Thrice

Capítulo 42: Datos aleatorios de un todo

No quise darle más importancia de la que debía a esos sueños. Ni al mío ni al de Ivette. Por eso me ofrecí a recogerla a la salida, en vez de la abuela, como era costumbre.

—La abuela va a ir de todas maneras —resolvió Ivette—. Va con Manolo a recoger a David.

—Pues la vemos allí, entonces.

Ya sabía a quién le iba a contar lo sucedido, y Manuel aportaría el punto de vista masculino.

Llevé a la niña a clase, volví a casa, encendí el robot aspirador y me dispuse a limpiar el polvo; nada fuera de lo común.

A excepción de una cosita. Recibí un mensaje en el móvil. Pero recibí el mismo mensaje en los DOS móviles:

“Te echo de menos”

Obviamente, en el analógico era un SMS de Evan; en el smartphone, un WhatsApp de Christopher.

No contesté a ninguno. Antes tenía que aclarar mis ideas.

Christopher me iba a ver el viernes, ¿no? ¿A cuenta de qué iba a meterme prisa ahora?

¿Y Evan? No es profesional comentar esas cosas por el teléfono de la empresa.

Pero... ¿Tengo el número privado de Evan? ¡No!

Caí en la cuenta de lo que oí entre susurros la primera noche de vuelta: Evan tenía que hacerse una prueba, pero ¿de qué? Él dijo que repercutiría en un "nosotros", incluyendo a Ivette.

Pero yo ya iba a decirle a Christopher que tenía una hija. En dos días ya estaría tranquila con los asuntos pendientes solucionados. Aunque pensé que, como fue un ligue de una noche, quizás Christopher me pedía una prueba de ADN. La niña es suya, es mulata, es preciosa, y no estuve con otro en mucho tiempo. ¡Qué leche! ¡Qué dolor de cabeza!

Preparé una ensalada campera: tomate y cebolla crudos, con huevo y patata cocidos, y atún, mucho. Y aliño de ensalada. Hice cantidad para todos, invité a Cassidy y Tony también a comer.

Tony le trajo una diadema de conchitas de alguna princesa amante del mar. Ivette se puso el adorno en el pelo y, tras agradecerlo, no le hizo mucho caso aparte de llevarla puesta.

Tuvimos que llamar a Lola para advertirle de que Manuel y David se quedaban a comer.

A la hora del café, puse una película infantil en la plataforma de streaming sobre animales que hablan, y los niños se quedaron tranquilos viendo la televisión.

—Avery, me estás preocupando —empezó mi madre.

—¿Cómo has dicho que se llamaba? —preguntó Cassidy.

—Evan Osborne —no me iba a andar por las ramas.

Cassidy tomó su móvil y buscó información:

—Aún no tiene página en Wikipedia, Avy, no hay mucho sobre él.

—Si es empresario desde hace seis años, supongo que la empresa estará aún en expansión —opinó Tony.

—Si piensas en la lista Forbes España, quizás encuentres a tu jefe —añadió Manuel.

—¡Buena idea, Manolo! —expresó Cassidy.

Miré a todos y cada uno de los presentes y me sentí abrumada por la compenetración entre todos. Me senté.

—Os estáis desviando del tema —me apoyé sobre mis codos y hundí mi frente en mis manos—. ¿Qué más me da la posición que tenga como millonario en la Forbes, si lo que me inquieta es que se lleve tan bien con la niña?

Vislumbré un leve movimiento en Ivette ante la pregunta. Solté aire.

—¿Qué insinúas? —mi madre se puso alerta.

—Creo que está manipulando a la niña para acercarse a mí.

Ivette negaba físicamente desde su posición. Cassidy se empezó a reír sin freno.

—¿Que se ha querido acercar, en serio? —aplaudió—. Por lo que me has ido contando por mensaje, más bien ha sido lo contrario, Avy.

—¿Perdón? —no entendía a mi hermana.

—Le pusiste nervioso desde el principio —Cassidy levantó un puño y con la otra mano empezó a sacar dedos del puño cerrado—. Intentó mantenerse profesional cuando vio que eras su tipo —sacó el índice—. Intenta mantener las distancias día a día —sacó el dedo corazón—. Te mira el pecho y no te dice nada obsceno pese a ponerle aún más nervioso por ello —sacó el anular—. Anula ir en alta velocidad para ir en avión porque así va contigo —sacó el meñique—. Se molestó en comprar cosas para Ivette, incluyendo una silla para el coche, para que la pudieras llevar contigo a trabajar y no tuvieras que estar pendiente... —y tomó aire para preguntarme—. ¿Qué dudas tienes, hermanita?

A mí, personalmente, me dejó sin palabras. Pero mi madre y mi hija me miraban inquisitivas.

—Lo de la sillita del coche no tenía ni idea, pensé que era la que tenías en el tuyo, que se la prestaste —alegó mi madre.

—¿Dejó de ir en tren para ir en avión? —preguntó Ivette.

El dolor de cabeza había cambiado de sitio.

Mi subconsciente me decía que aquello no era normal y le había dado muchas vueltas. Decidí dejarlo a un lado para enfocar la conversación en Christopher.

—El viernes veré a Christopher y por fin le diré que tiene una hija... —me dio por jugar con el pelo.

—Has tardado un poquito, bastante —Tony se cogió un biscote con queso.

—Lo ha ido dejando y se le echaron seis años encima —Cassidy informó a su marido.

—Digamos que la conversación no ha dado pie a que se lo comentara —me encogí de hombros.

—Mamá —Ivette se colocó al pie de mí y, con esas aceitunas que tiene por ojos, me miró y sentenció—. A mí, el papá que me gusta es Evan. Christopher me da igual. Antes solo quería ser tu amigo —estaba seria—. Ahora quiere que solo seas amiga suya, porque querer ser amiga de Evan debe de parecerle algo malo.

Me apresuré a abrazarla y, con un nudo en el estómago, le corroboré:

—Cuando le vea, le dejaré claro tu opinión.




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