Ticket de ida

Capítulo III

Yo pensaba que era puntual hasta que conocí a Sam. Llegó justamente a las 7:30 am, ni un minuto tarde; ni un minuto más temprano. El problema fue que olvidé poner mi alarma la noche anterior.

Corrí por toda la casa buscando mis zapatos y algo de ropa porque no terminé de sacar todo de la maleta. Sin embargo, para mi desgracia, los que elegí no eran del mismo par y tuve que regresar cuando estaba a media puerta.

Sam tocó la bocina y corrí más rápido. Del desayuno ni hablar: no comí ni un solo bocado y cuando llegué, Rowney me estaba esperando con una larga lista de elementos que debía considerar. No pude dejar de ver la cafetera hasta que entré a su oficina.

Entre programas, reportes, gráficas, contactos y contratos, pude retener apenas lo esencial. Odiaba mi memoria, ya que recordaba mejor el color verde musgo de su corbata y cuántos lapiceros había sobre su escritorio.

—¿Alguna duda? —me hizo la misma pregunta varias veces. Yo tuve la misma respuesta corporal todas esas veces: negué con la cabeza como si entendiera todo a la perfección —. ¿Estás segura? —no dudo que me haya visto las ojeras y las pupilas contraídas y eso le dijera que no entendí la mitad de las cosas que me dijo.

—Sí, señor —dije con poco ánimo.

—Hum… —dejó escapar todo el aire que tenía en sus pulmones. Yo llené de aire los míos —. Rachel, por favor.

—Lo siento —fue lo primero que pude decir —. No han sido días fáciles.

—Los días fáciles no existen. No en Aurora —se irguió y su espalda tronó al hacerlo —. Aceptaste venir hasta aquí por un motivo. Asegúrate de que sea lo suficientemente grande para mantenerte de pie antes de caerte de cara.

—¿Piensa que eso va a pasar? —de nuevo mi cerebro me hizo una mala jugada. No era la clase de persona que veía el vaso medio vacío, pero no podía dejar pasar de largo esos pensamientos.

—¿Tú qué piensas? Yo digo que sí —lo dijo con tal naturalidad y con una mueca torcida en los labios —. Me pasó mil veces, pero siempre encontré la forma de seguir hacia adelante.

—Ir hacia adelante es algo que aprendí a hacer.

—¿Lo dices en serio o porque no sabes qué más decir? —fijó su mirada en mí al decirlo. Hice lo posible por mantener la mirada fija también, pero no pude evitar desviarla —. No te digo estas cosas para molestarte. Programé una reunión para presentarte con el equipo.

—¿Hoy mismo? —no recuperé mi confianza, pero sí pude verlo de nuevo a los ojos. El nerviosismo le ganó al agotamiento que cargaba en la espalda.

—Sí —dijo revisando su reloj —, en 8 minutos.

Ocho minutos no es poco tiempo, pero podría jurar que pasaron en menos de tres minutos. Quería hacer tantas cosas al mismo tiempo, como comer algo o salir corriendo lejos del edificio.

No hacía calor, pero me quité el saco y empecé a soplar mi cuello con la mano. Lo hice cada vez más rápido a medida que la sala de reuniones se fue llenando. Russell estaba al frente y yo me quedé en la primera silla.

Entraron tres primero. Estaban bromeando entre sí en voz baja y no pude escuchar lo que decían. Evie entró después y le siguió Zac. El tiempo estaba corriendo y Carson todavía no llegaba.

—¿Alguien sabe qué pasó con Carson? — preguntó Rowney viendo sobre su hombro mientras revisaba algo en el escritorio del frente.

—Basándome en lo que comimos anoche, diría que fue al baño —dijo Zac a media carcajada.

Rowney frunció el ceño, pero no pudo evitar reír junto al resto del grupo. Yo me quedé en silencio, con los brazos cruzados y viendo al piso. Carson no tardó en llegar. Entró con tanta prisa que se golpeó con la puerta.

—Bien, ya estamos todos —Rowney metió las manos en sus bolsillos y empezó a caminar por el frente de la sala. Lo hacía ver muy fácil —. Hoy tengo una noticia que darles. No, dos noticias.

—¿Va a presentarnos a la nueva Evie? —no tuve que asumir más: Zac sería mi nuevo Leo. A veces gracioso, a veces molesto.

—No, de hecho es la nueva Russell —la frase la dijo sin esperar y levantó las cejas —. Me voy, chicos —bajó la voz al decirlo. Los seis vendedores pusieron una cara que mezclaba la tristeza y la sorpresa. Carson tenía la boca abierta. Menos mal no había moscas por allí.

—¿Cómo que se va? —preguntó Myles casi levantándose de la silla.

—¿Recuerdan lo que les dije cuando fuimos a comer pizza la semana pasada? Tomé mi decisión —él seguía moviéndose por la sala con naturalidad —. Debo poner las cosas que importan más en la balanza y este trabajo ya no está allí. Por suerte, tenemos aquí a Rachel.

Me señaló y todos se me quedaron viendo. Dejé escapar la sonrisa más tonta posible y los saludé con la mano extendida. No moví un solo músculo más. Rowney se me quedó viendo muy severo después.

—Hola a todos —mi cerebro abandonó el chat. El aire se hizo más denso. Nadie dejaba de verme.

—Viene de Toronto —muy bien recomendada, por cierto —, y será la nueva encargada de ventas por aquí.

—Eso explica el acento —dijo Zac. Al menos no se rió y Rowney le lanzó una mirada pesada.

—Sí, eso lo explica. Como decía: estará a cargo cuando me vaya. Es excelente vendedora y sabe llevar un buen control de las cosas —esa fue la referencia del señor Morgan. Siempre decía que era buena controlando. No podía controlar mi vida, mucho menos un equipo de trabajo —. Mañana estaré ausente, así que necesito que la traten bien, ¿sí? —lo dijo con tanta compasión que me sacó una sonrisa.




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