The saint "Shark Crime"

Cap 9 "Nuevo comienzo"

2020 - Muelle del Bronx, Nueva York

1.

Las hélices de los helicópteros cortaban el aire como cuchillas. Mat levantó las manos, el corazón latiendo con fuerza. Las luces cegadoras lo envolvían, y las voces de los agentes retumbaban en la noche.

—¡Manos donde las vea! ¡Ahora! —gritó uno de los hombres, bajando de la nave con el arma levantada—. ¡Quítate la máscara y recuéstate boca abajo!

Mat se quedó paralizado.

—No puedo, señor —respondió, con la voz temblorosa—. Es mi identidad secreta.

—¿Y a mí qué carajos me importa? —el agente apretó el gatillo, listo para disparar—. ¡Quítatela o abro fuego!

Mat levantó las manos más alto. Trató de explicar, pero las palabras se le atascaban en la garganta.

—Señor, yo solo estaba...

—¡No me importa! —interrumpió el agente—. ¡Quítate la máscara o te...

—¡Baja el arma! —una voz firme lo interrumpió desde el helicóptero.

Un hombre mayor, de cabello canoso y mirada serena, bajó de la nave con pasos tranquilos. Se acercó al agente y le bajó el arma con un gesto firme.

—¿No ves que es el héroe callejero del Bronx? ¿El Santo?

El agente dudó. Luego bajó el arma, avergonzado.

Mat dejó escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo.

El hombre mayor se acercó y le extendió la mano.

—Gracias, Santo. Sin tu ayuda, esto se nos habría complicado.

Mat estrechó su mano, confundido. La mano del hombre era firme, cálida. No había engaño en sus ojos.

—Señor... —dijo Mat, con la voz aún temblorosa—. ¿Por qué no vinieron los CC? Es su tecnología.

El hombre sonrió con un dejo de misterio.

—Eso es información clasificada. Pero te mereces una respuesta. Los CC están fuera del mundo en este momento. Misión secreta.

Mat asintió, sin entender del todo. Pero no preguntó más.

—Me llamo Gary —dijo el hombre, con una sonrisa—. Y tengo una oferta para ti.

2.

Gary lo miró con una mezcla de respeto y curiosidad.

—Podrías trabajar con nosotros, Santo. No solo en el Bronx. En toda Nueva York. En todo el país. Posiblemente en todo el mundo.

Mat sintió que el corazón le daba un vuelco. La idea de salir del Bronx, de ayudar en otros lugares, era tentadora. Pero también aterradora.

—No puedo aceptar —respondió, con voz firme—. No quiero trabajar para nadie. Lo siento, señor.

Gary soltó una risa cálida, como si esperara esa respuesta.

—No creas que trabajarás para nosotros. Entendemos a los héroes. Solo te ayudaremos a encontrar casos más fácilmente. Y te daremos mejor equipo.

Mat abrió los ojos con sorpresa.

—¿En serio?

—Por supuesto.

Mat sintió una sonrisa crecer bajo la máscara.

—Acepto.

Gary le entregó un teléfono negro, simple y sin marcas.

—Ten esto. Para comunicarte con nosotros. Sin que tengamos que saber quién eres.

Mat tomó el teléfono con cuidado.

—Gracias.

—Solo una cosa más —dijo Gary, con una sonrisa—. ¿Puedo quedarme con mi identidad secreta?

—Claro. No necesitamos saber quién eres para saber que eres bueno.

Mat asintió, agradecido.

—¿Pueden llevarme al muelle? —preguntó—. Tengo a alguien esperándome.

—Sube.

3.

El helicóptero aterrizó en el muelle vacío.

Mat saltó, sintiendo el suelo firme bajo sus pies. Zasha corría hacia él, con el cabello suelto y los ojos brillantes.

—¡Mat! —gritó—. ¡Pensé que no lo habías logrado!

—¿Dudaste de mí? —respondió él, con una sonrisa—. Muy mal. Muy mal.

Zasha se rió y lo abrazó con fuerza. Mat sintió el calor de su cuerpo, el latido de su corazón.

—Lo lograste —susurró Zasha—. Lo lograste.

Mat la abrazó de vuelta.

—No lo habría logrado sin ti.

Zasha lo soltó y lo miró con una sonrisa.

—¿Qué pasó después? ¿Quiénes eran?

—El FBI. Quieren ayudarme. Y me dieron esto —dijo, mostrando el teléfono negro.

Zasha lo tomó, lo examinó con curiosidad.

—¿Y qué vas a hacer?

—No lo sé. Pero creo que esto es solo el comienzo.

4.

Caminaron de regreso al departamento de Zasha.

Mat se sentó en el suelo, apoyado contra la pared, mientras Zasha revisaba el traje.

—Está destrozado —dijo Zasha, señalando los desgarros y las marcas de plasma—. Pero puedo arreglarlo.

—¿Puedes?

—Claro. Tengo todo lo que necesito.

Mat observó cómo Zasha trabajaba. Sus manos se movían con precisión, cosiendo, ajustando, reparando.

—Sabes —dijo Mat, rompiendo el silencio—, cuando empecé todo esto, pensé que sería más fácil.

—¿Más fácil? —preguntó Zasha, sin levantar la vista—. ¿Cómo?

—No sé. Como en las películas. Golpeas a los malos, salvas a la gente, y todo termina bien.

—¿Y no es así?

—No. Duele. Cansa. A veces no sabes si lo que haces es suficiente.

Zasha levantó la vista y lo miró.

—Pero lo haces de todas formas.

—Sí —dijo Mat, con una sonrisa—. Lo hago.

Zasha sonrió y volvió al trabajo.

—Eres un caso, Mat.

—Lo sé. Pero soy un caso muy gracioso.

Zasha rió. Una risa ligera y cálida.

—Cuando termines —dijo Mat—, ¿podemos comer algo? Tengo hambre.

—Siempre tienes hambre.

—Es mi superpoder.

—¿Comer sin parar?

—Exacto.

Zasha negó con la cabeza, pero siguió sonriendo.

—Termino en diez minutos. Luego pedimos pizza.

—Trato hecho.

5.

La pizza llegó caliente y humeante.

Mat y Zasha se sentaron en el suelo, con la caja entre ellos. Comieron en silencio por un momento, disfrutando del sabor y la compañía.

—Oye —dijo Mat, con la boca llena—. Gracias. Por todo.

—Ya me diste las gracias.

—Y te las voy a seguir dando.

Zasha lo miró con una sonrisa.

—Eres terco.

—Lo sé. Pero soy terco de la buena manera.

—Eso es discutible.

—Discutible, pero cierto.

Zasha rió y le lanzó un pedazo de pizza.

Mat lo atrapó en el aire.



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En el texto hay: accion, superhroes, héroe callejero

Editado: 07.08.2026

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