Thorium: La Era Del Heroe

TH

Nuestra historia podría comenzar, en un inoportuno combate en medio de la profunda y oscura selva de Anozamas. En un pequeño país de las costas en Las Américas del Sur. Pero, para nuestra heroína, comenzaría varios días después en una Isla perteneciente al mismo país.
Despertó abrumada por amplitud de la sala blanca, sus luces, y los extraños aparatos que estaban conectados a ella, pero más alarmante aún, no podía recordar exactamente como llegó a ese lugar, no recordaba nada antes de despertar, ni siquiera su nombre.
Conforme reaccionaba e intentaba recordar algo destellaba una luz dorada que solo la ponía más nerviosa. Un sonido similar al soplido desplegó una puerta blanca por donde aparecieron tres personas con atuendos de cuerpo entero color blanco con detalles mínimos en color celeste.
La joven, destellaba con cada palpito de su corazón, las maquinas parecían afectadas por el brillo que ella radiaba. Afortunadamente surgió una figura delgada y de piel morena calmando la situación: —oh, pequeña tranquila… tranquila—Le dijo directamente la doctora que traía una bata distintiva entre los otros tres—¡tráiganle alimentos solidos y un juego de ropa, por favor—pidió a los más jóvenes tras ella.
La joven de 19 años en la cama, se quedó vigilando todo aquello; Como los otros obedecían a la mujer de bata, y esta mantenía cierto cuidado al acercarse a la cama donde ella estaba.
—debería presentarme—sonrió colocando una tableta digital contra su pecho y apretando los ojos bajo los anteojos redondos— yo soy la doctora Mari Delgado…estoy a cargo de la dirección de los tratamientos de este lugar.
La joven destellaba menos pero seguía titilando aquel resplandor dorado sobre su piel y aquella bata plástica blanca.
—Puedes estar tranquila, estás en un lugar seguro. Aquí, solo intentamos ayudarte—aseguró sentándose lentamente en los pies de la camilla, la Joven se quedó rígida analizando las palabras de la mujer al tiempo que intentaba recordar alguna cosa.
—¿Dónde estoy?—preguntó cuando el resplandor en su cuerpo se volvió apenas detectable.
—Estás en el centro más grande de La A.G.E.N.E.H. —respondió la doctora, la chica dejó de espiar el lugar y la miró con confusión—…es un lugar seguro, como, un hospital…pero mejor.
Colocó la mano sobre la chica.
—¿un hospital?—repitió, la palabra tenía sentido para ella de alguna forma— ¿por qué no puedo recordar nada?—balbuceó antes de que la doctora respondiera. La mujer sonrió, y detalló el rostro de la joven palmeando su mano.
—suponía que tendrías amnesia… parece que el accidente causó algunos daños…—respondía La Doctora Delgado cuando la chica se sobre saltó ante la llegada de los enfermeros; traían los alimentos y las prendas de ropa.
—tenemos mucho de que hablar pero, primero deberías comer, ducharte, y vestirte… —dijo y se puso de pie mientras vigilaba a los otros organizar las cosas en una mesa blanca en el fondo.—daremos un paseo por el instituto.
Después de ducharse, comer y vestir un traje blanco de cuerpo entero estilo pijama, fue acompañada por la Doctora Delgado quien amablemente le dio paseo en los pasillos cercanos a su habitación. Le explicó que había sido rescatada de un accidente por El Campeón de Ventura, Un súper humano de occidente conocido como The Ton.
Ella, la joven, según la doctora, había sido la única superviviente de un ataque terrorista en las selvas al sur del País.
La sorpresiva aparición de esta joven, se atribuyó a tener habilidades.
—¿habilidades?—preguntó la muchacha llegando a un piso amplio donde jóvenes de distintas edades y mismo uniforme parecían reunirse a leer, ver tv, o conversar.
