—A Donohoe le gustó tu plan —fue lo primero que me dijo Rowney cuando llegué en la mañana —. Es un buen comienzo —hizo una mueca con su boca de lado.
—¿De verdad?
—Sí, acabo de hablar con él. Me gritó y me llamó incompetente unas cinco veces antes de llegar al grano. Como no le respondí ayer, estaba tirando fuego por la boca —eso no fue alentador —. Me dijo que tu plan estuvo bien para ser improvisado, pero no le gustó tu insolencia.
—¿Me dijo insolente? —oh, no, tenía cada vez más razones para detestarlo y eso apenas comenzaba.
—Sí, así dijo —Rowney genuinamente lo estaba disfrutando —. Ah, me gustaría ver cómo se dan las cosas entre ustedes dos.
—Gracias, eso ayuda mucho.
—Algo me dice que será toda una experiencia para los dos —dijo encendiendo su cigarro —¿Te molesta?
—No, adelante —bueno, ya estaba encendido, el olor se estaba expandiendo por toda la oficina —. ¿Él será mi jefe directo?
—Sí, el gran Donohoe. Ya es tu jefe, de hecho, lo fue desde que aceptaste venir aquí.
—¿Cómo puedo manejarlo? —tuve experiencias con personas menos amistosas, pero él era mi jefe y decirle que se fuera al diablo no era una buena idea.
—Sé tú misma y ya —torció la cabeza —. Si le quieres decir las cosas como son, hazlo. Estás a tiempo para que se haga una idea de cómo eres y no tengas que ser tan condescendiente como yo.
Decir las cosas como son me haría ser la encargada insolente. Tenía que pensar en algo, pero faltaban algunos días para conocer a Donohoe en persona y él quería que comience a implementar el plan que creé inmediatamente.
El problema del plan era que abordaba tantas cosas y no sabía por dónde empezar. Rowney era bastante organizado y afinamos elementos estructurales. El siguiente día fue de seguimiento completo y estuvimos reunidos con el equipo la mitad del día.
Necesitábamos reforzar procedimientos que dejaron de seguirse y alinearnos con las necesidades de Aurora. A Myles no le gustó mucho el cambio de dirección, pero incluso Russell insistió en hacer las cosas correctas.
—¿Es realmente necesario? Hemos estado usando los rangos que nos diste todo el tiempo —fue su primera alegación.
—Sí, Myles, ya no podemos usar esos rangos.
—Significa menos comisión —dijo Carson. Tenía razón. Rangos menores dejaban una mayor ganancia para la empresa y menos beneficio para el cliente y el vendedor. Corey se mostró preocupado con eso.
—Es menos comisión, eso es verdad —respondió Rowney —. Hemos estado recibiendo un rango más alto que no debería de existir y a Donohoe no le gustó eso luego de la auditoría —él volteó a verme —. Diles.
—Sí, estamos trabajando en una propuesta para estandarizar un rango más aceptable cuando hay más ventas —Carson hizo un gesto más flexible, pero Myles seguía estirando la boca cada vez más. Pensé que podría llegarle al suelo —. Eso quiere decir que, si llegan al verde, tendrán un rango similar al actual.
—Y es atractivo para Donohoe y otros directivos porque es un incentivo que promueve más ventas mensuales —intervino Rowney. Como siempre, se adueñó de la sala y caminaba libremente por todos lados —. Rachel va a trabajar con algunos de ustedes para trabajar áreas de oportunidad que aleja a clientes de buenas oportunidades.
—¿Y qué pasa con las tarifas y descuentos? No se puede vender más si se dan menos descuentos —su segunda alegación no se hizo esperar.
—Es una de las cosas que Rachel estará trabajando con ustedes. Existen opciones que no involucren descuentos que rompan con el flujo correcto de ventas.
—¿También dejaremos de usar tarifas especiales? —preguntó Evie. Fue difícil escucharla hasta el otro lado de la sala.
—Usaremos las nuevas. Las propuestas originalmente por Aurora —dije. Cada vez que hablaba Rowney, lo escuchaban atentos, pero cuando yo lo hacía era diferente. Carson revisaba su celular “a escondidas” y Myles volteaba a ver a Corey, negando con la cabeza repetidas veces.
Al final de la reunión Rowney trabajó en los reportes tontos de siempre y yo me quedé con Evie. Decidí quedarme a su lado para escuchar las llamadas pendientes que debía hacer. Dentro de todas las frustraciones que tenía, escucharla fue la peor. Todo lo que le había dicho la primera vez, seguía estando fuera de sus estrategias.
—No sé cómo hacerlo —me dijo cuando la cuestioné.
—Sí sabes, Evie. Lo hicimos la semana pasada y salió bien —quería tirarme del pelo.
—Ya lo intenté el viernes y no funcionó.
Tuve que explicarle de nuevo cómo jugar con su voz y recordarle las frases que funcionaban mejor. Su actitud no estaba ayudando. De hecho, la actitud de todos parecía estar por los suelos.
—¿Día largo? —Rowney era un experto en encontrar las palabras correctas para sacudir la última energía que tenía. Me dejé caer en la silla. Quería irme y faltaban veinte minutos de turno.
—Odio este plan.
—Ellos lo odian más —respondió rápido —. Es un buen plan. Donohoe está abierto a escuchar negociaciones de comisiones. A nadie le gusta que lleguen a imponer disciplina.
—Myles no está abierto a nada y todos le hacen caso —lo segundo era lo peor de todo.
—Se tiene que acostumbrar a cómo trabajas —de nuevo estaba guardando sus cosas temprano —. Siento tener que dejarte con todo este desorden, Rachel. Quizás ya no tenga autoridad en Aurora después de mañana, pero puedes hablarme si necesitas un consejo o desahogarte. Me gusta criticar a Donohoe a sus espaldas.
—El sabio Zac una vez me dijo: “te vas a aburrir de mí”.
—Es muy tarde para eso —se carcajeó. Alguien estaba de buen humor y me alegraba que fuera él. No conocía su historia ni sus batallas, pero Rowney era una gran persona —. Tendré mucho tiempo libre como para aburrirme.
Llegué a mi casa más temprano que los últimos días. No quería pasar más tiempo en la oficina, aunque eso significaba tener que llegar un poco antes al día siguiente.