Sobre un campo vacío, en un lugar silencioso y absolutamente despejado, lo único que rompía aquel silencio eran las voces de unos niños que correteaban. Entre ellos parecían jugar sin parar, disfrutando del momento sin ninguna molestia, estaban demasiado contentos con ese momento del día.
El césped se teñía de un intenso tono amarillo, reflejo que provenía de aquel atardecer. Era una imagen agradable para dos de ellos, una tarde cálida y acogedora, un momento de tranquilidad y diversión para cada uno de ellos.
Perdieron la noción del tiempo, pues los menores ya habían estado demasiado tiempo jugando y corriendo. Ya agotados, los tres se acostaron al cesped, sin comentar ni emitir una palabra.
De ellos solo se podían escuchar respiraciones agitadas, quien estaba al medio fue quien más se canso, mientras que los que tenía al lado se reían silenciosamente.
—¿Tu crees que nos van a encontrar?—Isagi cuestiono con una sonrisa traviesa, mirando a quien consideraba hermana, Enzeru. Tuvieron miradas entre si, ignorando a la mayor que se encontraba en medio de ellos.
—¡Pueda que si!—contesto la más menor con entusiasmo, sin sentir importancia a la gravedad del asunto—El siempre nos encuentra, se que lo hará.
—¿¡Pueden callarse de una maldita vez!?—Exclamo la mayor con un tono furioso, el comentario de Enzeru la intimido. Logro esfumar la sonrisa del rostro de los dos menores y que estuvieran en silencio, pero eso no le fue relevante. En su mente tenía cruzandose las palabras de la menor, sabía que ella podría tener razón y que descansar un montón no era una buena opción, pero debido a que su pie estaba lastimado le resultaba difícil con tan solo caminar.
El chico la miró, levantando su mirada hacia arriba, en desacuerdo con ese comportamiento—¿Por qué te enojas ahora? Hicimos lo que querías, te deberias sentir orgullosa con eso.
—No pueden ser tan necios—se quejo la mayor, inclinándose hacia arriba y poniendo sus manos sobre su frente. Estaba estresada sin saber que hacer, en como seguir huyendo. Antes de volver a hablar, lanzó un suspiro, mirando a quien le hablo—¿Aún están muy cansados?
—No tanto—contesto, formando de nuevo su sonrisa—¿Porqué?
—Seguiremos caminando, si no me equivoco ya dentro de poco estaremos en la ciudad—supuso con un tono serio, deseando que fuera asi—Ya iremos y pediremos ayuda, espero que salga todo bien.
—¿Para que pedir ayuda?—interrogo la otra menor, con tono inocente, con la mirada en la mayor—Dijiste que saldríamos a jugar, no que nos íbamos a escapar de casa.
—Enzeru, escucha—Korihime sonrió, hablando con un tono suave al dirigirse a la más menor de los tres—Ese lugar no es tu hogar, ni tampoco un lugar seguro, te prometo que en la ciudad todo saldrá mejor.
—¡No!—La pequeña se levantó, con el ceño fruncido, posicionandose detrás de su hermano, quien en ese momento estaba parado. Tomo su mano, dónde alcanzaba, mirando con enojo a la chica—No me quiero ir, no me puedes obligar.
—Enzeru, entiende, es por tu bien—insistio con preocupación, queriendo convencerla. Enfoco su mirada en unos segundos al castaño, mirando con desesperación—Isagi, por favor, hazle entender.
El chico se quedó unos segundos en silencio, con solo ese detalle, Korihime entendió su decisión—Lo siento, pero mi hermanita tiene razón, no puedes obligar irnos.
Se quedó sin palabras con la elección de ellos, sabía claramente que insistir sería en vano, al parecer el causante de todo esto ya los pudo manipular a la perfección. No dudaba en que pronto llegaria, que serían llevados de nuevo a aquel supuesto hogar que se referian los dos menores.
Iba a despedirse de quienes más quería, los dos que más aprecio en este tiempo, que el intento de haber huido con ellos no funcionaria, la cuál tuvo que tomar la idea como una despedida. No iba a aceptar volver, ni sea por quien sea, era su oportunidad y no la pensaba en desperdiciarla.
—Bien, si es así, entonces me ire—comento la mayor en lágrimas, sintiendo como si el corazón se quebrara en mil partes—Solo espero que recapaciten pronto, que se den cuenta de la decisión que tomaron.
Sin decir más, ella corrió desesperada de aquel sitio, llorando desconsoladamente y ya percibiendo un dolor en el pecho por lo que acababa de pasar. Sabría que esto ya no lo olvidaria, que estaría marcando en ella por un largo tiempo en su vida.
Los dos menores quedaron ahí, sin sentir ni el más mínimo sentimiento con esa despedida, debido a que eran exactamente una copia de el. Quien escapó no fallaba en que el vendría, ya que apareció en poco tiempo a buscarlos en aquel auto negro.
Al bajar del auto, el hombre regaño de una forma demasiado violenta a los menores, obligandole a fuerzas que les dijera en dónde se fue la que estaba con ellos. Logro ese objetivo de la más menor, ya que el chico optó por no decir ni una palabra, los golpes no hacían efecto en el y ni lloraba como su hermana, se mostró frío ante eso.
Con la respuesta de la menor y los fuertes llantos, le amenazó a que se callara ya que lo estaba irritando. Miró hacia adelante, dónde indicaba la ciudad, pero no iba a ir allí por más que la mayor se haya escapado. Únicamente, obligó a los dos syubir y se dirigía de nuevo a la casa, dónde más compañía había allí.
Tanto el como la que escapo, tenían bien aclarado que esto no iba a acabar, que no era el final. La chica ya imaginaba que pronto iba a ser buscada de quién la atormentaba, mientras que aquel solo prometia hacer un reencuentro años después, arruinar toda la nueva vida que llegaría a tener.