The saint "Shark Crime"

Cap 8 "Pelea final"

2020 - Muelle del Bronx, Nueva York

1.

Mat vio a Tiburón cargando cajas en un barco enorme.

La armadura plateada y azul brillaba bajo las luces del puerto. Los ayudantes de Tiburón se movían como hormigas, transportando armas y tecnología robada hacia las bodegas del barco. El motor rugía, listo para zarpar.

—No va a escapar —susurró Mat, desde lo alto de un contenedor—. Tiene que haber un plan...

Pero justo entonces, lo sintió.

Un presentimiento. Un escalofrío recorriendo su espalda. Algo detrás de él.

Giró instintivamente. Un ayudante de Tiburón estaba a sus espaldas, apuntando una pistola de plasma directamente a su pecho.

—¡Santo! —gritó el hombre, y disparó.

Mat saltó. La explosión de plasma impactó contra el contenedor donde había estado parado. El metal se fundió, el techo del almacén explotó en una lluvia de chispas y escombros.

El ruido llamó la atención de Tiburón.

—¡Santo! —rugió, desde el barco—. ¡Vienes a morir!

Tiburón se movió hacia la pasarela, listo para saltar. Pero uno de sus hombres lo detuvo.

—Jefe, váyase. Lleve las armas. Nosotros nos encargamos de él.

Tiburón dudó. Luego asintió.

—Acaben con él. Rápido.

Y subió al barco.

Mat observó cómo Tiburón desaparecía en la nave. Sintió la urgencia quemándole las venas.

—No, no, no...

De repente, más ayudantes salieron de las sombras. Todos llevaban guantes de choque. Todos apuntaban hacia él.

—¿Y cuántos son? —preguntó Mat, con una sonrisa nerviosa—. Parecen minions ayudando a Gru.

Y entonces, escuchó una voz en su oído.

—¿Mat? ¿Me escuchas?

Mat se quedó paralizado.

—¿Zasha? ¿Pusiste un comunicador en mi máscara?

—Sí —respondió ella, con una risa en la voz—. Y un micrófono, de paso.

—Estoy un poco ocupado con varios malotes.

—El barco de Tiburón zarpa en veinte minutos. No dejes que se escape.

—Está bien —dijo Mat, sonriendo detrás de la máscara—. Trataré de que no se me escape. Cambio y fuera.

Se lanzó hacia el primer ayudante. Pero antes de que pudiera golpearlo, otro secuaz disparó una pistola de plasma. El impacto lo lanzó contra un contenedor. El metal se dobló bajo su peso.

—Ooh... eso dolió —dijo, levantándose lentamente.

Se paró y lanzó una mini bomba de electricidad. La esfera plateada impactó contra el pecho del secuaz. Se convulsionó y cayó al suelo, inconsciente. Otra bomba. Otro secuaz. Otra. Otro.

Tres hombres con pistolas de plasma cayeron en segundos.

—OK —dijo Mat, mirando a los que quedaban—. Solo quedan ustedes. No creo que me compliquen la vida.

Los que quedaban eran cinco. Dos con guantes de choque. Tres con bates metálicos que vibraban con ondas de energía.

—¡Por Tiburón! —gritaron, y se abalanzaron sobre él.

Mat se movió. Esquivó el primer golpe del bate, se agachó bajo el segundo, y saltó sobre el tercero. Sus movimientos eran rápidos, fluidos, como una danza entre las armas.

—¡Quédate quieto! —gritó uno de los guantes.

—¡Eso sería aburrido! —respondió Mat.

Pero entonces, uno de los bates lo alcanzó en la cara. El impacto lo lanzó hacia atrás. Sintió el dolor en su mandíbula, el sabor a sangre en sus labios.

—Eso fue... inesperado —dijo, escupiendo sangre.

Un contenedor voló hacia él. Mat lo vio venir, pero no pudo esquivarlo. Quedó atrapado dentro, con el metal retorciéndose a su alrededor.

—Oye, Zasha —dijo, con la voz entrecortada—. Me están dando una paliza. Son demasiados. ¿Qué puedo hacer?

—Lánzate directo al barco —respondió ella, con calma—. Detén a Tiburón.

—Lo haría si estos tipos me dejaran.

—Vamos, Mat. Tienes poderes. Tienes ventaja.

—Tienes razón —dijo Mat, con sarcasmo—. Ayudas mucho.

Y entonces, empujó.

El contenedor explotó desde el interior. Los escombros volaron por todas partes. Mat saltó, lanzando mini bombas al suelo. Las explosiones eléctricas inmovilizaron a tres de los secuaces.

Los dos que quedaban se abalanzaron sobre él. Mat los esquivó, los golpeó, los noqueó.

El barco comenzaba a moverse.

—¡No! —gritó.

Corrió. Saltó sobre los contenedores, sobre las cajas, sobre los escombros. El barco se alejaba cada vez más.

Y entonces, saltó.

El vacío se extendió bajo él. El agua oscura brillaba a lo lejos. Pero sus manos se aferraron al borde del barco. Tiró de su cuerpo hacia arriba y cayó sobre la cubierta.

Tiburón lo esperaba.

—Veo que volviste —dijo Tiburón, con su voz metálica—. No pudiste vivir con tu fracaso.

—Oh, cállate mejor —respondió Mat, levantándose—. Hasta aquí llegaste, Tiburón.

—¿Tú crees?

Tiburón se lanzó hacia él. Su puño metálico impactó contra el pecho de Mat con una fuerza brutal. Mat voló por los aires y atravesó un contenedor de metal. El sonido del impacto resonó en todo el barco.

Mat ni siquiera tuvo tiempo de levantarse. Tiburón ya estaba sobre él. Lo agarró de la cabeza y comenzó a golpearlo contra el piso. Una vez. Dos. Tres.

—No creo que debas hacer esto —dijo Mat, con la voz ahogada—. Nos vas a hundir a los dos.

—El piso está reforzado —respondió Tiburón—. Y lo que importa está abajo. Así que no te preocupes.

Tiburón lo lanzó contra un cuarto del barco. El metal se deformó a su alrededor, atrapándolo entre las paredes retorcidas.

Mat lanzó una mini bomba. La esfera plateada impactó contra el casco de Tiburón. La descarga eléctrica lo aturdió por un segundo. Mat aprovechó para liberarse y golpearlo. Sus puños impactaron contra el metal. Arrancó un pedazo del brazo de la armadura.

Estaba a punto de insertar el USB cuando Tiburón lo empujó hacia arriba. Una onda de choque explotó desde sus manos y Mat voló a través de los pisos superiores del barco.

Atravesó dos pisos antes de caer. Tiburón ya lo esperaba.

—Ya está —dijo—. No vas a llegar más lejos. Soy muy superior a ti.



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En el texto hay: accion, superhroes, héroe callejero

Editado: 07.08.2026

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