Al salir, y sin haber cortado la llamada, Agustín se disculpó con Lola y con Isabel. Al parecer, le hizo ilusión poder ser padre. Hasta se ofreció para ponerle sus apellidos al crío, pero Lola se negó. David tenía los apellidos de sus mamás.
A Agustín le pareció bien, aunque quiso saber cosas del niño, que Lola le pusiera al día. Y eso lo debía decidir el niño.
Tras la mañana movidita, Isabel y Lola se fueron a casa con Fran al teléfono, pues no se acababan de fiar del todo.
Yo, por mi parte, me preparé una pequeña mochila con una muda, preparé unas verduritas como le gustan a Ivette y enseguida volví al colegio a por la niña.
Mientras me entregaban a mi hija, me di cuenta de que en la puerta por la que salía David se agrupaban muchas personas. Supuse que Agustín habría convencido a Lola de que quería ver al niño.
Como ese tema ya no estaba en mi mano, me dispuse a llamar a Chris respecto al tema de su prima.
—¡Hola, Chris! —siempre que le saludaba tenía la sensación de parecer una adolescente—. ¿Has aclarado algo con Nía?
—¡Que no me había explicado bien!
—¡Te lo dije! ¿Y al final, en qué habéis quedado?
—Ahora mismo debe de estar embarcando en París. La iré a buscar dentro de dos horas a Barajas y la llevaré a casa.
—¿Podemos ir nosotras a buscar también a la prima de papá? —Ivette se agarró a mi pierna.
—¿Has oído a tu hija? —pregunté a Chris.
—¿Queréis que os vaya a recoger antes de ir al aeropuerto? —sugirió.
—Ivette está demasiado emocionada para responder y creo que no me puedo negar.
—Espera un momento —solicitó Chris.
Ivette y yo le oímos teclear en la pantalla del móvil durante dos segundos y luego unos diez segundos callado. Ya pensamos que nos había colgado.
—¿Chris, sigues ahí?
—Estoy intentando verificar una cosa, espera un momentito. Acabo de comprobarlo y pone que aterrizará en hora y media en la terminal 2 de Barajas.
—¿Tu prima te ha enviado una foto de la tarjeta de embarque? —me extrañó que me diera tanta información de golpe.
—Es una aplicación del móvil en la que se ve el tráfico aéreo.
—Ivette y yo te esperaremos en casa.
—Voy para allá.
Chris tardó diez minutos de reloj en llamar al timbre. La niña abrió la puerta, solo lo hace si yo le doy permiso.
—Hay ensaladilla rusa con atún para comer, ¿quieres un poco, papá?
—Vale, tenemos tiempo de sobra, ¿verdad?
Yo afirmé con la cabeza. Puse platos desechables y agua fría para beber.
—¡Parece un pícnic!
Los adultos reímos ante la comparativa tan acertada de la niña.
Comimos entre chascarrillos y risas, y en menos de media hora ya habíamos comido hasta el postre.
Ivette y yo recogimos una pequeña maleta con la ropa que nos íbamos a poner ese fin de semana. Al fin y al cabo, íbamos a pasar el fin de semana con Chris y Nía.
Llegamos al aeropuerto y tuvimos que esperar un largo rato hasta que desembarcó el avión desde París. Estuvimos esperando los tres entre todas las personas que también esperaban a sus familiares. Y como no podía ser de otro modo, la primera que se dio cuenta de Nía fue Ivette.
La niña señaló con energía a la que ya consideraba familia.
—¡La prima, la prima!
Chris dio un paso al frente y la llamó:
—Nía, come here, come here!
—What a joy to be able to find more family without expecting it —dijo Nía, con una sonrisa nerviosa—. I hope not to bother!
—I'll formally introduce you —posó su mano en mi hombro—. This is my fiancée Avery —le dio un leve toquecito a la niña en la cabeza—. And this is our daughter Ivette.
—Guelcóm tú Madrid, prima Nía.
Nía se agachó, poniéndose a la altura de Ivette.
—Oh, it's amazing, you're so cute!
La niña, al ver a Nía, se sorprendió.
—Si eres tan guapa, ¿por qué te ponen la cara tan fea para hacer de una princesa que también es guapa?
La pregunta de Ivette nos pilló desprevenidos a Chris y a mí. Nos tuvimos que contener la risa.
—What did the girl say? I don't understand her.
—Nía... —Chris tuvo que salir del embrollo como pudo—. Ivette wants to know... If you are so pretty, why did they make your face look ugly to play a beautiful princess?
Nía rió con nosotros. La que menos reía era la niña. Creo que se sintió un poquito ofendida.
—Oh, tell her that's the best compliment I've ever received! —dijo con los ojos brillantes—. Sometimes, when I play Tiana, the makeup and the lights are like a costume for my face so I can become her. My own face has to hide a little bit.
—Dice que es el mejor cumplido que le has hecho —tradujo Chris—. Y que a veces, el maquillaje es como un disfraz para la cara, para que pueda convertirse en la princesa Tiana. Su auténtica cara tiene que esconderse un poquito.
—Como me hables en Inglis Pitinglis, creo que nos vamos a entender poco —puntualizó Ivette, muy seria.
—She says she doesn't speak English well, so it might be a little difficult for you two to talk —corregí yo esta vez.
—What a clever child you are! —su mirada chisporroteaba complicidad con Ivette, que ya había ganado su corazón—. Est-ce que tu me comprends si je te parle en français?
—El fransé tampoco lo entiendo —negaba Ivette. Se le humedecían los ojos por la impotencia.
—Yo... ahora en Madrid... —Nía intentaba sacar su español como podía—. ¿Aprender español es bueno, right?
Ivette sonrió y abrazó a Nía. Su alivio era mayúsculo.
—My terrible Spanish, c’est fou —Nía, desde su sien, hizo el gesto como si le explotara la cabeza.
Desde luego, parecía una auténtica locura.