Un maravilloso viernes se presentaba ante nosotros. Me levanté con ganas de desayunar crepés, hice para todos con mi mezcla para celíacos. ¡Se iban a chupar los dedos!
—¿Has hablado con Nía?
—¿Respecto a qué? —Chris no se había dado cuenta.
—Le dijiste a Nía que la irías a buscar, pero no le has dicho si sería al aeropuerto o al propio París.
—Lo habrá dado por sentado, ¿no?
—¿Qué vas a ir con tu avión privado a buscarla a Orly? —me puse seria—. ¡Seguro!
—Papá, ¿tu prima sabe que tienes un avión?
Ivette me había hecho de traductora. Mi cara de plantar obviedades no me hizo falta para entonarlo.
Chris miró el reloj, y como si se le ocurriera una idea, se levantó.
—Tengo que pasar por casa para ponerme el traje, ir después a la oficina, que tengo una reunión telemática con Takahashi, y antes de coger el avión a París para recoger a Nía, o a casa a cambiarme de nuevo.
—Espera un momento —fui al armario de mi habitación, agarré una maleta pequeña y marrón, y se la llevé a Chris—. Es lo suficientemente compacta para que te quepa una muda completa y los zapatos.
—¿Y esto?
—Tu auxiliar de vuelo favorita estará encantada de acompañarte a París, para ir a buscar a tu prima. Así no te entretienes cambiándote en casa, hazlo en el avión, durante el viaje.
—Me encanta cómo simplificas todo —me dio un beso.
Se despidió con el último bocado aún en la boca y cerró la puerta.
—¿Vas a ir con papá a por su prima?
—Si al final va, sí.
—Pero va a ir, ¿verdad?
—Creo que papá no se ha explicado bien y puede que Nía haya comprado un billete de avión sin que haga falta.
—¡Qué despistado es papá!
Me reí. Más que con los sentimientos, creo que Chris es despistado con las relaciones sociales. Supongo que es el resultado de ser hijo único, que tu madre sea un desliz y tu padre sea la oveja negra desertora de la familia.
Ya era hora de ir a clase. Cogimos la mochila, se echó un plátano para el recreo, y salimos hacia el colegio.
Entregué a Ivette y llamé inmediatamente a Lola, para que me informara.
—¿Rocío ha vuelto?
—Se lo he comentado al portero, para que esté pendiente si vuelve a aparecer, pero no me fío.
—No me extraña. ¿Estás en casa?
—Isabel ha ido a llevar a David, vente con ella.
—No la he visto —empecé a preocuparme.
—¿Les habrá interceptado? Rocío es capaz.
—Aún ando por el colegio, lo miro y te digo.
Colgué el teléfono. Fui directamente a la puerta por la que debería entrar David, que es de la parte de primaria, y efectivamente, allí estaban los tres: Isabel, David y Rocío.
—¿Qué pasa aquí? —impuse la autoridad que no tenía.
—Mi querida cuñada no me permite dejar a mi hijo en el colegio —comentó Rocío con desdén.
—Es que no es tu hijo —mi obviedad era abrumadora.
—¡Sí lo soy!
—¡Solo le diste a luz, Rocío, eso no es ser madre!
—¡Lleva mi sangre, no la de esta desviada!
—¡Por ahí no te dejo, Rocío, Isabel es mil veces mejor madre que tú! —respondí yo.
Pero Isabel le dio un sonoro bofetón y David le dio una patada en la espinilla.
El escándalo llamó la atención del cuerpo docente. Nos hicieron pasar a los cuatro. Yo volví a estar en secretaría por segunda vez en la misma semana. Rocío no tendría ni por qué haberse asomado, e Isabel se había visto involucrada por culpa de la ambiciosa interesada. Menos mal que a David le llevaron a su clase.
Tuve que explicar la situación del pobre David, y como Rocío tampoco ayudaba, incluso hicieron llamar al director del colegio.
Isabel llamó a Lola, que en menos de tres minutos se presentó en el colegio.
Pero yo, para mi sorpresa, recibí la llamada de mi cuñado. Me tuve que apartar a un lado, pero nos vino como agua de mayo.
—Avery, ¿podrías pasarme el contacto de Lola?
—Sin problemas; aunque de todas maneras, la tengo delante, si quieres te la paso.
—¡Genial, porque yo tengo a Suri Roca a mi lado!
Esto se iba a cortar, pero de raíz. ¿A santo de qué iba a fastidiarle la vida al pobre niño?
—Lola, esta llamada es para ti —le pasé el teléfono.
Mi amiga no entendía, pero cogió el teléfono igualmente.
—¿Lola? Soy Agustín Roca. Ya estoy puesto en antecedentes.
Mi amiga estaba muy sorprendida, pero yo, lo que estaba, era agradecida. Tony, eres el mejor cuñado del mundo.
—¿Suri, habéis contactado con Suri? —Rocío no se lo creía todavía.
—Agustín está enterado de todo tu plan, Rocío, y no va a dejarse chantajear por ti —desveló Isabel.
—Siento interrumpir esta extraña reunión familiar, pero no están aquí para solucionar sus disputas familiares. Han asustado a los niños que estaban entrando en el colegio con sus gritos y... ¡Palabrotas!
—¿Y yo qué pinto aquí? —pregunté.
—Porque estabas ahí, Avery, sencillamente —comentó Lola de manera vehemente.
Yo callé todo el tiempo que estuvimos en la oficina de secretaría. Pero por cómo fueron aconteciendo los hechos, a Rocío se le impuso que no se acercara al colegio.
Sé perfectamente que el colegio no tiene jurisdicción al respecto, pero si se le volvía a ver merodear por el colegio, podrían llamar a la policía para controlar el paso de vehículos. Y ahí sí que Rocío podría caer con todas sus malas intenciones.