Tiempo y masa 1

Capítulo 4

Abrí los ojos lentamente.

Lo primero que noté fue un extraño aroma a hierbas.

Lo segundo fue que no podía moverme.

—¿Eh?

Miré hacia abajo.

Estaba atado a una cama hecha de madera y cubierta con hojas y plantas secas.

La habitación era sencilla, construida con vigas oscuras y paneles de papel. La luz del sol entraba por una ventana cercana.

Intenté incorporarme.

Las cuerdas me lo impidieron.

—¡Oye! ¿Hay alguien aquí?

En ese momento, la puerta se abrió.

Entró el anciano de la barba blanca.

Caminaba despacio, apoyándose en un bastón de bambú.

—Veo que ya has despertado.

Su voz era tranquila, pero tenía una presencia que imponía respeto.

—¿Quién es usted? ¿Dónde estoy?

El anciano sonrió.

—Mi nombre es Yai Rongar.

Se acercó a la cama.

—Soy maestro del Kung-Raid.

No tenía ni idea de qué era el Kung-Raid, pero el nombre sonaba importante.

Yai Rongar observó las cuerdas.

—Perdona esta medida de precaución.

Con un simple movimiento de la mano, desató los nudos.

—No sabía si despertarías alterado.

Me senté en la cama y me froté las muñecas.

—¿Precaución? ¡Me perseguían por la selva! ¡Me lanzaban estrellas ninja!

El anciano asintió lentamente.

Como si ya supiera todo aquello.

Eso me inquietó todavía más.

—Ahora dime —dijo mientras se sentaba frente a mí—, ¿cómo llegaste hasta aquí?

Me quedé callado unos segundos.

Ni siquiera sabía por dónde empezar.

—Estaba de excursión con mis padres en el Amazonas...

Yai Rongar levantó una ceja.

—Continúa.

—Me perdí. Encontré una pared extraña. Después empezaron a lanzarme estrellas ninja. Alguien me perseguía. Corrí hasta esta casa japonesa que está en mitad de la selva... y luego apareció usted.

El anciano permaneció en silencio.

Demasiado silencio.

Su expresión había cambiado.

Parecía preocupado.

Finalmente se levantó.

—Temía escuchar exactamente esa respuesta.

—¿Qué significa eso?

Yai Rongar caminó hasta una ventana.

—Significa que ellos te han encontrado antes de tiempo.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

—¿Ellos?

El anciano observó el bosque que rodeaba la casa.

—Los Cazadores de la Sombra.

Por primera vez desde que había despertado, vi preocupación en sus ojos.

—Y si han empezado a buscarte... entonces el tiempo se está acabando.



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En el texto hay: aventura epica

Editado: 06.06.2026

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