Tiempo y masa 1

Capítulo 7

Leí la nota varias veces.

Solo tenía una frase:

"Te encontraremos. Te mataremos."

Nada más.

Ni firma.

Ni explicación.

Apreté el papel con fuerza.

Durante unos segundos sentí miedo.

Mucho miedo.

Pero después sentí otra cosa.

Determinación.

Levanté la vista hacia Yai Rongar.

—Quiero entrenar.

El anciano sonrió.

Como si hubiera estado esperando esas palabras.

—Bien.

A la mañana siguiente me llevó a una zona de la montaña que nunca había visto.

Una enorme muralla de piedra rodeaba el lugar.

Dentro había una extraña cuesta natural.

Lo raro era que los objetos no bajaban.

Subían.

Rocas.

Troncos.

Esferas de madera.

Todo avanzaba lentamente cuesta arriba por sí solo.

—¿Qué es esto? —pregunté.

—La Cuesta Invertida.

—¿Por qué suben?

—Porque este lugar no obedece del todo a las leyes normales del mundo.

Eso no respondió nada, pero ya empezaba a acostumbrarme a las explicaciones de Yai Rongar.

El maestro señaló una esfera de madera que pasaba frente a nosotros.

—Tu entrenamiento comienza aquí.

—¿Tengo que destruirla?

—No.

—¿Golpearla?

—Sí.

—Eso parece fácil.

Yai Rongar sonrió.

—Con el tiempo detenido.

Mi sonrisa desapareció.

—Ah.

La primera hora fue un desastre.

La segunda también.

La tercera fue peor.

Intentaba detener el tiempo.

No ocurría nada.

Golpeaba las esferas.

Las fallaba.

Me tropezaba.

Me caía.

Las esferas me golpeaban las piernas.

Los troncos me empujaban cuesta abajo.

Yai Rongar seguía sentado observando.

—Tu problema es que intentas forzar la magia.

—¡Porque quiero usarla!

—Precisamente por eso no aparece.

Al caer la tarde ocurrió.

Una esfera de madera pasó junto a mí.

Di un puñetazo.

Y el mundo se congeló.

Silencio absoluto.

La esfera quedó inmóvil delante de mi puño.

Mis ojos se abrieron.

—¡Lo hice!

—No hables. Aprovecha.

La voz de Yai Rongar sonó extrañamente lejana.

Como si viniera desde otro lugar.

Me moví alrededor de la esfera inmóvil.

Le di una patada.

Luego otra.

Un codazo.

Un golpe con la rodilla.

Y un último puñetazo.

El tiempo volvió a fluir.

¡¡BOOOM!!

La esfera salió disparada varios metros por los impactos acumulados.

Yo me quedé mirando.

—¿Qué acaba de pasar?

Yai Rongar se acercó.

—Has descubierto tu primer arte.

—¿Arte?

—Sí.

Señaló la esfera destrozada.

—Mientras el tiempo está detenido, puedes preparar una cadena de golpes.

—¿Un combo?

—Exactamente.

Sonreí.

—Entonces puedo dar cien golpes antes de que el enemigo se dé cuenta.

—Algún día.

—¿Y ahora?

Yai Rongar señaló la cima de la cuesta.

Hasta ese momento no me había fijado.

Allí arriba había algo enorme.

Una puerta negra de piedra.

Gigantesca.

Cubierta de símbolos.

—¿Qué es eso?

Por primera vez, el maestro no sonrió.

—La siguiente fase de tu entrenamiento.

—¿Y qué hay detrás?

Yai Rongar guardó silencio.

—Las criaturas que intentarán matarte antes de que los Cazadores de la Sombra lo hagan.



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En el texto hay: aventura epica

Editado: 06.06.2026

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