Tictac el juego acaba de empezar

Capítulo 19 Demons

El tren de la cordura paso y yo me quede en la estación

Ahora bailo con los locos en la luna

¿Quieres bailar conmigo? ¿No? bueno.

¿Por qué tienes miedo? Yo solo te quiero lastimar

Ven, vamos a bailar, la vida es muy corta para llorar.

Personas buenas y personas malas habitan en la tierra, también está la naturaleza y las cosas, un montón de cosas. Todos nos creemos especiales y únicos, pero no somos más que materia. Todos somos materia, pero para ser considerado materia tienes que cumplir con tres características, mi favorita es: Perdura en el tiempo ¿En serio perduramos en el tiempo? Si, lo hacemos, pero no de la forma que nos gustaría. Nada sucede como nos gustaría.

Todos gritan y al mismo tiempo están en silencio ¿Cómo es eso posible? No hay vida en sus miradas, no hay emociones en su voz ¿Quiénes son? No puedo saber quiénes son, no puedo ver sus rostros deformes por el dolor.

Introduzco la llave en la habitación y abro la puerta despacio. Ella está sentada en el filo de la cama mirando la ventana. La luz que se filtra por la ventana baña su pálido rostro. Me acerco hasta ella, si ella escucha mis pisadas no lo da a notar. Esta quieta. Me paro a unos centímetros de donde esta ella y la observo, sus ojos azules están perdidos y vacíos ¿Quién es ella? Su pelo esta opaco y quebradizo. Tiene la mirada vacía y pérdida, la bata le queda grande y la hace ver aún más frágil. Tiene unas grandes y marcadas ojeras y el cabello esta algo despeinado. Camino hasta ella, pero Emma no se mueve. Me paro en la ventana y me cruzo de brazos mientras la observo.

-¿Cómo estás?-le pregunto. Ella levanta un poco la cabeza y frunce el ceño, no me mira, tampoco responde lo que le pregunte-¿Qué tal te va el encierro?

Suspira y unas cuantas lágrimas ruedan por sus mejillas.

­-Te olvidas que ya estuve encerrada antes.-murmura despacio-Me encerraron cuando tenía siete años, me encadaron a una cama y me daban electrochoques. Me mandaron al infierno.

-Entre demonios se entienden.-le digo mientras una risa sale de mis labios. Ella chasquea la lengua-No creías que podías ir por ahí matando y no pagar por eso.

Ella me mira. Mueve ligeramente las comisuras de sus labios.

-Yo nunca mate a nadie-arrastrada cada palabra. Las manos le tiemblan ligeramente.

-No, tú les haces algo peor… los trastornas. Juegas con sus mentes hasta enloquecerlos e irónicamente tú terminaste peor que ellos. Al menos ellos ya están muertos y no hay dolor en la muerte, pero tú estás viva en este infierno. Te estas quemando y no puedes hacer nada más que ver como las llamas te consumen poco a poco.

Ella cierra los ojos y aprieta la mandíbula.

-El mayor poder que hay es cuando tienes la vida de una persona en tus manos, yo tuve tu vida en mis manos, vi el miedo y la súplica en tus ojos. Eso es algo que no podrás quitarme, siempre tendré ese recuerdo y hagas lo que hagas yo, Emma Victoria Paz, tuve tu patética y miserable vida en mis manos. Fui tu dios por un momento.

Ella agacha la cabeza y cierra los ojos. Acerco mi mano a su pálido rostro y acaricio su mejilla.

-Emma-le digo, pero ella no responde. No hace nada, parece estar encerrada en su propia burbuja-Emma.

Sigue sin responder. Pero esto no es suficiente para mí, necesito saber que ella en realidad ha enloquecido, necesito comprobarlo.

-Recuerdas cuando se dañó el reloj que tanto amabas.

Ella no hace nada. Solo parpadea e inclina su cabeza un poco hacia la izquierda.

Se lo merece, ella se merece el infierno que está viviendo. Por culpa de ella empezó todo, ella y su estúpido juego desataron nuestro infierno.

Me rió de ella.

- El diablo se ríe en mi cara, se ríe de mi locura y de mi desgracia. Se ríe porque he perdido la cabeza.

Murmura ella sin alguna expresión en la voz. Cierra los ojos y algunas lágrimas ruedan por sus pálidas mejillas.

Camino hasta la puerta.

-Los monstruos tienen que estar encerrados en jaulas, no podemos dejar que bailen libres-le digo con burla mientras cierro la puerta.-Nos vemos en el infierno, hermana.

-Adiós, Elizabeth.

Siempre supo que era yo, tan loca y trastornada no tiene que estar. Me giro y salgo de su habitación.

Cierro los ojos un momento y trato de recordar lo hermosa que estaba ayer la luna, lo redonda y brillante que estaba. Hoy no está así, hoy esta pequeña y opaca. Puede que este triste o simplemente se cansó de brillar y que nadie se fije en ella. La luna puede ser un poco vanidosa. Se le permite porque es muy hermosa. Me gusta mirar la luna en silencio, me gusta mirarla por horas y horas. También me gusta mirar a las personas, las miro en silencio, sin que ellas se percaten de mi presencia. Las personas pueden ser tan interesantes y tan aburridas al mismo tiempo. La mayoría de las personas son estúpidas y no aportan en nada a la tierra. Sola la destruyen. Es interesante cómo funciona la mente de las personas, como puedes saber sus debilidades con solo decir las palabras correctas. No tienes que preguntar mucho para saber sus debilidades o gustos, solo tienes que decir las cosas correctas y ver cómo reacciona. Tienes que fijarte en sus gestos. Pero sobre todo en sus ojos. Creo que todas las personas tienen un demonio en su interior-sonrió-todos somos malos y egoístas. Para mí, es cerca de la medianoche cuando esos demonios salen a la luz. Creo que por eso asesine a mi primera víctima a la media noche.




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