senti felicidad la cual no duro mucho al no saber como saldria de este lugar en mi estado actual. No podria volver donde la casera, ni ver aquel hombre peludo y sus compañeras, no recordaba como se llamaban, pero los extrañaria.