Ticket de ida

Capítulo IX

Al fin pude pensar con la cabeza fría. Y lo digo en serio. No tener una fuente de calor dentro de la casa estaba teniendo su efecto. Toqué mi frente y estaba hecha un hielo. El frasco con café estaba vacío y tuve que conformarme con beber leche caliente, que se terminó después del desayuno.

Realicé las tareas de aseo que evité toda la semana y ordené mi ropa otra vez. Sin la caja de leche en el refrigerador, me quedó solo lo necesario para hacer la receta de mamá. Eso funcionaba. Cualquier cosa que mantuviera mi mente ocupada funcionaba.

Le pregunté a Sam si podría llevarme al supermercado y ni siquiera se molestó en dejarme en visto. Ese día no fue mi Sam favorito.

Tomé una ducha tan caliente que mi piel se puso roja. Me puse la playera vieja y floja que tenía para dormir y un pants para el ejercicio que nunca hacía. Estaba lista para cocinar la receta de mamá, solo me faltaba desprenderme de la habilidad para quemar las cosas.

Le marqué a mi mamá para pedirle su ayuda y tampoco contestó. ¿Por qué nadie estaba respondiendo? Y hablando de responder… tenía un mensaje de Connor sin leer.

Connor: ¡Hey! Buenos días, Rachel. ¿Cómo está la resaca? 12:03 pm.

Rachel: Mi tarro estuvo vacío todo el tiempo. ¿De qué hablas? 12:30 pm.

Los tomates frescos que debía usar estaban añejos ya. Sin embargo, no dejé que nada se interpusiera entre mi primera comida casera en días y yo. Corté lo que tenía que cortar cuidando de no rebanarme un dedo. La carne estaba muy congelada y tardó mucho más de lo normal en cocerse. Las especias que usé no fueron las mejores, pero al menos ayudaron con el sabor y al final quedó… algo aunque sea decente.

No se parecía mucho a la receta de mamá, pero estaba bien. Mejor que la comida desabrida de la cafetería en Aurora.

Connor: ¡Ja! El ambiente de otoño hace que el alcohol se evapore. Debió ser eso. 12:47 pm.

Rachel: ¿Qué otra explicación hay? 1:58 pm.

Rachel: Por cierto, Connor, lo de ayer fue divertido. No esperaba ver a tanta gente abriendo ostras. ¿Siempre vas a esas cosas? 2:02 pm.

Connor: Pues claro. Solo se hace una vez al año. 2:13 pm.

La conversación fluía lento, pero al menos me hizo compañía mientras comía. Me preguntaba qué podría estar haciendo él. ¿Habrá pasado la última hora cocinando como yo? O pudo ir al supermercado sin ninguna dificultad quizás.

Rachel: Tenías razón. Vine en buena temporada. 2:19 pm.

Levanté la mesa y arreglé la cocina antes de darla por cerrada. Me acosté en el sofá muy cómodamente al punto de casi quedarme dormida por haber comido tanto cuando mi teléfono sonó.

No estaba en mis manos. Tampoco en el sillón ni en la mesa. Lo estuve buscando por unos segundos hasta que recordé que estaba en mi bolsillo. Quien llamaba era Kiera, me había olvidado por completo de eso.

Le devolví la llamada y me dijo que llegaría pronto por el espejo. Le dije adiós a la ropa cómoda de domingo y tuve que usar los mismos jeans del día anterior. Nadie se daría cuenta de algo como eso.

Fui al baño y vi la tubería del lavamanos rota. Explicar eso iba a ser vergonzoso, así que me inventé que estaba así y me convencí de que era la versión real. Tal y como estimó, llegó pronto a la casa y tocó el timbre. Qué emocionante fue abrir la puerta a una visita por primera vez.

—Hola. Rachel, ¿cierto? —Kiera era más baja de lo que había imaginado. Eso explicaba porque el lavamanos era tan pequeño. Tenía muchas pecas y estaba aun más despeinada que yo.

—Sí, Rachel Eaton, un gusto —tal vez era mejor dejar de decir mi nombre y apellido siempre. Era demasiado raro, incluso para alguien como yo —. Pasa, por favor. Literalmente estás en tu casa.

—Gracias, permiso —agachó la cabeza al entrar. Hubiera preferido que se riera de mi chiste sin gracia, pero fue directo a la lavandería y yo la seguí.

Ella era demasiado chiquita y delgada para mover la lavadora, pero no me pidió ayuda ni me dirigió la mirada. La vi batallar y hacer mucha fuerza. Llevaba un suéter que tuvo que quitarse después de eso.

—¿Me permites? —le dije haciendo una voz más grave.

—Ya te molesté mucho invadiendo tu privacidad hoy, pero si no hay problema, me vendrá bien tu ayuda.

—Para nada, dame espacio —oh, sí, fue agradable verla sorprendida cuando moví la lavadora sin mucha dificultad. Bueno, sí fue difícil, pero al menos mis brazos no estaban al borde del colapso.

—Te doy las gracias, Rachel —inclinó su cabeza al decir eso. Era demasiado reverente para ser tan joven —. ¿Es muy pesado?

—Sí, no creo que puedas cargarlo tú sola —¿por qué, Rachel? ¿Por qué tenías que decir esas cosas? —. Es que sí pesa mucho.

—Debí pedirle ayuda a mi hermano.

—Está bien, yo te ayudo. Será más fácil entre las dos.

Y así fue. La primera vez que lo cargué pude haberlo dañado. Me alegra no haberlo hecho. Suficiente tenía la pobre Kiera con tenerme de inquilina, rompiendo cosas que no debía. El auto estaba aparcado al frente y el espacio era justo para guardar el espejo. Me sacudí las manos mientras que ella cerraba la cajuela de la mini camioneta.




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