—Eres especial…—le sonrió Doctora, la chica la observó detenidamente mientras se dirigían a unas escaleras— verás, en este lugar investigamos y ayudamos a personas como tú.
—¿cómo yo? ¿A qué se refiere?—preguntó, La doctora tomó un panfleto del mesón en la sala a la que llegaban, y guió sutilmente a la muchacha hacia una puerta de amplia y custodiada.
—Bueno, mi querida “Th”… eres una Peculiaridad, un ser único en nuestro universo—la joven seguía mirándola sin rastro de comprender nada, la doctora le entregó el panfleto y continuó explicando—La Peculiaridades son seres que, de alguna forma, están íntimamente conectada algún tipo de fuerza o elemento del cosmos, a un nivel atómico.
Se abrieron las puertas a un enorme patio luminoso, lleno de césped, arboles, bancas, con un camino blanco que lo recorría, y paredes grises tan altas que parecía casi imposible que alguien pudiese tropezarla.
—Es como el vigilante de La Ciudad Metropolitana; Pesadilla… aunque no hemos podido estudiarlo en nuestras instalaciones, hemos podido confirmar que sus habilidades provienen de la energía oscura… o la materia oscura… por eso es que este individuo puede materializar y atravesar portales de agujero de gusano, incluso crear fisuras que utiliza como armas… su poder, su cuerpo está íntimamente conectado con esta forma de energía.
—¿y yo también puedo hacer lo mismo?—preguntó mirándose las manos y recordando el destello al despertar.
Hubo una risita, mientras que ambas se distrajeron brevemente por un grupo de niños jugando a la sombra de un árbol de samán; uno de los niños daba la impresión de ser un mono pelirrojo de esos aulladores. — No del todo. Cada individuo es diferente, y en los Peculiares parece que no se repiten los dones, son… únicos.
La joven seguía tan confundida, como al principio pero la doctora se había ganado su confianza. Recorrieron el camino blanco mientras le explicaba que al encontrarla, intentaron identificarla, pero no habían registros, ni familiares, ni alguna otra fuente que identificara a la adolescente.
Por lo que decidieron apodarla “TH” como el símbolo químico del mineral al cual pudieron asociar las habilidades que manifestó estando inconsciente: El Thorium.
Th manifestó preocupación por la ausencia de algún recuerdo u origen, pero la doctora le aseguró que la ayudaría no solo a dominar sus habilidades y entenderlas, sino también a recuperar la memoria.
—Las Peculiaridades tenemos familia ¿cierto?—preguntó con preocupación y una tristeza apenas detectable en su voz.
—¡Claro!—sonrió y señaló a un chico blanco pelirrojo que leía a la sombra de un árbol a algunos metros de ellas—Aquel joven, es Arthur Chang, el hijo de Lee Chang, el dueño y fundador de Chang Tech… recientemente llegó a A.G.E.N.E.H. —Th lo observó pero tampoco recordaba haberlo visto antes—… es lo que algunos llaman “Psíquico”. Hasta donde llegan sus dones aún no lo sabemos, pero ya descubrimos, que Arthur en un Variante G, es un ser humano cuyos genes dieron algunos saltos evolutivos, permitiendo el acceso a habilidades, que muchos seres humanos no hemos desarrollado.
En ese momento, Th se distrajo apreciando como una pequeña niña de 10 años se alzaba en el aire como si nada, casi dando vueltas en su eje, y se detuvo en una rama del árbol cercano donde su amigo peludo y con cola, le celebraba la hazaña chocando las palmas.
La doctora contempló la expresión de asombro en Th. —La Agencia Gubernamental de Experimentación de Nuevas Especies Humanas, es el mejor lugar para ti—La joven entonces volvió a mirar a la mujer de anteojos redondos.—…Intenta acoplarte. Por hoy visitas las zona disponibles de la institución, conoce tus compañeros, y mañana empezaremos con los estudios ¿te parece?
