La energía rosa se volvió cada vez más intensa.
Los dos ninjas retrocedieron un paso.
—¿Qué está haciendo?
—No lo sé...
Yo tampoco lo sabía.
Sentía que algo despertaba en mi interior.
Algo que había permanecido oculto durante todo el entrenamiento.
La energía empezó a girar a mi alrededor como un huracán.
El suelo tembló.
Las piedras flotaron.
Y de repente, la luz rosa me envolvió por completo.
Cuando el resplandor desapareció, ya no era el mismo.
Una enorme criatura de energía rosa ocupaba el centro de la montaña.
Tenía alas gigantescas.
Un cuerpo parecido al de un ave legendaria.
Y, donde normalmente estaría el pico, se movían varios tentáculos luminosos que parecían hechos de pura energía temporal.
Los dos ninjas se quedaron paralizados.
—No puede ser...
—La Forma del Ave del Tiempo...
Ni siquiera yo entendía qué estaba ocurriendo.
Pero sentía una fuerza inmensa recorriendo mi cuerpo.
Los ninjas atacaron.
Lanzaron estrellas ninja.
Saltaron entre las rocas.
Intentaron rodearme.
Pero ahora podía percibir cada movimiento.
Cada segundo parecía una eternidad.
Batí las alas.
Una ráfaga de viento los hizo perder el equilibrio.
Después utilicé los tentáculos de energía para apartar sus armas y derribarlos.
Tras un intenso combate, ambos quedaron tendidos en el suelo, incapaces de continuar luchando.
La transformación comenzó a desvanecerse.
La luz rosa desapareció poco a poco.
Y volví a mi forma normal.
Caí de rodillas, agotado.
Uno de los ninjas soltó una risa débil.
—Ahora lo entendemos...
—Por qué te buscaban...
Me acerqué.
—Hablad.
El segundo ninja bajó la cabeza.
—Nunca fuimos enviados para matarte por lo que hiciste.
—Entonces ¿por qué?
Los dos intercambiaron una mirada.
Como si dudaran.
Finalmente, uno respondió:
—Porque alguien temía lo que podrías llegar a ser.
Sentí un nudo en el estómago.
—¿Quién?
El ninja respiró hondo.
—El Dotrok.
Aquel nombre me resultaba completamente desconocido.
—¿Quién es?
Incluso Yai Rongar se quedó inmóvil.
El ninja continuó:
—El gobernante oculto de los Cazadores de la Sombra.
—Fue él quien ordenó perseguirte.
—Fue él quien quería que desaparecieras.
Tragué saliva.
—¿Por qué?
Hubo un largo silencio.
Y entonces llegó la respuesta.
—Porque...
El ninja levantó la vista.
—El Dotrok mató a tus padres.
El mundo pareció detenerse.
Otra vez.
Pero esta vez no por mi magia.
Sino por la sorpresa.
—¿Qué...?
—Se hizo pasar por el guía-dijo el otro ninja-.
Los puños me temblaban.
—Eso es imposible...
—Crees que te perdiste en la selva por accidente.
—Pero no fue un accidente.
Yai Rongar cerró los ojos lentamente.
Como si acabara de confirmarse algo que llevaba años sospechando.
—Entonces era verdad... —murmuró.
Yo miré al maestro.
—¿Lo sabías?
—No.
Su voz sonó grave.
—Pero temía que algún día escucharíamos ese nombre.
El viento recorrió la montaña.
Y muy lejos, más allá de la selva, una oscura torre se alzaba en el horizonte.
Una torre que yo nunca había visto.
Yai Rongar la observó con preocupación.
—Si el Dotrok sabe que has despertado la Forma del Ave del Tiempo...
El anciano apretó el bastón.
—Entonces la verdadera guerra acaba de comenzar.
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Editado: 06.06.2026