Tres días.
Tres días enteros intentando mantenerme en pie.
Tres días cayéndome.
Una y otra vez.
Y otra.
Y otra.
El patio de bambú parecía haberse convertido en mi peor enemigo.
—Ciento noventa y cinco —dijo Yai Rongar mientras bebía tranquilamente una taza de té.
Yo estaba boca abajo sobre la tierra.
—¿Las cuentas?
—Las llevo todas.
—Eso es cruel.
—El Kung-Raid no regala victorias.
Bufé.
Me incorporé lentamente.
Las piernas me temblaban.
El viento volvió a soplar.
Y, por supuesto, me desequilibré otra vez.
—¡No, no, no...!
Caí hacia atrás.
Pero algo extraño ocurrió.
De repente...
Todo se detuvo.
El viento desapareció.
Las hojas de bambú quedaron inmóviles.
Una gota de agua que caía desde un tejado permaneció suspendida en el aire.
Incluso mi propio cuerpo dejó de moverse.
Mi caída se congeló a medio camino.
Mis ojos se abrieron como platos.
—¿Qué...?
No podía mover los brazos.
No podía mover las piernas.
Nada.
Era como si el mundo entero se hubiera convertido en una fotografía.
Y entonces ocurrió algo aún más extraño.
Mi cuerpo empezó a incorporarse solo.
Lentamente.
Como si una fuerza invisible me colocara de pie.
Cuando mis pies tocaron el suelo...
El tiempo volvió a arrancar.
¡¡FWOOOSH!!
El viento regresó.
Las hojas volvieron a agitarse.
La gota terminó de caer.
Todo continuó como si nada hubiera pasado.
Me quedé inmóvil.
—¿Has visto eso?
Yai Rongar ya estaba de pie.
Por primera vez desde que lo conocía parecía sorprendido.
—Interesante...
—¿Qué acaba de pasar?
El anciano se acercó despacio.
—Dime exactamente lo que has visto.
Le conté todo.
La caída.
La inmovilidad.
La gota suspendida.
Y cómo había aparecido de pie.
Yai Rongar escuchó sin interrumpirme.
Cuando terminé, guardó silencio durante varios segundos.
—Maestro...
—Eso no ha sido Kung-Raid.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
—Entonces, ¿qué era?
Yai Rongar observó el horizonte.
—La Detención del Tiempo.
—¿La qué?
—Una magia extremadamente rara.
—¿Tu magia?
—No.
Eso me sorprendió.
—Yo puedo avanzar o retroceder pequeños fragmentos del tiempo.
Señaló una hoja que caía.
—Pero detenerlo por completo...
La hoja quedó inmóvil durante un instante.
Luego siguió cayendo.
—...es otra disciplina.
Lo miré.
—¿Y alguien puede hacer eso?
—Muy pocos.
Por primera vez vi verdadera preocupación en el rostro del anciano.
—En toda mi vida solo he oído hablar de tres personas capaces de usarla.
—¿Y ahora son cuatro?
—Tal vez.
El viento volvió a recorrer el patio.
Yai Rongar me observó fijamente.
—Si realmente has despertado esa habilidad...
Hizo una pausa.
—Entonces los Cazadores de la Sombra no te perseguían por casualidad.
Mi corazón dio un vuelco.
—¿Qué quieres decir?
El anciano apretó el bastón.
—Creo que te estaban buscando a ti.
Y justo en ese instante, un sonido metálico resonó desde la selva.
Clac.
Una estrella ninja acababa de clavarse en la puerta del dojo.
Y esta vez llevaba una nota atada.
#1603 en Otros
#74 en Aventura
#1193 en Fantasía
#672 en Personajes sobrenaturales
Editado: 06.06.2026