Thrice

Capítulo 29: El pasado vuelve

Escuché murmullos en la parte principal, mis recuerdos debían esperar.
Cuando aparecí por la puerta me topé con una espalda esculpida, enmarcada en gris oscuro. El cabello estaba ligeramente revuelto y liso, en un peinado parecido al de Pierce Brosnan que le quedaba desubicado por completo.
—¿Qué te has hecho en el pelo? —Solté.
Evan se giró sobre sus pies y al mirarme enmudeció. Su mirada era de rendimiento absoluto y la miel de sus ojos me embriagaba tanto que a Ivette la oía lejana:
—Mamá está ladrona.
—¿Cómo has dicho? —José soltó una carcajada.
Pablo y Louie observaban desde la puerta de la cabina, Louie se acercó a mí y me giró para que le mirara a la cara, rompiendo esa tensión deliciosamente silenciosa entre Evan y yo:
—Ivette quería decir arrebatadora, Avery, estás arrebatadora. —me tomó de la barbilla y me revisó la cara. —Pero te falta algo... —se le encendió la bombilla- —¡de maquillaje!
—¡Pero si apenas me maquillo desde que nació Ivette!
Erika levantó un dedo en señal de haberse acordado de algo y acudió a donde todos tenemos nuestra taquilla.
—Evan. —pedí sin mirarle a la cara. —el pelo liso y alborotado no encaja con el traje.
—¡eso ya se lo estaba diciendo yo! —puntualizó José.
—¿Y qué sugerís?
José tomó un peine y lo mojó. Se lo pasó a Evan por el pelo, respetando la raya lateral, hacia atrás. Un poquito de gomina, volver a repasar y listo. Erika volvía con una pequeña paleta de sombras de ojos y la abrió. Louie señaló un color y Erika me lo aplicó.
Ivette, que había desaparecido, trajo algo entre sus manos:
—esto estaba en la caja —Me mostró un pasador con una flor como la del vestido. —creo que es una horquilla para el pelo.
Louie la colocó con maestría en mi pelo, sujetándolo detrás de la oreja.
—¡Listo! —anunciaron los tres a la vez.
Evan me miró distinto, serio, austero. Como si se debatiera entre dos ideas y tuviera miedo a expresarlas. Me ofreció el brazo y se lo tomé, pero con una sensación de dejar algún cabo suelto que no era capaz de enganchar.
Salimos del hangar, y en vez de acompañarnos Louie, nos estaba esperando una limusina negra.
—¿Una limusina, en serio? —parecía irreal.
—Soy amigo del embajador de España en Corea —Evan se encogió de hombros. —Ya era amigo de mi padre, y el hombre es así.
Sonreí y acepté. Entramos en el vehículo y quedé fascinada del tamaño de la limusina desde dentro. Un amplio asiento rodeaba la parte central, bajo los asientos había armarios y se podían usar de refrigerador, de mueble bar... era grandioso.
No tardamos mucho en llegar. Las calles eran estrechas y en cuesta, alguna estaba vieja, pero la casa del embajador era moderna y llena de palmeras.
Nos recibió una mujer de piel clara, cabello negro recogido en ondas "cotton club" y ojos marrones muy vivaces. Lucía un vestido rojo sirena con pedrería negra a modo de encaje.
—¡pero si aquí llega mi Dios de ébano! — miraba a Evan con deseo, y he de admitir que razón no le faltaba. A continuación posó su mirada sobre mí y pasó a ser suspicacia. —y acompañado por su propia Afrodita, —¿Me estaba insultando con un halago? —que bien...
—Avery Barnaby Murphy. —extendí mi mano para estrecharla.
—Llámame Macarena. —me estrechó la mano en un microsegundo y me la soltó demasiado rápido como para ni siquiera parecer cortés.
¡Pues tú tampoco me caes bien, snob! Pensé por dentro. Aunque sospecho que era algo más que eso lo que Macarena me hacía sentir.
Evan me tomó de la mano, ya no había electricidad en mí y parecía que tampoco en él, y me acercó para preguntarme:
—¿Por qué dices los dos apellidos, acaso es compuesto?
—Es que soy española, —desvíe la mirada mientras lo explicaba, no quería enmudecer con la miel de su mirada de nuevo al tenerle tan cerca. —mis abuelos se casaron en España, y mis padres también. ¿Tengo nombre y apellidos en inglés? Bueno, pero el matrimonio español usa los dos apellidos y eso me llena de orgullo.
Sonrió abiertamente con sinceridad y candor ante mi explicación.
Y a continuación puso su brazo sobre mis hombros y me pegó a él para posteriormente sostenerme por la cintura. Su gesto me recordó a mi príncipe adolescente, pero Evan Osborne no me hubiera dado el beso en el pelo ¿Verdad? Me iba a explotar la cabeza como le diera muchas vueltas.
Macarena nos miraba con recelo desde su rincón. A mí, principalmente, me hacía un barrido desdeñoso con la mirada, supongo que buscando algún defecto, pero por suerte, yo había heredado una genética tan dispar que mi cuerpo no necesitaba gimnasio ni dietas extravagantes. Aunque ella también era atractiva, no lo negaré, pero su personalidad sobreactuada le daba una esencia ácida muy poco agradable.
Yo seguía agarrada del brazo de Evan Osborne, y Macarena se acercó al hombre con el que hablábamos.
—Papá, Evan no me hace caso. —se quejó de Evan, pero me miraba solo a mí. —Dile algo.
El embajador sonrió, miró a Evan y me miró a mí. Para acabar con su hija:
—Deja de ponerte en evidencia, Maca, —la miró severamente. —Evan está en todo su derecho de rehacer su vida como quiera y con quien quiera.
—¡Pero papá!
—Pero nada, Macarena, fuiste tú la que le obligaste a casarse contigo con un embarazo falso, suerte para él que yo te descubrí a tiempo.
¿Qué acababa de pasar? ¿Evan estuvo comprometido con Macarena?




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