The Prophet.3: Vigilante

Capítulo 23: Bajo el reflector

El calor de los reflectores era abrumador, incluso para Nazz, que había sentido por el ardor de su propio rencor. El murmullo de los ciento ocho internos de la Fundación Bondel llenaba el aire, inquietando a Melaj y Chama, mientras Jim se sentía diminuto bajo la mirada de las cámaras. Ángela, acostumbrada a la multitud, estaba más distraída por la surrealista escena: Su familia, su escuadrón y sus nuevos compañeros, a su lado, para encarar el futuro.

El caos dominaba todo. Hasta que el tío Leo caminó al escenario, escoltado por el director del Refugio, su amigo Iram, y el jefe de policía. Un escuadrón de policías resguardaban el evento, reforzando aún más la seguridad del lugar. Algunos francotiradores en las azoteas, por si acaso.

— Buenas tardes, estimados todos. Agradecemos su asistencia... —. Entonó, seguido por el chillido de su micrófono. Los destellos de sus colegas reporteros distraían su discurso.

— ¡Cómo si tuviéramos otra opción! — Un interno con cuernos de toro provocó la ira del director, quien lo miraba con desprecio. La encargada, nerviosa, acariciaba su brazalete, lista para electrocutarlo frente a las cámaras.

— Bueno tío, espero que pronto cambiemos eso —, sonrió Leo al acomodar sus anotaciones sobre el podio. — Hoy nos encontramos reunidos, no solo para informar, sino para denunciar la verdad. Lo que ha pasado en el aislado “El Pueblito”, nuestra comunidad ejemplar, el paraíso para los afectados por la Plaga. Un asalto que no solo afectó al país, a su comunidad, o al futuro de su guardián más ilustre —, señaló para que Iram se colocara a su lado, paso lento y seguro. — Hace dos semanas, el santuario orfanato del padre sufrió un brutal ataque, por parte del cartel del Elfo, armado con experimentos ilegales. Híbridos, menores despojados de su libertad... — Sus palabras hicieron murmurar a todos, desafiando la versión oficial del jefe de gobierno. Mientras Triscareño, el jefe de policía, se mostraba asustado por el atrevimiento. — ¡Niños aterrorizando a sus propias familias! Para satisfacer la retorcida agenda del hijo de Don Gaspar —. Dejó sentir el veneno que guardaba para el pequeño bastardo. Su primer encuentro había sido encubierto por el alcalde.

— ¡Qué demonios estás haciendo, Leo! — El jefe de policía se colocó a su espalda para calmarlo. No era la primera vez que lo metía en aprietos por sus locas cacerías. Justo por eso lo había enviado, junto a su sobrina, a la iglesia de Iram. Y estaba tentado a regresarlo, temiendo que algún matón de los Santana estuviera entre los presentes, entre sus propios hombres. Cuando Iram le hizo una señal pidiendo que lo dejara. — Me lleva la... ¡Cabrones, nunca me dicen nada! — Refunfuñó, con cierto alivio, al retroceder y confiar en ellos.

— Afortunadamente, no todo está podrido en esta tierra. Con ayuda de su Refugio, y sus atrevidos directivos —, volteó al director Pereira, saludando a los presentes. — Nuevos operativos, ajenos al sistema de la Ciudad Blanca, pudieron ser desplegados para detener al criminal y ponerlo en custodia federal, donde, finalmente, un juicio imparcial le espera. Estos internos, con un valor y determinación inquebrantables, terminaron con la amenaza del infame Elfo. Cerrando así el legado del padre Romero, antes de su merecido retiro.

Tres figuras misteriosas esperaban detrás del escenario, luciendo nuevos uniformes que llamaban mucho la atención. Una camiseta deportiva azul claro ajustada al cuerpo, en manga larga. Combinada con pantalones militares prácticos, de bolsillos estratégicos que les permitirían moverse con agilidad. Un cinturón con compartimentos para herramientas básicas, y calzado táctico antideslizante, completaban su porte. El brillante parche de la Fundación Bondel en su pecho, dejaba claro que el gran señor Jean Paul los respaldaba. Algunos llevaban muñequeras consola negras, un modelo similar al de Kyóko, en su brazo derecho.

— Hoy, ante ustedes, es mi honor presentarles a los herederos del gran Fray Arcángel.

— ¿Pero qué demonios le hicieron a su uniforme? — La comandante Kyóko levantó una ceja al ver que Nazz había arrancado las mangas de su camiseta, para hacer bandas improvisadas en sus brazos. Sin su calzado militar y la mini consola, llevaba sus muñequeras de cuero y sus tenis favoritos. Sus baquetas consentidas asomaban de su cinturón, abrazando su estilo trash metal.

— Dijo que no iba a ser el soldado de nadie —, le explicó el halcón, mientras la grulla le aplaudía.

— El impredecibleOverdrive—, la luz iluminó al cuervo, que sacó sus palillos para cruzarlos sobre su cabeza, como si estuviera en uno de sus conciertos imaginarios.

— Je, je. Estos no te la van a dejar fácil, Iram —, se burló Triscareño al poner su brazo sobre el cuello del Vigilante. — ¿Están seguros de esto? — Le preguntó, notando grietas en su plan. Mientras Angie avanzó tras Nazz, regalando su famoso pulgar hacia arriba y alternando saludos, como hacía al ascender al podio de ganadores en sus competencias.

— Su campeona —, la voz de Leo tembló un poco, con algo de arrepentimiento en su pecho, cuando Angie tomó su lugar. — La ágil: ¡Spinneret! —. Un atisbo de arrepentimiento se asomó en la voz de Leo cuando Angie tomó su lugar. Decidida a honrar a su escuadrón, ella se puso la chamarra de su equipo, con los vibrantes colores de la bandera aztlanteca despertando la simpatía de todos.

— Esto es mejor que tenerte encerrada, hermana —, se susurró Amaya, antes de ver los carteles improvisados de las chicas de su escuadrón, gritando su nuevo nombre. — Ellos te cuidarán.

— Y por último, pero no menos importante: el asombroso, e inquietante: ¡Hybrid!.

— ¿Inquietante? — Ángela molesta clavó su mirada en el reportero, al igual que Verenike.

Con miedo, Jim se aferró a las sombras. El reconocimiento siempre había sido objeto de su deseo, pero nunca quiso alcanzarlo como una serpiente “inquietante”.




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