Thrice

Capítulo 45: Creer y crecer

Gracia, la verdad, me hacía más bien poca. Si Evan no es celoso, al menos me podía meter prisa, digo yo. Pero nada más lejos de la realidad: le parecía gracioso. ¿Por qué?

Nos sentamos los cuatro en plan distendido y el viaje a Vigo se nos hizo corto.

Evan llamó al señor Takahashi y no parecía que fuera reacio a que llevara más gente a la reunión. Fuimos los cinco, Pablo incluido.

Evan y yo podíamos hablar en inglés con el empresario japonés, pero el inglés de José era un poco escaso y el de Louie prácticamente nulo, por lo que Pablo hacía las veces de intérprete.

El empresario japonés estaba contento y no parecía querer hablar de negocios hasta que dijo:

—Watashitachi ga musunda keiyaku, —Takahashi parecía pedir perdón con su gesto—. Kyōto ya Barcelona ni mo hiroge rareru to omoimashita.

—Hijō ni yoi aideadesu ne, Takahashi Tōru-san, —Evan procuró ser lo más diligente posible—. Shikashi mazu wa watashitachi no bijinesu ga nozomu tōri ni hatten suru koto o kakunin shinakereba narimasen.

Pablo afirmó. No dijo nada, pero al parecer lo cortés que había sido Evan le había agradado.

—Pablo, ¿puedes traducir para quienes no hablamos nipón? —Louie nos señalaba a José y a mí también.

—He entendido que el señor Takahashi quiere abrir sucursales del hermanamiento en Barcelona y Kioto, y el jefe le ha replicado educadamente que primero hay que ver cómo prospera la asociación que tienen en marcha.

Evan nos miró como si acabara de reparar en nosotros y, tras una breve afirmación gestual, cambió a hablar en inglés.

—¿Y si hablamos un idioma que entendamos todos? —sugirió José—. O al menos la mayoría.

—Be careful, Mr. Takahashi, because being in Spain does not prevent me from speaking English as a native language. —dije con un tono sarcástico.

Tôru Takahashi se sorprendió de lo que yo dije y, mirando a Evan, sonriendo, comentó:

—I think it's great that you bring your wife to the meetings. —le dio un suave toque en el hombro—. So later, they don't blame us for having meetings to get drunk with friends.

Evan, cuidadoso con el papel con el que me ven los demás, intentó corregir:

—Avery is not my wife, —Evan sonrió levemente—. She is the woman I'm in love with.

El señor Takahashi nos miró a Evan y a mí, alternativamente entre los dos, y comentó:

—In Kyoto I saw a pretty little girl. Is she your daughter?

Evan mostró una cara entre la ilusión y el orgullo cuando respondió:

—I hope that her mother lets me be.

Pero el señor Takahashi no lo entendía y replicó:

—The girl looks like both of them.

Evan dudó qué responder, pero miró con severidad a Pablo al decir:

—その女の子は私の娘であるという予感がしますが、慎重に遺伝子検査を待つつもりです。

El señor Takahashi afirmaba con la cabeza, pero Pablo abrió levemente la boca. Se sintió como si fuera obligado a guardar un secreto y se le vio asustado.

—¿Y bien? —yo me sentía aludida porque el japonés había focalizado la atención en que Ivette se parecía a Evan tanto como a mí.

—¡La niña le ha cogido tanto cariño que le imita sin querer! —exclamó Pablo a la desesperada.

Como si hubiera entendido el ambiente, el señor Takahashi aplaudió para llamar la atención y, feliz, exclamó:

—Don't worry, don't worry! —extendió los brazos y nos palmeó el hombro a Evan y a mí—. The best companies start from a family home with strong values of honesty, caring, and legality.

Que el señor Takahashi defendiera nuestro núcleo familiar como ejemplo, cuando aún no estaba formado, me corroboró que algo había en esa frase en japonés que Evan quería transmitir sin que nosotros lo supiéramos. Pero el pobre Pablo, que no es capaz de inventarse una mentira, se ha visto arrastrado a cubrir a Evan en la suya.

Sonreí por compromiso y no volví a abrir la boca en la comida. El señor Takahashi intentó preguntar en español por las posibilidades turísticas de Vigo, y José le sugirió las paradas del Camino de Santiago.

Sin más que decir, acompañamos al señor Takahashi al puerto marítimo para que se fuera en su yate.

Cuando le perdimos de vista, yo moví el hombro para zafarme del tacto de Evan.

—¿Qué le has dicho a Tôru Takahashi para que dejara de insistir con el hecho de que Ivette se te parece?

Evan miró a Pablo y sonrió cómplice, y como quien busca en sus recuerdos, añadió:

—Le he dicho que formaría una familia con vosotras porque os quiero a mi lado, aunque fuerais distintas.

Me dejé abrazar por Evan porque de verdad quería creer en sus palabras, pero algo dentro de mí aún tiraba en dirección contraria.

Volvimos al jet con tranquilidad. El coche de la empresa estaba repleto.

Volvimos a Madrid sin sobresaltos y a las ocho de la tarde ya estaba recogiendo a Ivette de casa de mi madre.

—Mamá, tengo ganas de que esta familia crezca cuando traigas a Evan a casa —la Ivette de siempre, sin filtros.

—¿Es que aún no está dentro? —le piqué.

—Aún no le conocen las tías Izzy y Lola —replicó.

—Eso tiene solución —empecé a hacerle cosquillas—. Le podemos invitar un día a comer y que vengan las tías también.

—¡Me gusta!

—¿Las cosquillas o la idea? —yo seguía buscando rincones que poder rascar.

—¡La idea, mamá, la idea!

Cesé de hacerle cosquillas y le sonreí ampliamente. Era un libro abierto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.