Thelog;

Prologo

Solo quedaban dos personas antes de cerrar, y ante ellas, una majestuosa placa de piedra de enorme dimensiones. La misma estaba en decadentes condiciones, afectada por el paso del tiempo, con grietas profundas y su relieve erosionado unos centímetros. Pero su mensaje, intacto...

— ¿Qué crees que sea?—Pregunto la mujer a la figura a su izquierda, lo miro directo y sin embargo este no aparto su vista para responder.

—No lo sé, realmente. —Sentencio sin otro aporte o intento de justificación.

—Eres un reconocido crítico del periódico The Timer. Arqueólogo y escultor. Creo que no es una respuesta, la que acabas de dar. — Parecía que la señorita era alguien de carácter, después de todo era quien iba a comprar el lugar donde descansa aquella placa. El hombre la miro, los ojos de ella aparentaban exigir una respuesta a sus preguntas. Y parecía que no lo iba a dejar tranquilo hasta obtenerlas.

—No hay significados artísticos de por medio. Esto es real. Esta pieza fue encontrada en las ruinas de un santuario pagano en las costas de Grecia. —Se volvió a la placa y apunto a una de sus figuras. —Este gigante de aquí, el Pilar, armado de una coraza, un casco y un escudo. Luego, el demonio por encima de él, lo ataca con dos lanzas: una representa el mundo y la otra, las debilidades carnales. Y por debajo de el Pilar, en la tierra, sus Protegidos.

Si bien había grietas, estas no se confundían con el relieve de la obra, simétrico y bien delineado. Podía decirse que fue hecho por un artista matemático por la precisión única de sus líneas. Posee algo que no terminaba de cuadrar a la mujer, un detalle de parte de los Protegidos.

—Y... ¿Por qué se ven tres, específicamente?

—Pues, representan a los que están de su lado alentándolo; los que no desean su protección pinchando su talón con una lanza; y sentados en una roca, mirando hacia otro lado, los indiferentes. —Cuando termino de hablar, rasco su cabeza, pensando en que grupo esta. — ¿De qué lado estas?

La mujer trato de esquivar la mirada de aquel hombre, pues no sabía la respuesta a tal reverberante pregunta.

Los mitos son mitos. Pensó. Pero tal vez, en el fondo, haya verdad.




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