—pero ¿cómo hablare con estás personas?—se alteró cuando la mujer se incorporó del banco.— No tengo idea de qué podría decirles—miró a otro grupo de adolescentes que se reunían en lo que parecía una exhibición de poderes entre ellos mismos.
—¡Tranquila, Th! Tienes más en común con ellos de lo que crees—respondió y regresó por aquel sendero.
Th, volvió a detallar a los pacientes de distintas edades que se distribuían por aquel enorme patio cercado. Algún era diferentes a simple vista, con escamas, huesos pronunciados, incluso a algunos les sobresalían de la piel en los codos y la columna, otros tenían pieles de pigmentaciones brillantes.
Después de pensárselo paseó por el lugar, aquel grupo de adolescente guardó silencio cuando Th pasó cerca, una de las chicas del grupo le dedicó una mirada despectiva que terminó haciendo que Th prefiera alejarse y sentarse bajo un árbol a solas. Intentaba entender, pero aún más, recordar, lo que fuese sería suficiente.
En medio del silencio, sintió una mirada pesada, al buscar con la vista, encontró a aquel pelirrojo, el tal Arthur Chang, estaba mirándola con cierto esfuerzo por parecer disimulado.
—¡Hola!— la sorprendió una niña de cabello dorados, aquella que vio alzarse en el aire tan solo media hora atrás.
—hola—devolvió con un hilo de voz.
—eres nueva ¿cierto?—preguntó la de diez años, y tras ella se asomaron unos ojos verdes y saltones de rostro peludo. —Mi amiga Carla puede ver las energías y le gustó tus colores.
Th sonrió, pero realmente no entendió lo que quiso decirle— gracias—respondió al fin y buscó a la niña mencionada, era de piel morena y se escondía detrás del árbol, aunque no era por miedo, sino timidez. —¡Hola!—le saludó Th desde su lugar, la niña morena sonrió desde lejos.
—¡pareces amigable!—dijo la niña rubia y su amigo con cola se acercó más confiando.—Los otros chicos aquí, a veces son malos con los pequeños.
Th alzó la vista hacia el grupo del que prácticamente se apartó intimidada, ellos los estaban vigilando. —puedo darme cuenta de que no es solo con los pequeños… ¡Tranquila!
—Yo soy Aurora—tendió la mano—y puedo alterar mi campo gravitatorio.
El chico peludo hizo un ruidito, se aferró al hombro de Aurora.— Él es Cristian, es muy ágil con sus pies y su cola.
—¡No es verdad!—dijo apenado, y con lo poco del rostro que se le apreciaba estaba sonrojado. —solo un poquito.
Th sonrió con ternura por los infantes. —bueno, hace un rato te vi trepar ese enorme árbol lo haces muy bien—dijo tendiendo la mano del pequeño Cristian. Su cola se movía con timidez.
En ese momento Carla se acercó, y saludó a la muchacha que le sonrió—Hola.
—Brillas muy bonito—respondió la pequeña con voz tímida, Th se ruborizó y agradeció agregando con torpeza social:—quisiera poder decir algo tan bonito como eso, pero… eres una niña muy tierna y hermosa.
—Gracias—sonrió mostrando sus blancos dientes.
—¿puedo saber cuales son mis colores?—dijo curiosa inclinándose hacia la niña.
—Dorado y blanco—dijo asintiendo con la cabeza repetidamente.
Th se incorporó con una pose dramática para hacer reír a los niños, fingió hacerse un rollo de barba imaginaria. —¿con que dorado y blanco?—cerró un ojo y el otro lo direccionó a los pequeños que se reían de las morisquetas.—Jamás había imaginado que sería una bombilla.
—¡No!—soltó Carla entre carcajadas, sus amigos también se reían. —Las bombillas no alumbran así.
—¿Ah no?—vaciló arrugando el rostro, y haciendo más muecas. Rascándose la cabeza por mera payasada.
—claro que no—sonrió Carla.
