Fue una buena semana. Tuvimos asueto el lunes y el otoño entraba por todos lados. Además, era la semana de Halloween y había un recordatorio de ello en todas las calles. A donde iba, veía calabazas talladas, guirnaldas de hojas secas y coronas otoñales en las puertas de los hogares. Aun cuando llovía, había quienes salían a colocar algún adorno frente a sus puertas.
La oficina no fue la excepción. Pronto las estaciones fueron decoradas y Zac pasó la mitad del martes colgando espantapájaros con Carson. Grandes carteles de “Feliz Halloween” se extendieron a lo largo de las columnas del piso y compraron un pie para acompañar la ocasión. Era contagioso y el postre estaba rico, pero no había nada decorando mi escritorio a pesar de eso.
Connor: ¿Viste lo que hay afuera de tu casa? 7:40 pm.
Rachel: ¿Afuera? ¿Qué cosa? 7:48 pm.
Connor: No puedo creer que no lo vieras. 7:50 pm.
A veces Connor olvidaba lo distraída que era. Regresé del trabajo y ni siquiera recordaba cuando llegué y me puse mi pijama. Mucho menos iba a fijarme si había algo distinto en el jardín.
Moví la cortina para ver y el paisaje de afuera era casi místico con toda esa neblina y con las cuatro calabazas que no había notado. Tuve que salir para tomar una foto y enviársela a él. Le hizo gracia que la imagen llevara la leyenda “¿Cómo llegó eso allí?”.
Rachel: Pensé que no te gustaba Halloween. 7:59 pm.
Connor. ¿Cómo no va a gustarme? 8:00 pm.
Connor: Espero que no tengas planes ese día. Podemos hacer algo si quieres. 8:01 pm.
Desde luego que sí quería. El Halloween dejó de importarme desde que tenía diez años, pero tenía un motivo para esperar ese día con ansias.
—¿Qué es todo esto? —preguntó Donohoe cuando llegó el martes. Estaba cada día más cerca de irse y yo no podría haber estado más feliz con eso. De pronto tenía un segundo motivo para disfrutar las fechas.
—¿Le gusta? —le pregunté. La ironía no era apropiada para alguien como él.
—Que lo quiten, se mira horrible —dijo con las cejas puntiagudas.
—Señor, es Halloween. Será solo una semana y lo olvidarán después.
—Haga lo que quiera, pero que no los distraiga. Si no, se va.
Le conté a Zac y se rio. Lo llamó amargado y no pude estar más de acuerdo. Por suerte ellos no sabían que yo también era una amargada del Halloween.
Los días se hicieron pesados a medida que se acercaba el fin de mes. Había muchas cosas que hacer y tuve que acostumbrarme a quedarme a trabajar hasta las 7 pm. como si fuera mi horario habitual. Claro, esa parte no la miraba mi jefe. Él solo miraba cuando las cosas no salían a tiempo.
—¿Tiene alguna duda, señorita? —me preguntó Donohoe antes de irse el viernes a la hora de salida —. ¿O me enviará un correo?
—Seguramente le enviaré algún correo.
—Lo dice como si supiera todo muy bien, pero no es el caso —él amaba cuestionar todo. Todo menos sus propias acciones y solicitudes absurdas.
—Sí, tiene razón. No lo sé todo. Hago el intento —no pude quedarme callada.
—Eso es cierto. Gracias por intentarlo. La mayoría nos habría dejado con la mano tendida —y hablando de ironías, vaya ironía. Afortunadamente admitió que estaba haciendo el esfuerzo.
Verlo partir fue aliviante. Pude respirar tranquila cuando volví a mi oficina. Antes de irme le di un último vistazo a los números del mes de octubre. Entre las decoraciones de Halloween y la tensión del reporte que tardó un minuto en cargar, me sentí como en una película de terror. No fue tan malo, aunque tampoco llegué al número deseado por mi jefe.
Cerré todo lo que tenía que cerrar y salí de la oficina suspirando. Finalmente tendría la oportunidad de liderar sin Donohoe metiéndose en todo, aunque no lo invitara. Además, si había sido un mes malo, tendría la oportunidad de cambiar las cosas para el mes de noviembre.
A decir verdad, quería dejar de pensar en cualquier cosa que ocurriera en Aurora y reemplazar todo eso con la ilusión de ver a Connor al día siguiente. Fue a recogerme temprano, más de lo que había anticipado y tuve que improvisar sobre qué usar. Esa parte salió particularmente bien.
—Hey, qué bien se ve eso —me dijo cuando abrí la puerta.
—¿Te gusta? —no era nada especial. Una botas que no había estrenado, ideales para el clima que se avecinaba, un abrigo naranja —muy conveniente para la temporada de Halloween— y los jeans que usé con él la última vez.
—Me encanta si tú lo usas —dijo y se acercó mucho a mí para saludarme. No podría rechazar ese contacto después de un cumplido como ese.
Subimos al carro y puso la radio. Algunos locutores estaban hablando sobre la festividad, otros sobre los artistas y había alguna que otra estación pasando Thriller de Michael Jackson. Era más interesante escuchar lo que decía Connor que escuchar la radio.
Llegar al centro de la ciudad en carro fue difícil. Muchas calles fueron bloqueadas y había un desfile por las principales, por lo que el tránsito nos hizo perder algo de tiempo. Sin embargo, ver la celebración que había en el centro fue inspirador.