Podía jurar que ese fin de semana duró quince horas menos que cualquier otro. A mi yo de entonces le habría encantado que se alargara un poco más, pero el lunes llegó como si estuviera en una carrera y hubiera apostado todo su salario.
Rowney no demoró en ponerme toda la carga de trabajo posible. No era una metáfora: tuve que ayudarle a mover unas computadoras viejas hacia el sótano y subir un dispensador de agua potable. Nadie usaba esas cosas, pero el jefe quería el dispensador en el piso de ventas.
Acababa de servirme un vaso de agua cuando Rowney me llamó para elaborar otro reporte que se le acababa de ocurrir a su jefe. Sí, el mismo que quería el oasis fuera del sótano como si no hubieran otros cuatro en el área.
Corey tenía preguntas sobre un cliente. Evie seguía en el color rojo, casi corinto. Zac tuvo una reunión de clientes que me perdí porque nadie me avisó y Russell seguía hablando de su viaje con su esposa. Pronunciaba las palabras muy lento y no colgaba nunca. Algo pasaba y volvían a tocar el mismo tema por milésima vez mientras que a mí me estaba torturando mi nervio ciático.
—¿Por qué piden este reporte tres veces? —si guardaba esa pregunta un segundo más, de verdad iba a necesitar salir a fumar. Yo ni siquiera fumaba. A Rowney parecía funcionarle —¡Es absurdo! Tiene los mismos datos de la mañana y del mediodía.
—Díselo al jefe —ese jefe me iba a escuchar. Bueno, eso pensé en decirle, pero no pude.
—¿Él está aquí? —le hizo gracia verme tan lista para discutir algo con mi superior. Hizo el intento de no reír, pero no le salió bien.
—No, pero vendrá el lunes siguiente para darte la bienvenida —estaba demasiado relajado en su silla. No podía culparlo, se iba a liberar de toda la presión que me estaba cayendo a mí.
—Ay, rayos, es cierto. Ya casi se va.
—Así es, mi querida Rachel. ¿Vas a extrañarme? —él tenía los labios doblados hacia abajo y yo le afirmé con la cabeza —. Si es así, espero que no sea solo porque te ayudo con los reportes.
—No, de hecho no.
—Ni porque te traigo donas.
—Solo fue una vez.
—Una vez es mejor que ninguna —se levantó y estiró sus brazos hacia atrás. Todavía no eran las 5:00 pm y estaba empezando a levantar sus cosas —. ¿Sabes? Al principio pensé que no podrías lidiar con este puesto. Eres más capaz de lo que tú misma crees.
—Solo espero que no sea un comentario irónico —¿y si tenía razón? Dejé de sentirme lista desde que subí al avión que me llevó a Dublín.
—¿Ves? Me das la razón. Lo dices mientras sigues trabajando en el reporte aunque pienses que es estúpido.
—Prefiero no quedarme desempleada en Galway —esa palabra, “desempleada”, era mi peor pesadilla.
—Más te vale. Ya le dije a Donohoe que eres la persona indicada. Me reprocharía el resto de mi vida si resultaras no ser la indicada —me vio muy serio al decirlo —. En fin, mañana estarás sola. De nuevo necesito ausentarme.
—Claro, no se preocupe —la que estaba preocupada era yo.
Rowney se fue antes de tiempo. Se escabulló muy bien porque nadie del equipo se dio cuenta. Aproveché que se fue para hacer una breve pausa y tomar mi cuarta taza de café. Por un breve instante pensé en mis riñones. Debían odiar este nuevo puesto tanto como mi espalda.
Connor: Rachel, ¿qué te parece un café después del trabajo? Así te muestro mi cafetería favorita. 3:29 pm.
Rachel: Es un buen plan. Más café es justo lo que necesito esta tarde. 4:17 pm.
Connor: Lo siento, no podrá ser hoy. ¿Qué tal mañana? 4:23 pm.
Rachel: Excelente. Estoy en Aurora, ¿no está muy lejos? 4:38 pm.
Connor: Para nada. Te voy a compartir la ubicación. 4:40 pm.
Recibí su mensaje y resulta que esa cafetería de la que tanto hablaba era la misma donde la vi por primera vez en Galway. No quise romper su ilusión contándole al respecto. Además, ese día no tuve el valor de hablar con él, así que me estaba ahorrando un momento incómodo.
El día se fue volando. Cuando llegué a mi casa me tiré a la cama para dormir hasta el siguiente día. Ni siquiera tuve tiempo de cenar. Mejor dicho: no tenía nada qué preparar ni mucho menos energía para salir a comprar algo. El cansancio estaba llegando a un nivel que no había alcanzado antes. Era tan grave como el jefe final de un videojuego.
Me consentí a mí misma en la mañana siguiente y me desperté diez minutos más tarde. Eso significaba llegar diez minutos tarde. Rowney no estaba para verme feo, así que el encargado de eso fue Myles.
—Rachel, te necesito a las 10:00 am. Veré a un cliente importante —me dijo tras levantarse rápido de su silla.
—Con gusto —le respondí. Intenté sonar más amigable de lo que él sonó —. ¿En la sala de abajo?
—Sí.
—Estaré allí —lo dije con total seguridad antes de continuar a la oficina.
No iba a estar allí como prometí. Apenas pude avisarle que él tendría que encargarse y lo único que hizo fue rodar los ojos hacia arriba. Me hizo preguntarme cómo habría reaccionado el señor Morgan si yo le hubiera hecho ese mismo gesto.