Sabiendo de la reunión tan importante que Chris tenía, no iba a llamarle. Pero podía mandarle un mensaje, que leería cuando pudiera.
Tras un paseo hasta su casa, me dispuse a regresar sola. Pero como parecía estar la cosa demasiado tranquila, me llamó Cassidy.
—¡Sister! —creo que me pasé de vehemente.
—¿Te acuerdas de la duda que te comenté?
Recordé la breve conversación que tuve con ella, justo antes de acudir a la cita donde descubrí la verdad sobre mi jefe. Je, je, je...
—¿Lo de ser mamá? Cassidy, estoy contigo. Sí, lo recuerdo bien.
—Tony ha planteado algo que me ha cabreado mucho —la notaba alterada. Ahora era ella la que me necesitaba.
—Cassidy, dímelo con calma —sugerí.
—Dice que quiere tener hijos, pero que si me va a poner en peligro, prefiere tenerme a mí que tenerlos.
—¡Para el carro, Cassy! —había alguna pieza que faltaba—. ¿Peligro? ¿De qué hablas?
—¿Yo? —hipaba al llorar—. ¡Es lo que Tony ha dicho!
—¿De qué peligro habla? —me corregí.
—¡Eso mismo le he preguntado yo, y se ha enfadado, y se ha largado!
—No os entiendo, de verdad, Cassy —tomé un respiro—. Seguramente Tony se ha descontextualizado en algún momento. Pero lo que te ha dicho es muy bonito. Te ha dicho que si no es contigo, no es con nadie.
—¡Pero es que le iba a decir que sí que quería intentarlo, Avery!
¡Bien por Cassidy. Mal por Tony! ¿Qué pieza falta en su rompecabezas?
—Trabajas con él, Cassidy. Piensa un poco. ¿Dónde estaría ahora?
Tardó un poco en contestar, pero ya se le oía mejor.
—¿Componer?
—Ahí lo tienes —Cassidy no me vio sonreír, pero seguro que me lo notó.
—¡Hasta para esto eres veryAvery! —¡Será capulla! Me pilló con la guardia baja.
—Pues te has quedado sin saber una cosa, que lo sepas —la quise chinchar.
—Me lo vas a contar tarde o temprano. Seguimos siendo hermanas.
—Tu sobrina cree que estoy buscando lo mismo que tú —me reí, casi a regañadientes.
—¡Joder, Avery!
—No te preocupes. Nada más lejos de la realidad —la tranquilicé.
—¡No me asustes, coño!
Tampoco era para tanto. ¡Qué exagerada es Cassidy con los imprevistos!
—¡No he hecho nada para que pueda llegar a pasar nada semejante, tranquila!
Hubo un largo silencio al otro lado del teléfono.
—Avery, te cuelgo, que he de buscar a Tony —y Cassidy lo cumplió.
No le había comentado nada, ni del viaje, ni de la actriz del parque.
Le mandé un mensaje a José, para saber cómo iba su rol de anfitrión. Me contestó breve y conciso: <Cuando te enseñe las fotos, te lo explico> Wow, sí que estaba ocupado.
Mi puesto de trabajo ya no tenía mucho que ver con lo que hacía antes. Hacía lo mismo, pero siempre dependía de la agenda del jefe. Y en este caso, pues era algo más, claro.
Respecto al trabajo, decidí acudir al hangar donde descansaba mi puesto en movimiento. Sabía que Pablo estaría allí, pues comentó que iba a recibir la visita de un revisor especialista de esa línea de fabricación.
Acudí con la versión “turista” de mi uniforme. Igual de sobria, pero más barata y sin pañuelo al cuello.
Como ya eran más de las 12 de la mañana, el mecánico de revisiones se cruzó conmigo cuando llegué.
—¿Qué tal ha ido?
Pablo se encogió de hombros.
—Pasa la revisión, pero tanto yo como Louie debemos actualizar nuestros conocimientos sobre el modelo de avión que tiene Evan Osborne —hizo el gesto de “tocar madera” en su frente—. Actualizarnos el software.
Su metáfora me pilló desprevenida, y la risa que se me escapó no coincidía con la cara de disculpa que lucía Pablo.
—¡Perdón, Pablo! —me serené—. ¿Y yo como auxiliar de vuelo debo actualizarme también?
—Al parecer, tiene que ver más con los protocolos al repostar y aterrizar, que lo estábamos haciendo mal —se encogió de hombros.
—Entonces eso se aprende rápido. No tendréis problema —le consolé.
—Sí, eso espero.
—¿Cómo llevas el asunto con Erika? —cambié de tema.
—Raro. Nuestros gustos nunca coincidieron, y sin embargo, estamos intentando que funcione —me sonrió con gratitud.
—Me alegro por vosotros.
—¿Y tú, cómo lo llevas con el jefe? —reciprocidad.
—¿Decir que me siento como una adolescente serviría para describirlo?
—Mucho —me miró con curiosidad—. Pero si le conoces desde hace tiempo, ¿por qué te sientes como si lo que tienes fuera de primeras?
Me encogí de hombros. No sabría responderle.
—Supongo que será porque no ha sido una relación continua al uso —le guiñé un ojo.
—Ivette estará encantada de ponerle cara por fin a su padre —comentó sin darle mucha importancia.
Pero yo me puse en alerta.
—Bueno, tampoco es que haya conocido otro —fui lo más condescendiente que pude.
—Evan es tonto —Pablo soltó una risotada bastante escandalosa—. ¿Para qué se hizo la prueba, entonces?
¡La prueba! Se me había olvidado por completo.
—¿Te refieres a la prueba que se hizo nada más llegar de Asia?
—Sí, claro —me miró con algo de complicidad, que se esfumó en cuanto me vio la cara—. La prueba genética.
Me alarmé por si él sospechaba de tener algo hereditario.
—Pero dijo que los resultados eran los mejores que podían ser —hice un gesto con la mano para quitarle importancia—. Al parecer el resultado era negativo.
Pablo negó con la cabeza:
—El resultado satisfactorio de una prueba de paternidad es que dé positivo, ¿no?
¿El resultado que tan feliz le hizo a Chris… ¿era una prueba de paternidad que se había hecho con Ivette?
¿Chris me ha llamado furcia, o solo me lo ha parecido a mí?