Isabel cruzó los brazos:
—¡Por eso lo digo!
—¿Tú crees que lo admitirá? —cuestionó Lola.
Intenté hacer acopio de todas las certezas que ya sabía de Chris. Y llamarme furcia no encajaba, la verdad. Pero la sensación estaba calando hondo.
—No te veo muy segura de lo que has dicho, Avery —notó Isabel.
—Se lo decía hace un rato a Cassidy. No es que él sea muy espabilado en darse cuenta de los sentimientos ajenos.
—Pues pregunta a otra persona, ¿no? —sugirió Lola.
—Es hijo único y sus padres fallecieron en 2019... ¿A quién pregunto?
Ambas se miraron. Yo tengo hermana y madre. Chris no tiene a nadie. Pero se encendió mi bombilla: si yo tengo a Izzy y Lola, él tiene a José. ¡José, eso es!
—No parece una persona solitaria, la verdad —comentó Isabel—. Es más, me pareció muy seductor.
—José —no se me oyó.
—¿Perdona? —Lola se había ofendido—. ¿Cómo que seductor?
Isabel se extrañó de la reacción de su mujer:
—Sí, es seductor porque tiene ese magnetismo propio de un líder y la espontaneidad de un amigo. Eso lo hace seductor a él; no que me haya seducido a mí.
Mientras Lola se apaciguaba con la explicación de Isabel, yo pensaba en cómo acertar para averiguar más sobre Chris.
—Preguntar a su mejor amigo, que también es su secretario. Creo que José me puede ayudar.
—Qué puesto más desafortunado. Asistente personal le pega más, sobre todo si es su mejor amigo, como ya has dicho —opinó Lola.
—¿Le quieres llamar ahora?
—No puedo. Está de viaje con su novio y una amiga suya.
Isabel miró la hora. Las cuatro de la tarde.
—¿Acaso se ha ido al extranjero? Creo que al menos le podrías mandar un mensaje, digo yo —parece que Isabel tenía prisa.
—Me parece bien.
Me dispuse a enviar el mensaje. Una simple pregunta, sencilla pero directa:
<¿Christopher se hizo una prueba de paternidad?>
No sé si quería saber la respuesta afirmativa o negativa. No sabría cómo reaccionar si era una cosa o la otra. Ahora solo tocaba esperar.
Recogimos la cocina y no tardaron en irse.
Me puse alguna serie olvidada que tenía pendiente en plataformas. Una comedia romántica, por si Nora traía a Ivette, abriendo con sus llaves.
Clin Clin Clin —llamada entrante, desconocida. Genial.
—¿Quién llama?
—¿Avery? —su voz me era familiar—. ¡Menos mal que te encuentro en la agenda, soy Fran!
Hablé con él poco, pero fue hace un mes, poco más.
—Fran, ¿por qué contactas conmigo? —lo cierto es que era rarísimo que me llamara a mí—. Llama a Izzy, es más lógico, ¿no?
—No quiero provocar malentendidos por llamarlas.
—¿Y a mí sí? —me reí de su inocencia—. Dime qué es lo que pasa.
—¿La hermana de Dolores se llamaba Rocío?
—Sí, ¿algún problema?
—Está preguntando por distintos bufetes sobre el pequeño David.
—Eso no suena bien —me acerqué a la ventana, por si veía a mi madre por la calle—. No sé a qué viene ahora aparecer, después de más de cinco años sin dar señales de vida.
—Ramiro me preguntó por tu contrato, ¿va bien?
—¿Sabías que mi jefe es el padre biológico de Ivette?
Al otro lado hubo una pausa. Fue raro.
—Me alegro por ti.
—¿Fran? —algo noté que no era cierto—. ¿Pasa algo?
—¡No, me alegro de veras! —se le notaba triste al otro lado del teléfono.
¿Me sonaba decepcionado, quizás? Fran era más reservado de lo normal, una gran cualidad para un abogado. El hecho de que me llamara a mí antes que a Izzy, y de que se apague así por decirle que encontré al padre de Ivette, me dio la sensación de que yo siempre le gusté.
—Fran, ¿acaso te gusto?
—Un poco, sí, la verdad.
—No eres mi tipo.
—Por eso no dije nada.
El aire se había enrarecido de repente, pero yo no podía hacer más.
—¿Crees que se lo podrías decir a Izzy y Lola?
—¿Yo?
—Eres el abogado que llevó su caso. Yo no soy quien se lo debe decir.
—Lola me mira como si quisiera matarme.
—¡Ya será menos, exagerado!
Mal oficio fuiste a escoger, si no te gusta el enfrentamiento y prefieres escurrir el marrón, Fran.
Colgué la llamada porque mi madre y mi hija estaban doblando la esquina. Llamaron al timbre y subieron.
—Mamá, David me ha estado enseñando a bailar Blas.
—Vals, Ivette. Se dice Vals —apuntó mi madre.
—Pues lo que he dicho, Blas.
Yo reí. Ivette puso los brazos en posición y dio un par de vueltas por el salón. Apuntaba maneras.
—Vale, tiene razón la abuela. Estás bailando Vals —no podía contenerme la risa.
—¿Qué he dicho mal?
—Blas es un nombre de chico. Hay un cantante que se llama así, ¿quieres escucharlo?
—¡Vale!
Busqué algún Vals cantado por Blas Cantó, pero lo más parecido fue un par de baladas. Me tendría que servir.
Mientras le ordenaba a la voz domótica de la casa que pusiera canciones de Blas, a mí me llegó un mensaje. Era Chris.
<Nía ha contactado conmigo hace un momento, sí que es mi prima>
Supongo que Nía debía ser la actriz de Disneyland que hacía de Tiana. Al final Chris no va a ser tan huérfano como él creía, después de todo.
Y ahí está la cuestión otra vez. Con esa chica no ha dudado en presentarle la tarjeta y sugerirle a un compañero que podría ser su prima.
En cambio, conmigo, en vez de preguntarme por mi fidelidad hacia el padre de Ivette, decidió hacerse una prueba de paternidad.
¿Es o no es para matarle?