Despertar con Connor a mi lado fue lo mejor que me pasó en el año. O lo mejor que me pasó en muchos años. Dejarlo ir al mediodía fue difícil. Tuve que recoger lo que quedó en la sala y arreglar mi habitación, pero él ya no estaba conmigo. Me dejó con una terrible resaca el resto de la semana cuando mi cama seguía vacía del otro lado.
Apreciaba los minutos que mi mente tenía una distracción. Era la mejor parte de ser la encargada de ventas en Aurora. No me dejaba mucho tiempo libre para pensar en él y desear verlo.
—¿Llegue al amarillo? —dijo Evie cuando presenté los resultados con todos el martes. Ella se miraba muy emocionada cuando su nombre estaba en un color distinto al rojo —. ¿Esto es real? —de no ser por esa última venta, se hubiera quedado por debajo de la comisión baja.
—¡Felicidades, Ev! —dijo Zac y alzó la mano para darle los cinco.
—Hiciste un buen trabajo. Todos lo hicieron muy bien —aplaudí un par de veces. No quise seguir porque nadie más lo hizo.
Al menos no hubo rojos y Donohoe dejó de reclamar. No le pedí permiso para dejar salir al equipo una hora antes como agradecimiento por el esfuerzo y tuve un poco de tiempo sola en mi escritorio para organizar el resto del mes.
Connor: Mira lo que compré. 4:32 pm.
Compartió la foto de un sombrero de langosta como el que llevaba la chica del festival de ostras. Me lo imaginé usándolo y no pude dejar de reír.
Connor: ¿Te gustaría que lo use la próxima vez que nos veamos? 4:33 pm.
Rachel: Tendré que dejar pasar esa gran oportunidad. 4:34 pm.
Connor: Bueno, tú te lo pierdes. 4:35 pm.
Connor: ¿Cuándo vas a venir a visitarme? Ya conocí tu espacio. Significaría mucho que conozcas el mío. 4:36 pm.
Había más de una razón para querer conocer su hogar.
Aunque no mencionó nada de lo que pasó el sábado y yo elegí no hacerlo de igual modo, no hacía falta. Ninguno de los dos iba a fingir que no pasó.
Llegó por mí el jueves y me llevó a cenar a su casa. Hizo bien al no complicarse la vida y compró algo para llevar. La cena no fue el principal atractivo de la reunión después de todo. La puerta estaba medio abierta cuando Connor me besó y me empujó un poco hacia atrás. Fue un método inusual para cerrar la puerta, si me lo preguntan.
Ese día usó un perfume distinto que se quedó grabado en mi cabello. Se hubiera quedado en mi ropa si la hubiera necesitado.
La comida se quedó en la mesa y se enfrió antes de vernos volver. No quedaba más que agradecerle al universo por la vida de quien creó el microondas.
—¿Qué te pareció? —preguntó mientras lavaba los platos.
—Estuvo excelente. La comida, en cambio, pudo ser mejor—le dije. Mostró los dientes y se inclinó hacia atrás al carcajearse.
—Cocinaré la próxima vez. ¿Has probado algo casero?
—Depende. ¿Cuentan las quinientas variantes de papa?
—Podría ser, sí. ¿Te gusta el cordero?
—No lo he probado —giró sobre sus pies y dejó los platos de lado.
—Te va a gustar. Tengo una receta que nunca falla.
Recogí la basura que estaba sobre la mesa y me acerqué al basurero para tirarla. Estaba al lado del refrigerador y contaba con una colección enorme de imanes. Uno de ellos era una pequeña y detallada réplica de la Torre CN. Y al lado de este estaba una pequeña foto de Connor sosteniendo a un niño entre sus brazos. El niño se parecía mucho a él y ambos se miraban muy contentos.
—¿Él es tu sobrino? —pregunté sin tocar la foto.
—¿Quién? —me vio y después a la foto —. No, de hecho es mi hijo —intentó decirlo en voz baja, pero pude escucharlo a la perfección. Puede ser que haya sido por la forma en que lo vi, pero tuvo que aclararse la garganta —. Si te lo preguntas, no, no estoy bromeando.
—¿Salió de ti? —era como si me esforzara por decir cosas sin sentido. Subí las cejas y tosí un poco —. No quise decir eso. ¿Tienes un hijo?
—Sí, su nombre es Griffin —se secó las manos y se acercó a mí. Yo seguía con las cejas arriba y no podía dejar de ver la foto —. ¿Hay algo que quieras decir? —estaba esperando el golpe. Entrecerró los ojos y sus dientes de arriba encajaron con los de arriba.
—Connor, ¿por qué no me dijiste nada? —no quería sonar tan severa, pero no pude evitarlo —. Tal vez no hubiera sido malo saberlo antes —mis hombros se empezaron a caer más y más.
—Tienes razón. Debí… —se frotó la frente con una mano y respiró muy profundo. No pensé que los pulmones pudieran retener tanto aire —, debí decirlo antes. No creas que quise ocultarlo o algo así. Él es mi vida. Yo —estaba teniendo problemas para encontrar las palabras, Movía sus manos y subía los hombros —. Yo no encontré el momento.
—Vaya —mis ojos seguían en la foto, pero mi razón estaba en otro lado. Algo así me pasó cuando intenté aprender el trinomio al cuadrado perfecto. Estaba allí, pero no entendía nada de lo que estaba pasando —. Vaya —dije otra vez. ¿Qué más se podía decir en una situación como esa?
—¿Te incomoda que tenga un hijo?
—No dije eso. Es que no es como que pueda tomar a la ligera salir con alguien y de pronto me entero que es padre.