Thrice

Capítulo 69: Intempestiva

Chris no sabía nada de lo que yo pensaba al respecto. Y yo, bueno… digamos que no me gusta que me pongan en duda, y menos a mis espaldas.

Pero era ya hora de cenar y había que irse a dormir. Ivette me pidió un trozo de tortilla de patatas, y estaba de ánimo para comerme otro trozo yo.

Pregunté a mi madre si quería cenar con nosotras y denegó la propuesta. Tenía una cena romántica con Manolo. Le di mis bendiciones, si es que eso lo puede hacer una hija respecto a su madre. Y con el triple besito de la suerte por parte de Ivette, Nora se fue contenta.

A la hora de dormir, yo ya no podía aguantarme y se lo tuve que decir:

—¿Sabías que la mujer del parque sí que es prima de papá?

Ivette se incorporó, por enésima vez.

—¿Tiana y papá son primos?

—No se llama Tiana. La chica se llama Nía. Es una actriz que hace de Tiana —le expliqué.

—¿Entonces no soy familia de Tiana?

—Eres familia de Nía. Tiana es su papel.

—¿Como lo que hace el tío Tony en esos vídeos que cantan otras personas?

¿Mi cuñado sale en los videoclips de sus canciones? ¿Se cree Woody Allen o Santiago Segura, o qué?

Afirmé desde el desconocimiento.

—Ser una persona y hacer de otra se llama actuar —puntualicé.

—Como jugar a ser otra persona —Ivette se acostó y en diez segundos ya estaba dormida por completo.

El maldito lunes me había dejado baldada. Me tiré en la cama y dormí sin siquiera desmaquillarme el poco perfilador que llevaba. Mañana sería otro día.

A las siete de la mañana, alguien estaba aporreando el timbre de mi puerta. Al parecer, el portón del portal estaba abierto.

—Mamá, ¿quién es?

Fui a mirar por la mirilla y no me lo podía creer.

—Evan, cariño, soy yo, ábreme.

¿Qué hace Macarena en el rellano de mi edificio? ¡La mato, juro que la mato! ¿Qué podía hacer para que no despertara a los vecinos que trabajan por la tarde?

¡Llamar a Chris!

Lo cogió enseguida.

—Te iba a llamar ahora mismo.

—¿Sí? —¡Qué ironía!— ¡Qué bien!

Macarena volvió a timbrar con insistencia.

—Evan, abre, que sé que estás en casa —¡maldito terciopelo urticante!— ¡He visto la luz encendida desde la calle!

—Mamá, ¿quién es esa señora tan pesada?

Chisté un momento a Ivette. Copé la mano y la usé para susurrar al teléfono.

—Chris, alguien te está buscando en mi casa, y ha venido a despertarnos.

—¿Qué, quién?

—No se te ocurriría ni en un millón de años: Macarena.

—¿Pero esa mujer no se había vuelto a Seúl?

—¡Al parecer, no!

—¿Y qué hago?

—¡Chris, caray, no sé! —qué irritante es a veces—. ¿Venir?

—¡Oh, sí, claro, cierto!

—¡Te oigo caminar, Evan, sé que estás en casa!

Volvió a aporrear el timbre. ¿Esta mujer no se cansa, o qué? Si no le abro la puerta, será porque no quiero. ¡Es gilipollas! ¡No vería un cuervo ni aunque te picotease en la nariz!

—Chris, date prisa, que Ivette tiene que ir a clase, y entra a las nueve.

Me colgó.

Aproveché para llamar a José. Ya no podía posponer más la conversación con Chris, y yo debía estar sobre aviso. Solo José sabría lo que pasa en la cabeza de Chris. Y Chris ya estaba de camino para espantar a Macarena.

¡Cómo odio las prisas!

—¿Avery?

—José, estoy en una encrucijada algo aparatosa y solo tú me puedes ayudar —procuré ser breve.

—Es raro que me digas eso a mí, pero vale, dime.

—Me he enterado de que Chris hizo una prueba de paternidad —sin miramientos.

—¡Joder, le dije que te lo contara!

—Quiero mantener algo de distancia —miré de reojo a Ivette, que se había sentado en el sofá y cabeceaba.

—¡En tu posición, no me extraña! Perdona a Evan, no es muy espabilado con los sentimientos —era una excusa un poco vaga.

—Ya me he dado cuenta. Eso lo hablamos ahora tú y yo. Me preocupa otra persona ahora mismo —debía poner en orden lo que pasaba.

—¿Quién?

—¡Tengo a Macarena en la puerta de casa, llamando a Evan!

—¿Pero no estaba ya en Seúl? —¡Otro que no se entera!

—¡Obviamente no!

—¿Y cómo te puedo ayudar yo con eso?

—Chris viene de camino. No sé cómo lo hará, pero al menos lo aclarará.

—¿Y entonces, por qué me llamas, Avery?

—No quiero toparme con Chris y querer discutir, sobre todo porque eso le dará motivos a la loca para seguir aquí. Y sé que Chris no lo quiere. Quitarnos a Macarena primero, lo otro ya vendrá después.

—Vale, ya te entiendo. Quieres un parteaguas sentimental.

—¡Vaya metáfora! Pero sí.

—¿Qué dudas tienes?

—¿Qué he hecho para que Chris creyera que soy promiscua?

—¿Qué? ¡Jamás pensaría eso!

—¿Y la prueba de paternidad, para qué la hizo? —es lo que a mí más me interesaba saber.

—Para asegurarse de que Avery Barnaby y Avery “Diamond” eran la misma mujer.

—¿Qué? No entiendo —¿otra vez sacando a colación el diamante?

—Christopher hizo cálculos y le parecía que llevabais vidas muy paralelas. Fue cuando llegasteis al avión y tú te disculpaste, palabra por palabra, igual que la otra Avery, que no barajó la posibilidad de que fueras la misma.

—¿Y por qué no lo preguntó?

—Antes de dar un paso en falso, prefirió asegurarse de que tú eras ella. Y no se le ocurrió otra cosa que tomar cabellos del cepillo de Ivette.

—¿Preguntar si el nombre del padre de Ivette es Christopher no era más sencillo? —puse un ejemplo bastante más fácil.

—Todo lo listo que es para los negocios, lo es de tonto para el corazón.

—Ya veo, ya —resoplé y colgué.




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