13 de Octubre de 2019, Cassis, Francia
Estaba nerviosa. Joder, decir eso era poco. Los nervios la carcomían por completo, temblaba desde los dedos de los pies hasta la última pestaña arreglada mientras se veía al espejo en la suite de las novias del hotel.
Estaba satisfecha con su vestido, es más, diría que estaba extasiada con la idea de caminar con él por el pasillo hacia el altar.
El corte del corset justo en la cintura junto con la gran falda estilo princesa le marcaban una figura hermosa y junto con los detalles bordados tanto en la falda como en el corset junto con las mangas largas que se extendían desde el cuello bote que se formaba desde el encaje la hacían sentirse hermosa.
-Ya estamos...Joder, pero que bella estas-murmuro su mejor amiga, su dama de honor, cuando entro a la habitación. Los ojos de Amelia comenzaron a llenarse de lágrimas-¡No!-chillo su amiga-Ni se te ocurra llorar, arruinaras el maquillaje-la apunto con un dedo amenazador.
-Lo siento, lo siento, Bevs, es que siento que voy a explotar en cualquier momento, estoy tan feliz-murmuro apartándose del espejo.
Estuvo a punto de sentarse, pero recordó lo que su madre le había repetido una y mil veces mientras crecía, ninguna mujer debe sentarse si tiene una falda de seda. Decidió arrimarse un poco al sofá.
-Vale, pero solo debes soportar unos minutos más, luego puedes llorar como una marrana. Ya está todo listo, tu padre está en el pasillo, bueno, tu madre también...
-Beverly, cariño, ¿Me dejarías un minuto a solas con mi hija?-su madre la interrumpió al entrar en la habitación.
Llevaba un hermoso vestido azul marino, exactamente el mismo color que llevaba Beverly, aunque el vestido de su madre nada tenía que ver con las damas de honor, simplemente era su color preferido y el que más la favorecía. Amelia nunca la había visto tan elegante.
-Claro...Si, claro, las espero fuera.
Su madre espero a que Beverly cerrara la puerta detrás de ella para hablar. En el momento en que se giró a ver a Amelia tenía ya los ojos cristalinos.
-Mi niña...Había esperado este día, pero jamás pensé que sería tan rápido...¡Por dios! Apenas quedan cuatro meses para que cumplas los veinte y ya te estas casando-su abanico el rostro con una mano para evitar llorar.
A Amelia no le estaba yendo tan bien mientras intentaba contener las lágrimas una vez más.
-Basta mama, me vas a hacer llorar...
-Lo siento, lo lamento. Es solo que...Quería, bueno, quiero asegurarme de que estés segura de esto cariño, aun eres tan joven y aun tienes tantas cosas por vivir...-dejo el final de la frase al aire, su madre hacia eso a menudo cuando no estaba segura de que decir.
-Y quiero vivirlas con Charles, mama, estoy segura de que quiero esto-en un santiamén Amelia estaba delate de su madre tomando sus manos para calmarla.
-Es...Si, lo lamento, no debería hacerte pasar por esto antes de subir al altar, ¿Verdad?-rio de su propio chiste, Amelia rio solo para acompañarla.
-Pues yo esperaba algún consejo-bromeo para relajar a su madre.
Justo en ese instante se oyó el golpeteo en la puerta.
-Paulette, Amelia, ya es hora-dijo su padre a través de la puerta.
Ambas giraron la cabeza para ver directo a la puerta.
-Vale, es hora, cariño. ¿Estas lista?.
Amelia asintió, no se sentía capaz de hablar, aunque esperaba que eso cambiara cuando fuera el momento de decir "Acepto"...