Todavía estaba procesando lo que había oído sobre mis padres cuando Yai Rongar apoyó una mano sobre mi hombro.
—Ahora no.
—¿Cómo que ahora no? —respondí—. ¡Han dicho que el Dotrok...!
—Lo sé.
La voz del maestro era firme.
—Pero si dejas que la rabia te controle, acabarás cometiendo errores.
Miré a los dos ninjas derrotados.
Seguían tendidos en el suelo.
Malheridos.
Entonces Yai Rongar me sorprendió.
—Ayúdalos.
—¿Qué?
—Cúralos.
—¡Intentaban matarme!
—Y ahora están indefensos.
El anciano me miró fijamente.
—La fuerza de un guerrero también se mide por cómo trata a los vencidos.
Resoplé.
Pero al final obedecí.
Con ayuda de Yai Rongar preparé vendas, hierbas medicinales y cataplasmas.
Pasamos varias horas atendiendo sus heridas.
Al día siguiente ambos estaban mucho mejor.
Los dos ninjas permanecieron sentados en silencio durante un rato.
Finalmente uno habló.
—No entendemos.
—¿El qué?
—Nos derrotaste.
—Podrías habernos abandonado.
—O peor.
El segundo ninja bajó la cabeza.
—Y aun así nos ayudaste.
Yai Rongar sonrió.
—Porque aquí hacemos las cosas de otra manera.
Aquella noche nos reunimos alrededor de una mesa de madera.
Había mapas.
Pergaminos.
Dibujos de la selva.
Y varias anotaciones antiguas.
Los dos ninjas habían tomado una decisión.
—Queremos unirnos a vosotros.
Me quedé sorprendido.
—¿En serio?
—Servimos al Dotrok durante años.
—Hemos visto lo que hace.
—Y estamos hartos.
Yai Rongar los observó durante unos segundos.
Finalmente asintió.
—Entonces bienvenidos.
Uno de los ninjas desplegó un mapa.
En el centro aparecía la torre oscura.
—La llaman la Torre del Vacío.
—El Dotrok vive en la cima.
—Pero llegar hasta él no será fácil.
Yo me incliné sobre la mesa.
—¿Qué defensas tiene?
—Guardias.
—Trampas.
—Criaturas entrenadas.
—Y usuarios de magia temporal corrupta.
Aquello no sonaba nada bien.
Durante horas discutimos un plan.
La idea era infiltrarse sin llamar la atención.
Entrar por los niveles inferiores.
Encontrar información sobre el Dotrok.
Y descubrir qué había ocurrido realmente con mis padres.
Yai Rongar señaló el mapa.
—No vamos a por una batalla.
—Vamos a por respuestas.
Los dos ninjas asintieron.
Yo también.
Aunque en el fondo sabía que probablemente acabaríamos luchando.
Antes de terminar la reunión, uno de los ninjas sacó un pequeño objeto de tela negra.
Lo dejó sobre la mesa.
—¿Qué es eso?
—Un comunicador de los Cazadores de la Sombra.
—Todavía creen que seguimos siendo leales.
Todos nos miramos.
Y lentamente empezó a aparecer una sonrisa en el rostro de Yai Rongar.
—Entonces tenemos una ventaja.
—¿Cuál? —pregunté.
El anciano señaló el comunicador.
—Que el Dotrok aún no sabe que tiene tres enemigos dentro de sus propias filas.
Y por primera vez desde que empezó toda aquella locura, sentí que nosotros éramos quienes teníamos la iniciativa.
La misión a la Torre del Vacío había comenzado.
#1603 en Otros
#74 en Aventura
#1193 en Fantasía
#672 en Personajes sobrenaturales
Editado: 06.06.2026