Pero repentinamente sonó un pitido, seguido una melodía que intentaba ser relajante.
—¿Qué es eso?—preguntó Th buscando con la mirada las cajetas de donde venía el sonido.
—Es lo que anuncia que se acabo el receso—explicó Aurora con un tono de voz desanimado.
—¿y ahora que hacemos?—preguntó mirando a la niña recuperando la seriedad.
—nosotros somos de otra sección, tú debes esperar a que los llamen.
—¿Sección?— preguntó.
—Creo que los grupos están separados por edades —respondió Aurora, y seguido llegó uno de los enfermeros.
—Pacientes de la sección 05, por favor… regresen a sus actividades—pidió el sujeto, y luego dedicó una mirada a los demás.
—Muchas gracias—dijo Cristian iniciando la marcha, las niñas se despidieron de Th, y siguieron a los otros niños que regresaban a las puertas del interior de la Institución.
Th estaba sola de nuevo, sentada en aquel banco. Con el paso de los minutos, otros grupos de niños fueron llevados dentro de la estructura pálida.
Los otros chicos que había visto antes, seguían vigilándola, Th, estaba intimidada al principio pero, de pronto, se paró del asiento de concreto molesta. —¡Ni que le hubiese hecho algo!—bramó al viento refiriéndose a la actitud de aquel grupo, pero de pronto se detuvo considerando que tal vez, sí les había hecho algo, después de todo no podía recordar nada.
Al pasar las horas se fue vaciando el lugar, le preguntó a los enfermeros ¿Cuándo sería su turno? Pero ellos respondieron que ella no tenía tareas asignadas para ese día hasta las 7:00 pm.
Poco después entró a merodear las salas disponibles para los pacientes, el lugar estaba prácticamente en silencio. Habían murmullos, ruidos de cartas, jugadas de ajedrez, objetos arrastrándose, pero, aún así, era tétricamente silencioso. Allí, cerca del salón frente a la enorme tv, se detuvo.
Algunos niños del lugar apenas y la notaron llegar. Pronto descubrió que Arthur Chang estaba allí, y la estaba observando. Th, desvió la mirada y buscó una butaca donde pudiese ver la tv.
Un chico de cabello rizado y grandes anteojos tenía el mando a distancia, estaba sentado en todo el frente de la tv, parecía que miraba las noticias.
Th, busca entender de lo que hablaba la mujer frente a un puerto de Falcón.
—¡Gato. Cámbiale al canal, mano!—se quejó un chico de piel tostada, alto y con una camiseta especial diferente: tenia un tipo de sistema de agua que se adhería al cuello del muchacho.
—Yo tengo el control—respondió entrecortadamente y a secas, sin siquiera mover un solo pelo.
Th, miró al otro chico nuevamente, en ese momento vio unas branquias dilatarse en aquel conducto con agua que el traje le proporcionaba. El mismo chico pareció asustarse por el ruido. Entonces una chica de cabello ondulado le preguntó —¿Qué traes puesto?—con un gesto de desaprobación.
—Otro estúpido experimento—resopló acomodándose en su sitio. Th intentó disimular, no quería que la pillaran husmeando conversaciones ajenas.
—¿Y de que va?—preguntó la chica de nuevo, era evidente que no le encontraba forma.
—¡Ah!—se ajustó la camiseta como si apenas pensaron en la comodidad del atuendo—¡es que me salieron estas… branquias en unas pruebas!... ¡esta cosa en mi ropa!—sujetó las tuberías casi despreciándolas—…supuestamente ayudaran a registras, cuanto tiempo puedo retener esta adaptación aún cuando el resto del cuerpo está fuera del agua.
La chica que preguntó arrugó el rostro.
—¡Lo sé! ¡A mi también me pareció estúpido!—respondió al gesto con una mueca y volvió a mirar al otro lado de la planta. Th le siguió la mirada, los demás estaban en lo suyos, algunos pocos enfermeros parecían haberle prestado atención.
