Thrice

Capítulo 74: La vida sigue adelante

Extraña situación. Ese día había empezado con la idea de que iba a desenmascarar a Christopher Evan Osborne y su intención sobre el motivo de la prueba de ADN que se había hecho con nuestra hija. Y su razón era tan absurda, y tan lejana de lo que yo creía, que le perdoné.

La situación había desembocado en una fiesta de compromiso en la que invitaríamos a nuestro círculo más cercano.

Yo tenía familia y amigas; él era hijo único de un rebelde y una renegada. Creía que estaba solo, hasta que conmigo viajó a París y descubrió que tenía una prima que era fan de su padre.

Así que todos ellos, junto a nuestros compañeros de trabajo, serían los invitados a la fiesta de compromiso. Sin lujos, sin pompa, solo nosotros.

—¿Quieres que la llame?

Miré la hora: las doce del mediodía. Me negué.

—Nía estará trabajando.

—Si está trabajando, no creo que me coja el teléfono; pero si no lo está, sí que lo hará.

—Tienes razón.

Chris marcó la llamada. Se oía tono, al menos el móvil no estaba apagado.

—¿Evan? —la voz de Nía, sin aparentar ser alguien que no es, era muy bonita.

—Do you have any news about your contract?

¡Directo al grano, ese es mi chico!

—My contract ended yesterday and they haven't renewed it. I'm unemployed.

La peor de las noticias. Pobre Nía.

—You're invited to live with me in Madrid; because I assume you don't want to return to the Anglican church where your father presides.

Si tienes que volver a casa de unos padres que no te comprenden, yo tampoco querría volver.

—Won't I be a nuisance to you and your family?

Chris me miró. Yo me negué, cómplice. Estaría encantada de convivir con alguien nuevo. He convivido veinticuatro años con Cassidy, antes de que se casara con Tony.

—You will always be welcome. You will be one more in the family —respondí con cariño.

Al parecer, Nía se sorprendió de oírme, y se la notó feliz.

—I have some things to take care of before I travel. But since it's not much, I'll have it sorted out tomorrow afternoon.

—I'm happy for you! So, see you on Friday?

—Yes!

—I'll pick you up on Friday. See you then, cousin —concluyó Chris.

—¡Qué oportuno has sido, Chris! —exclamé en cuanto él colgó.

—Sí. Mucho.

—Tengo cosas que hacer, y empezaré por ver a mi madre.

—¿Te acompaño?

—¿Pides cita en el registro civil? Es para formalizar la boda, y para que le puedas poner tu apellido a Ivette.

A mí me pareció un paso lógico, sin más razón que la de hacer las cosas bien.

—¿Estás hablando en serio? —volvió a surgir el niño que llevaba dentro.

—Claro que hablo en serio. No pretenderás que le niegue a Ivette llevar tu apellido, ¿o sí?

Negó con ímpetu. Improvisó un beso intenso.

—Soy el hombre más feliz del mundo.

—Bueno, bueno —comenté con algo de desdén cómico—. Ya me lo dirás en un año, cuando te encuentres con tres mujeres en casa.

—Todo lo que quiero es teneros en mi vida el mayor tiempo posible —me plantó un fugaz beso—. Y ahora vete a ver a Nora, que aparte de alegrarse por nosotros, tendrá que explicar por qué soltó tan abruptamente la mano de Manolo.

—¿Cómo dices?

—¿No lo viste? —noté que le costaba soltarme—. Supongo que no tendrá importancia, pero seguro que será una situación cómica.

Salí de la oficina. José estaba esperando, sentado en las escaleras, como si fuera el banquillo de baloncesto. Louie, pese a tener esa fama de cotilla, brillaba por su ausencia. Aunque al llegar a la parte baja de las escaleras le vi salir por la puerta del avión con un par de cajas.

Ya estaba a punto de entrar en la terminal, cuando me di la vuelta y exclamé:

—¡Hasta el sábado!

No quise ver sus reacciones. Dejé la semilla para que lidiara Chris con ello. Yo me dirigía a casa de mi madre.

En media hora ya estaba llamando al timbre. Me abrió. Subí. Empecé fuerte:

—¿Y Manolo?

—No está aquí.

—¿Te crees que no sabemos todos que llevas saliendo con Manolo más de un año?

—Para ser sincera, tampoco es que lo hayamos ocultado —alegó mi madre.

—¿Y esconder la mano hace un rato, a qué ha venido? —utilicé a mi favor la observación de Chris.

—Es que el otro día, Manolo sugirió que nos podíamos ir a vivir juntos —mi madre empezó a jugar con sus manos, por el nerviosismo—. Y aunque me pareció buena idea, debes tener en cuenta que me da vergüenza decirlo.

—Mamá, eres libre de rehacer tu vida como más te plazca —la abracé—. Porque ya hace más de dieciocho años que falleció papá.

—¿Y qué opinará Cassidy, o Lola?

—Todas estamos enteradas de vuestro noviazgo y ninguna está en contra. A todas nos parece estupendo.

—¿Y lo de vivir juntos?

—Teniendo en cuenta que estamos todas independizadas, no deberían oponerse ninguna.

—Manolo vive con Lola e Isabel. Lleva dos meses en su casa.

—No exactamente. A mí me han dicho que es temporal.

—¿Y si se viniera a vivir conmigo?

—¡Pues me parecería estupendo, mamá!

—¿No te parece mala idea?

—Hay que seguir adelante con nuestras vidas —recordé lo que me había dado Chris—. Y como yo también lo hago, Chris y yo hemos decidido honraros a ti y a Ivette Fontaine con una fiesta muy norteamericana y celebrar una fiesta de pedida.

Le di una de las tarjetas que había adornado hacía poco.

—¿El sábado? —le embriagó la emoción—. ¡Allí estaré, Avery!




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