Salté la pared de piedra sin pensarlo dos veces.
En cuanto mis pies tocaron el suelo al otro lado, eché a correr.
No sabía quién había lanzado aquellas estrellas ninja ni por qué me atacaban, pero tenía claro que quedarme allí era una pésima idea.
Las ramas me golpeaban la cara mientras atravesaba la selva.
Entonces escuché otro silbido.
¡Fiuuu!
Me lancé hacia un lado.
Una estrella ninja pasó girando a pocos centímetros de mi cabeza.
Otra llegó inmediatamente después.
Y otra.
Y otra.
Parecía una lluvia de acero.
Corría zigzagueando entre árboles y raíces, esquivando los proyectiles por pura suerte.
—¡¿Quién eres?! —grité sin detenerme.
Nadie respondió.
De repente, sentí un golpe seco en el hombro.
—¡Ah!
Una de las estrellas había conseguido alcanzarme.
El dolor recorrió mi brazo, pero seguí corriendo.
No pensaba detenerme.
Mientras descendía por una ladera embarrada, me atreví a mirar hacia atrás de reojo.
Entre los árboles vi una figura.
Alguien me estaba persiguiendo.
No pude distinguir su rostro.
Solo una silueta oscura moviéndose entre la vegetación, acercándose cada vez más.
El pánico me dio fuerzas para acelerar.
La pendiente se volvía más pronunciada.
Mis zapatillas resbalaban sobre el barro.
Las estrellas ninja seguían pasando junto a mí.
¡Fiuuu!
¡Clac!
Una se clavó en un tronco.
¡Fiuuu!
Otra impactó contra una roca.
Entonces, al fondo, entre la niebla y los árboles, vi algo.
Una casa.
Era una construcción de estilo japonés, con tejados curvados y paredes de madera oscura.
Parecía completamente fuera de lugar en mitad del Amazonas.
Me quedé mirándola apenas un segundo.
Quizá...
Quizá si lograba llegar hasta allí...
Quizá estaría a salvo.
Apreté los dientes y corrí más rápido que nunca mientras la misteriosa figura seguía persiguiéndome selva abajo.
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Editado: 06.06.2026