—pero ¿te sientes bien?—le preguntó.
—¡Shhh! ¡Cállense!—los interrumpió el chico de anteojos conocido como “Gato”—¡Astro está en las noticias de nuevo!—soltó con cierta emoción, pero no fue el único, el chico de protuberancias grises en hombros, espalda, antebrazos, brazos y sienes se acercó a la pantalla, y otros se acomodaron en algún sitio para ver mejor.
—¡Miren! ¿Ese es Pesadilla?—soltó uno.
Th se acercó inquieta, apenas reconoció un nombre.
—podría ser, Pesadilla es un héroe frecuente de Ciudad Metropolitana —respondió el de las branquias.
—¡Pesadilla no es un héroe, es un vigilante!—soltó Gato con frialdad en su voz y los ojos fijos a las imágenes.
Entonces Th logra distinguir la escena: un enorme edificio en llamas, con escritorios y escombros cayendo desde los pisos más altos, la imagen es censurada, Los reportero anuncia un supuesto tercer intento de robo dentro de la Torre Luxor. De la nada enfocan una silueta, era veloz y luminosa, con una culebrita de luz cian.
La imagen es tomada de pronto de mejor ángulo; la luz era un hombre, tenía un cuerpo bien marcado, una piel tostada y el rostro agraciado, bonachón y tostado. Su traje era lo que lo delató, un atuendo casi metalizado de color azul con los puños, antebrazos y botas negras. Su cinturón era ostentoso con una letra “A” que emulaba lo que el ojo común percibía cuando Astro volaba sobre la ciudad… Una estela. Su larga pero estrecha capa blanca y negra ondeaba en el aire, el sujeto se sacudía el polvo y miraba dentro de la torre.
El reportero contaba que las fuentes aseguraban que un tal “Caos” y un fulano “Combuster” Jefe de la pandilla Los Piromaniáticos, eran los actores del desastre dentro de la torre de una de las empresas más poderosa del País.
En pantalla se pudo ver que una pequeña noche estrellada apareció en pleno medio día como rasgo de tela en la realidad, era uno de los portales de Pesadilla: Un sujeto de atuendo negro, uno que no sabrías decir si está rasgado. Vestía una armadura negra súper ligera ajustada al cuerpo, un especie de manto que bajaba desde su cuello, y flotaba en el aire. Un casco negro de alerones puntiagudos que solo dejaban ver sus labios, mentón y ojos.
Pareció decirle algo al sujeto luminoso azul, y juntos entraron al portal, que luego desvaneció.
—¡Están aliados!—soltó la chica de cabello ondulado y alguien le pidió silencio.
La habitación permanecía atrapada por la noticia, lo siguiente que se supo es que los agentes especiales estaban dentro, cooperando con Astro y Pesadilla. Al parecer el genio modificado genéticamente conocido como “Caos” estaba utilizando un nuevo arma que al parecer lograba daba pelea héroes con grandes niveles de poder como lo eran Astro y Pesadilla.
La pelea se traslado a los alrededores de la ciudad pero finalmente, los villanos escaparon, murieron muchísimas personas, pero al menos detuvieron a algunos miembros de Los Piromaniáticos.
Luego de eso, empezó el debate de sobre lo que pudo haber pasado en la Torre empresa Luxor, ahí fue cuando Th supo que estos laboraban en áreas como: Minería, comercio y tecnología.
Aurora, Carla y Cristian se unieron poco después, se integraron rápido al debate cuando Th les respondió explicando el alboroto en el área se la tv. Pero pronto la Doctora Delgado apareció para llamarla.
Los niños y ella quedaron en juntarse luego, y al unirse a la doctora, esta le preguntó por su día y si se había adaptado.
—¡La verdad es que… no del todo!—respondió Th frotándose el hombro.
—Bueno, hoy solo conociste el entorno. . Mañana empezaremos los estudios…debemos seguir evaluando tus dones—respondió aprontando una tableta digital contra su pecho.
—¿Viviré aquí para siempre?—preguntó Th de pronto. La doctora la observó en silencio por algunos segundos.
—no entiendo tu pregunta, Th—hizo un intentó de sonrisa con la mirada en la muchacha.
—¿Algún día iré a Ciudad Metropolitana? ¿iré a un edificio? En la ciudad—bajó la voz comenzando a sentir que decía algo maquiavélico, que aquello era peligroso.
—¡Claro!—dijo la doctora fija en su pose, sonrió—Tendrás oportunidad de viajar a la capital, y salir, tener una vida normal—la sujetó de los hombros y comenzó a guiarla lejos de la sala donde estaba la tv.—pero para que puedas salir al mundo, debes aprender a controlar tus habilidades, debemos entenderlas.
—¿entenderlas?—preguntó Th haciéndole ruido la forma de decirlo.
—¡Claro!—sonrió de nuevo y cruzaron entre muebles poco ocupados—necesitamos entender qué medicamentos pueden tomar o no, que productos pueden consumir, como atenderlos medicamente, y también protegernos de ustedes, saber como enseñarles a usar sus habilidades, para que nadie lastime a nadie sin intención.
—¿lastimar?—repitió preocupada deteniéndose frente a una barra donde un enfermero ordenaba unas despensas.
—Sí, tener estos dones puede ser peligroso si no se domina—suspiró la doctora y tomó unos panfletos de distintos colores, parecía como si le costara hablar y algo le molestara en el ojo, pero entonces habló:—… un muy buen ejemplo es la pequeña con la que ha coincidido un par de veces este día.
Th puso los ojos bien abiertos de que la doctora la haya estado vigilando—¿Qué?
—La pequeña Aurora Gómez, una Peculiaridad como usted, ¿su don? ¡increíble!... podría decirse que la manipulación de la gravedad… hace un año asesinó a su madre…—Th se quedó sin aliento—…Le explotó los ojos y varios de sus órganos también. Sin querer, por supuesto.
Th se tapó la boca atropellada por varias emociones— no puede ser—analizó la mirada de la mujer. Esta solo asintió.
Los enfermeros y pacientes parecían recoger las cosas y direccionarse a la misma sala. —vayamos a cenar—le dijo la doctora enseñándole por donde ir, donde todos los demás iban, y terminaron llegando a una gran sala, donde tras hacer una fila, y recibir las porciones y bebida en una bandeja tomaron una mesa lejana en la habitación luminosa y blanca.
Th estaba callada mientras revolvía el puré de papas. Ahí le empezó a explicar que mañana sería un día diferente, deberá hacer varias tareas, pruebas, chequeos médicos, y otros tipos de ejercicios en horarios y grupos específicos.
Th ahora sabía que estaría en la sección 05.
Con el mismo silencio llegaron a la habitación, ahora tenía muebles blancos, y aquellas horribles maquinas habían desaparecido, sin embargo parecía una enorme caja blanca y vacía.
La doctora le entregó los panfletos recomendándole leerlos, para que entendiese un poco mejor la situación de las “personas especiales” y cuando se quedó sola en la habitación, curioseó un poco a pasos lentos, solo habían suéteres, monos, y zapatos blancos. Toallas, calcetines y ropa interior blanca, todo, era blanco. Parecía un reflejo de su mente, y en sus inquietudes finalmente consiguió un cuaderno, lápices, peines, cepillo de dientes y otros artículos de ese estilo, no sabía como sentirse al respecto, todo pretendía convencerla de que, todo era normal, todo estaba bien, aunque no se sintiera así, entonces encontró las prendas para dormir.
Se cambió, se acostó en la cama, que ahora estaba mas suave, más acomodada, pero pese a ello, no podía conciliar el sueño. Se preguntaba de donde venía, quien era y esperaba poder recordarlo pronto.




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